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La Moneda: En Chile las cosas siempre llegan supertarde, pero La Moneda se hace en 1786 más o menos, o sea en la misma época que esto estaba pasando, –pensemos que la puerta de Brandeburgo en Berlín, es de esa fecha–. Tal vez La Moneda es más chilena, más baja, pero es la misma tendencia que se está practicando en Europa”, dice Fernando.

¿Y si nos vamos de paseo arquitectónico?

A mediados del 1800 si vivías en Santiago y querías ser parte de la ‘crème de la crème’, mejor que tu casa estuviera en las 5 cuadras alrededor de la Plaza de Armas, si no, al menos en el lado norte de la Alameda e idealmente hecha por uno de los arquitectos contratados por el gobierno para los grandes edificios públicos.


Máquina del tiempo. Destino: Santiago unos 170 años atrás. Las calles polvorientas, de edificios bajos y casas coloniales con sus tejas coloradas y muros rústicos. “Era un contexto superdefinido, un Santiago chico, con una sociedad chica, muy rígida”, dice Fernando Imas Brugmann,  Licenciado en Conservación y Restauración de la Universidad Internacional SEK. En ese escenario, desde Europa, después de los excesos del barroco y pomposidades manieristas del rococó, el mundo necesita un respiro de tanto decorativismo y el péndulo de la historia se avalanza hacia el otro hemisferio, racional, y aterrizan en Chile las tendencias en boga de la época:  “Hay una vuelta al clásico, a lo romano sobre todo y, como todas las cosas el neoclasicismo, llega también a Chile, de la mano de los arquitectos que contrata el gobierno, o los que vienen a probar nuevas cosas, como Toesca por ejemplo. (La Moneda)”.

En general, uno asocia el neoclásico a la construcción más francesa, a los edificios públicos que se hacen para el centenario, al Bellas Artes, a la Biblioteca Nacional… Claro, pero es posterior, en Chile el neoclásico llega en dos etapas, el primero, con Toesca, más italiano, más puro, que sigue las ideas de Sabatini, su maestro, –Chile estaba aún con casas de adobe, acequias en las calles–. La segunda etapa tiene que ver con los arquitectos sobre todo franceses que contrata el gobierno. François Brunet de Baines impone un modelo neoclásico francés para la arquitectura chilena, que entonces resurge –cuando murió Toesca esto se había dejado–. El gobierno quiere hacer edificios modernos y lo moderno en ese momento era el neoclásico francés. Después para el centenario, ya es una tendencia más osada, más decorada, menos pura que la original.

¿Dónde se concentraban? En el centro y de la Alameda hacia el norte. Al principio todo, toda la gente y las cosas estaban alrededor de la Plaza de Armas y cinco cuadras para cada lado, (1870, 1880). Más adelante, el Palacio Errázuriz, es el primero de esa envergadura que se construye al otro lado, que era muy campestre, de chacras. A raíz de esa casa, la gente dijo: “¡Si Errázuriz vive al frente, nosotros también!”. Cuando se construyó el Palacio Pereira, la suegra de Pereira encontraba rasca que su hija se hubiese ido a vivir allá, a los arrabales, que son 2 cuadras más allá de donde vivía ella… porque tenía que tomar coche para ir a verla, no podía ir caminando… como decir,  “¡te fuiste a vivir al extramundo!”, algo así le dijo, y estaba al lado, al cruzar la calle, era una ridiculez, todos paseaban por ahí, pero… era ir al campo.

¡Qué moderno!
“Esta nueva arquitectura viene a representar una ciudad moderna, una sociedad nueva, llega a refinar un poco el ambiente y a convertir estos palacios gubernamentales también en palacios de particulares. En 1870-80, la arquitectura no es como la que uno ve hoy día, son casas mucho más grandes, la casa de la familia Concha con un pórtico de doble altura, por ejemplo, todo muy magnífico, para mostrar que uno era moderno, lo más top era lo clásico. El gobierno paga para hacer estos edificios de esas magnitudes, no habían muchos, y la gente también quiere tener la casa hecha por ese arquitecto”, cuenta Brugmann.

¿Toma alguna característica local el neoclásico en Chile? Es más bajo, más plano, más chato, por los temblores obviamente. En Buenos Aires, por ejemplo, en la misma época ya había edificios de 10 pisos, rascacielos para su momento con ascensor. Si uno ve una foto de la Alameda antigua, es muy bonita, francesa, pero muy planito, pueblerino y más fachadas que casas, mucho frontón y columna para afuera y dentro no eran tan elegantes. Es entretenido ver cómo todas estas tendencias del neoclásico llegan a Chile, hay similitudes con edificios belgas, alemanes, ingleses. Lo más francés es lo de 1900, porque está de moda, el Palacio de Bellas Artes, el Palacio Ariztía es súper afrancesado, la Biblioteca Nacional, pero es otra tendencia.

¿Dónde me apunto al tour?

Hoy, Brugmann, inicia los city tours 2019, visitando, por ejemplo, el Palacio Cousiño o el Barrio Dieciocho. Un modo de asomarse al Santiago antiguo. Recorridos recomendados:
1. Alrededor de la Plaza de Armas: el Correo Central, Museo Histórico, Palacio Arzobispal, la Municipalidad, el Portal Fernández Concha.
2. Catedral poniente/Bandera: el ex Congreso Nacional, Palacio Edwards, Casa Huneeus, Tribunales, ex El Mercurio, Museo Precolombino.
3. Calle Dieciocho/Alameda/San Ignacio: Palacio Ochagavía, Palacio Errázuriz, Íñiguez, Ariztía, Eguiguren, Astoreca. Terminar en el Palacio Cousiño que refleja muy bien la sociedad de la época.
4. Parque Forestal, neoclásico más nuevo: Museo de Bellas Artes,  Biblioteca Nacional, Palacio Bruna que es más italiano, pero el último gran palacio que se construye en el centro.
Los datos en brugmann.cl