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Volver al nido

Una casona de adobe de fines de 1800 en Pirque fue donde María Jesús Gutiérrez, socia del Restaurante Margó, creció hasta los 15 años, junto a sus siete hermanos. Hoy esos corredores y rincones acogen a una nueva generación, con el mismo sentido. “Como me crié es como quiero criar a mis niños”.


Comenzando el día encontramos a María Jesús Gutiérrez. Justo en esos 20 minutos diarios que se da con toda calma para tomar desayuno, antes de partir a Santiago para definir los últimos detalles de la nueva carta del Restaurante Margó. Mientras nos cuenta cómo es la vida en Pirque, hojea un libro de recetas para sacar ideas de lo que preparará cuando esté de vuelta, para recibir a un grupo de amigas y celebrar el cumpleaños de una de ellas.
“En el restaurante tengo que probar de todo, para que las recetas no se desvirtúen, por eso almuerzo muy mal. Un pedazo de pan con mantequilla, una cucharada de tártaro de atún, risotto, un mordisco de macarrón, un poco de crème brûlée, en fin… un revoltijo. Después de eso no me dan ganas de sentarme a comer un plato. Por eso el desayuno sentada en mi cocina es un momento sagrado”, cuenta esta cocinera, que divide su tiempo en supervisar los tres Margó y el servicio de banquetería que ofrece con su hermana Tere hace 10 años a eventos de la galería de arte Patricia Ready y otros en forma independiente.
María Jesús vivió en Pirque hasta los 15 años en una construcción colonial de fines de 1800, que hoy habita con su marido, sus tres niños, de 5 y 3 años y una guagua de siete meses, además de 7 perros. “Es una gran fortuna vivir en esta casa donde nací y crecí con mis siete hermanos. El sentido de pertenencia es absolutamente emocional… lleno de lindos recuerdos”, confiesa.
Recién casada vivió en la casa de su abuela, una casa contigua a la de sus padres, y hace tres años tomó posesión de esta última. “La casa estuvo detenida en el tiempo durante años, desde que nos fuimos a vivir a Santiago. Estaban los cajones de los escritorios con cuadernos de nosotros y, por supuesto, la ambientación de hace más de 20 años, con todas las paredes empapeladas, cenefas, cortinas con flores… lo que hice fue despejar y retirar toda esa moda recargada y adaptarla un poco a mi estilo de vida más actual e informal”, describe María Jesús.
La cocina fue el único lugar de la casa que se remodeló por completo, volviéndola mucho más luminosa, incorporando materiales y muebles más funcionales, diseñada con un gran mesón al centro, proyectada como el comedor de la casa. “Mi comedor es mi cocina. Este es lugar de encuentro por excelencia, donde parte y termina el día, sobre todo en invierno”.
“Como yo me crié es como quiero criar a mis niñitas”, dice María Jesús, confiada en que Pirque es el lugar por lo menos para esta etapa de su vida. La casa de muñecas, los clubes, horas inventando con qué jugar entre medio de perros, caballos y sus primos, eran parte de la dinámica que vivía ella y que hoy con alegría ve replicada en sus hijas. “Mis papás se vienen nuevamente a vivir a Pirque y además de la Tere, que se construyó hace poco, la Elisa y otro de mis hermanos también se están construyendo. La historia se repite y eso es muy bueno”, asegura.
Además del cuento familiar, María Jesús cuenta que el estilo de vida aquí es muy de comunidad. “Hay una red de apoyo muy buena entre los que vivimos acá. Y la vida social se da los fines de semana siempre en casas. Hay una cultura más hogareña y familiar”, dice.