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Vino y gastronomía al estilo Zuccardi

Latinoamérica cocina en Mendoza. La reconocida bodega celebra lo que genera el vino en torno a la mesa invitando a amigos, cocineros y restauranteros a un evento anual en Piedra Infinita, una de sus fincas. Un almuerzo a cargo de Diez Manos, el grupo de cinco destacados cocineros argentinos que hacen honor a la tierra, los productos, las botellas y la amistad. Una visión familiar que aporta a este polo vitivinícola comprobando que los mendocinos saben pasarlo bien junto al vino. Razón de sobra para el paseo al otro lado de los Andes.


Dos mesas largas regadas de copas miran viñedos rojos y verdes en pleno jardín. Detrás, la coherente bodega Zuccardi de hormigón que inauguraron en el 2016 honrando la piedra que caracteriza ese lugar en el valle de Uco y con la que la bautizaron: Piedra Infinita. Es mediodía y empieza la segunda versión de Latinoamérica Cocina, una celebración orquestada por la familia Zuccardi que mezcla cocineros de distintas generaciones, estilos y trayectorias, periodistas de países vecinos y amigos con el fin de fortalecer lazos y de recibir, mostrando orgullosos y enamorados las bondades de este importante valle.

El goce es todavía mayor cuando entre los que harán la comida se ve a Narda Lepes, Germán Martitegui (del premiado Tegui), Guido Tassi (astro charcutero), Fernando Trocca (emblema hace años) y la sensación del momento Mauro Colagreco (el primer argentino en lograr tres estrellas Michelin con su impecable restaurante Mirazur en Mentón, Francia). Son los Diez Manos, un grupo gestado por el mismo Colagreco y la periodista gastronómica Raquel Rosemberg, con la idea de acercar y difundir los productos y sabores argentinos en el mundo.  Un periplo de hace años que tuvo a la talentosa pandilla haciendo cenas (Mirazur, Uruguay, París, Buenos Aires) con Tato Giovanonni, gran bartender y destilador a cargo de los cócteles y un sommelier potenciando los vinos. En el 2018 fallece Rosemberg y se toman un tiempo. Hasta ahora, que se vuelven a reunir por primera vez en Mendoza, con el placer de hacerlo en Zuccardi, “que siempre nos apoyaron de la mejor manera, sin preguntar nada, creyendo y queriendo en esto, que es un grupo de amigos que cocinan juntos a su manera, bien humano y siempre con vino. Es rico estar aquí, nos caen bien los Zuccardi”, comenta Narda Lepes.

La expectación y emoción son grandes. Hay un despliegue cálido de todo lo que implica tener a 120 invitados y hacer un menú entre cinco cocineros que llevan 24 horas juntos en Mendoza. Y les sale fantástico, suelto, fraternal.

Recibe el paisaje, y Tato con dos mezclas de vino, tinto y blanco; uvas/naranjas y membrillo. Una estructura parrilla redonda de Tegui asa un trompo de carne tipo kebab con aliños locales sobre lechugas y yogur; Trocca –que también es asesor del restaurante de Piedra Infinita– sirve un platito con berenjena asada, granadas, aceite picante y comino, y Narda pone pintas de alioli a láminas de calabaza tempura que recién salieron del aceite.

Harta risa, mucho cocinero argentino de la vieja y nueva guardia, hiperameno con Alma 4, el espumante de pinot noir y chardonnay de la casa.

En la mesa bien mezclada una sopa hecha por todos en honor a Raquel; luego el fresquísimo chardonnay (sin madera para sorpresa de cualquier chileno) Fósil San Pablo 2018 para el tamal relleno de perdiz hecho por Tegui; una morcilla grillada con porotos frescos, caldo, manzana, nabo (de Tassi) y un cordero braseado con puré de membrillo, dátiles y otros asados con dos malbec: Concreto y Piedra Infinita, respectivamente. Postres muy al estilo mendocino, caqui con crema de cognac (por Colagreco) y ricotta de cabra con dulce de leche de cabra y castañas.

Puros aplausos y hartos brindis. “El sentido es festejar y poner en evidencia lo que nos une, la gastronomía, el vino, los afectos. Todos los que estamos acá somos gente que nos queremos, que tenemos los mismos valores y que disfrutamos de lo que hemos hecho hoy. Juntarnos una vez al año con amigos y festejar bajo este cielo y a los pies de esta maravillosa montaña. Conversábamos con Sebastián (Zuccardi, el hijo mayor y enólogo de la viña) que hay un clima de emoción, por compartir con y en Latinoamérica estos sabores que nos unen, las costumbres y el vino como integrantes de todo”, cuenta Ana Amaritano, la madre y gerenta comercial.

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En 1963 el ingeniero y visionario Alberto Zuccardi plantó las primeras parras en Maipú. Siguieron agrandando las plantaciones e hicieron sus primeros vinos en Santa Julia a manos de José Alberto, la segunda generación. Con Ana tienen tres hijos: Sebastián, el enólogo de toda la línea Zuccardi; Julia, a cargo del turismo de las viñas, y Miguel, el hijo que desarrolló el aceite de oliva de la familia.
El arquitecto Fernando Raganato lideró el proyecto de Piedra Infinita en plena sincronía con el entorno, haciendo un homenaje a la cordillera que define los suelos y el clima, por lo tanto las uvas. Así se integra el hormigón armado a la vista, con áridos y piedra nativa, dando volumen robusto con las montañas. Se usaron materiales (piedras, arena y agua del río Tunuyán) y recursos humanos locales. Entre los macizos de la obra, una cúpula metálica que refleja el sol, cielo, la luz, el paisaje. Al interior espacios de degustación, guarda, elaboración. Una cava subterránea, siempre piedras, mucho paisaje. Todo acorde celebrando el vino, haciendo que el visitante aprenda, se emocione y disfrute. Un paso obligado en la atractiva Mendoza. Visitas turísticas de miércoles a domingo. Restaurante solo con reserva previa. reservas@piedrainfinita.com