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Villa Tugendhat

Casa lujosa, propiedad del Reich, dependencias del ejercito ruso o escuela de danza, la Villa Tugendhat tuvo diversos usos, hasta volver a la vida en 2012 como casa museo restaurada y abierta al público tras dos años de trabajos de restauración.


Por Macarena Sánchez Fotos David Židlický; Planos Brno City Museum, Study and Documentation Centre-Villa Tugendhat

Hay pocos ejemplos en el mundo que permitan al visitante sumergirse por completo en el modo de vida de una época. La atmósfera, las materialidades originales, los muebles, los ambientes cuidadosamente restaurados y conservados de Villa Tugendhat transportan a la Europa de entre guerras en Brno, República Checa, donde en 1929 Greta y Fritz Tugendhat reciben como regalo de bodas del padre de la novia un terreno en parte del sitio de su propia villa, donde los Tugendhat encargan a uno de los grandes maestros de la arquitectura su futura casa.
“Villa Tugendhat es definitivamente un caso aislado de arquitectura modernista/Bauhaus en Brno. La ciudad en el momento de su construcción era un lugar muy rico y también culturalmente hablando, principalmente gracias a la industria textil y mecánica que producía muchos ingresos. Este hecho, combinado con la creación de Checoslovaquia en 1918 significó que la ciudad vivió su época dorada en los años 20 y 30, y muchos proyectos de arquitectura modernista se diseñaron y construyeron en este período, no solo Villa Tugendhat”, explica Petr Dvořák, relacionador público de la Villa.

Menos es más

La organización del espacio, la planta libre, amplia, funcional, sin divisiones; las columnas, el famoso ‘courtain wall’, donde el gran ventanal hace las veces de muro; muchos de los elementos que Mies presenta en el pabellón de Barcelona, la obra en la que muestra al mundo algunos de sus novedosos principios, aquí encuentran cabida en un espacio netamente residencial que subraya a la vez la tecnología de la nueva casa moderna.

El famoso ‘less is more’ de Mies, con sus formas limpias, desprovistas de decorativismos, el acero, cristal y concreto como vocabulario base del modernismo, forman parte del corazón de la Villa. Ventanales con cristales de 15 m² de suelo a cielo sin divisiones en su altura; 29 pilares de acero que permiten sostener un pesado techo, un gran ventanal retráctil en la sala que desciende hundiéndose en el suelo y permite abrir la casa al exterior, o un sistema de ventilación que incorpora trocitos de cedro para mejorar la calidad del aire, son los detalles que hicieron de Villa Tugendhat un ejemplo único del funcionalismo y el modo de vida de la alta burguesía de la época en Europa del Este.

Gestionada por el museo de la ciudad de Brno, la casa inició sus trabajo de renovación y conservación en 2010, tanto en sus detalles estructurales y sistemas de funcionamiento como en su aspecto general.  A cargo de tres oficinas de arquitectura, Raw, Omnia Projekt y Archteam, se trató de una “completa rehabilitación del edificio y la más sensitiva y precisa renovación de todas las superficies auténticas y los elementos individuales, con el método de suplementar los componentes perdidos”, señala el museo. Fue un trabajo profundo, tomó dos años volverla a su primer uso, como fue construida y amoblada originalmente, dejarla lo más parecido a como lucía entre 1930 y el 38, cuando los Tugendhat la habitaban.

En ese sentido, la casa volvió a la vida tanto en lo referente al equipamiento técnico (el sistema de calefacción, de ventilación, el sistema eléctrico del ventanal retráctil, el cuarto de máquinas de la casa), como en cuanto a la riqueza de sus materiales y mobiliario original.
Ónix de Marruecos, travertino italiano, maderas tropicales de Malasia e Indonesia, linóleos alemanes, la copia exacta de 7 paneles de vidrio de 1930, más los muebles y tapices diseñados por Lily Reich y Sergius Ruegenberg, colaboradores de Mies, crean la atmósfera lujosa de los Tugendhat inspirada por las ideas de Mies van der Rohe.

Las sillas Tugendhat, la Brno, por ejemplo, fueron justamente diseñadas para estas estancias. Las cortinas de seda de la sala o el muro curvo de ébano Maccasar hablan de la atención del arquitecto por las materialidades. Pocos elementos, una casa más bien desnuda de decoraciones, pero con el mobiliario preciso y de una factura de gran calidad, es decir, menos es más. Como indica Greta en sus cartas: “Decía, por ejemplo, que los espacios ideales no se pueden proyectar, sino solo sentirlos cuando nos movemos por ellos. O sus ideas sobre los materiales. Ya que en la arquitectura moderna no hay adornos, decía que había que emplear materiales nobles”.

 

Recorre virtualmente la Villa Tugendhat aquí

 

Ideas que inspiran. La planta libre, la funcionalidad, las formas simples y sin adornos innecesarios y mucho de ‘less is more’ son parte del ADN de esta casa.