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Mucho se ha hablado en el último tiempo sobre el aumento de la población migrante en nuestro país y de cómo esta está influyendo en nuestra cultura. La semana pasada caminaba por el sector de Plaza de Armas, en el centro de Santiago, y escuché animados vítores desde un local de comida colombiana. Con asombro me asomé a ver qué ocurría, cuando veo a la hinchada de ese país apoyando a su selección que participaba en el Mundial de Fútbol Rusia 2018. Recordé que mi hermana y yo celebramos de igual manera en un aeropuerto de Nueva York cuando Chile pasó a una próxima etapa en la copa de 2014, junto a otros pocos chilenos reunidos en un pequeño bar con una copa de vino nacional. En ese momento también éramos extranjeros y pasajeros en tránsito en ese país.
Pienso que más allá de las cifras –que según datos del Ejecutivo corresponde a un millón de migrantes en Chile, cerca del 5,5 por ciento de la población que habita en territorio nacional–, de la actual discusión sobre el otorgamiento de visas y de otros temas que se relacionan con este proceso, existe, sin duda, un gran enriquecimiento para nuestra cultura y patrimonio.
Esto, visto desde diversos ángulos. Uno, desde cómo adoptamos como chilenos las costumbres y tradiciones de otros pueblos que llegan y se establecen en el país. Y otro, desde cómo los propios migrantes de diferentes naciones de Latinoamérica, principalmente, se enriquecen con aspectos de nuestra cultura.
En el primer caso cabe destacar que la comida es una de las principales maneras de acercamiento entre los pueblos. Es así como la gastronomía peruana comenzó ya en los años noventa a permear en nuestras mesas para ser, quizás, una de las comidas migrantes más conocidas en nuestro país. Hoy, las arepas venezolanas son un hit dentro de los nuevos platos que llegan a Chile. Lo interesante es el ‘sincretismo culinario’ que resulta de la fusión de las culturas. Por ejemplo, arepas con pebre en vez de las clásicas sopaipillas o papas chilotas a la huancaína. Pero antes de estas comidas ya tuvimos en Chile influencias de culturas migrantes como la alemana y la italiana, por ejemplo. La adopción de parte nuestra del repollo morado con puré de manzanas y lomo de cerdo y de la pasta y las pizzas no son más que un simple botón de muestra de que nuestra comida es una mezcla constante de influencias de pueblos que llegan a este territorio enriqueciendo nuestra cultura.

Patrimonio, cocina, libro, migrantes
En la imagen se ve la portada del libro “Tu receta, tu historia migrante”. Se trata de una iniciativa del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio que surgió como un concurso a fines de 2017 y que fue publicado en marzo de este año. Este se inspiró en el certamen “Tu receta, tu historia sobre comida chilena”. La idea detrás de esta nueva versión es generar una instancia que revele y comparta recetas que surjan a partir de los movimientos migratorios históricos y recientes en nuestro país.

Se puede revisar el libro en este link: cultura.gob.cl/publicaciones/turecetatuhistoriamigrante/