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En plena Araucanía existe una iniciativa que pone en valor no solo el trabajo de una agrupación de hábiles artesanas en ñocha, sino también el cultivo de esta fibra. Todas mujeres mapuches de origen lafquenche –referente a la zona costera de esa región–, han podido recuperar y dar un nuevo impulso a su arte gracias a la creación de este grupo.
El nombre proviene de ñocha –o Eryngium paniculatum, su nombre científico en latín–, una planta bromeliácea con hojas largas y dentadas que sirve para hacer objetos como sogas, canastos, sombreros, entre otros. Por su parte, ‘malen’ significa mujer en mapudungún. Con todo esto, el nombre alude a “mujer de ñocha”, denominación que fue idea de la artesana Mercedes Astorga, quien falleció hace unos años en un accidente.
Todas ellas viven en o cerca de Huentelolén, una localidad ubicada entre Cañete y Tirúa, y muy cercana a la costa y al lago Lanalhue. Si bien hace algunos años la escasez de la ñocha, una planta que suele crecer de manera natural en el sotobosque nativo, hizo que la artesanía en esta fibra se realizara cada vez menos, gracias a una iniciativa impulsada en 2012 por la gestora cultural e historiadora Claudia Hurtado junto a Forestal Mininco permitió que esta agrupación se formara y pudiera cultivar la ñocha en sus propios terrenos, huertos o “sombreaderos”, como llaman las mujeres a sus invernaderos. Antes la recolección de la materia prima hacía que esta actividad fuera arriesgada para ellas por lo abrupto de los terrenos donde esta crece naturalmente. Es por eso que hoy pasó de ser una actividad masculina a una más bien femenina, aunque aún existen artesanos que realizan objetos en ñocha.
El proceso funciona de la siguiente manera. Una vez que se cosecha la planta sus hojas se hierven en lejía, una mezcla de agua y ceniza. Después se secan al sol y antes de tejer estas se deben “serenear”, vale decir dejar a la intemperie para que se humedezcan con el rocío. Luego se secan con un trapo y se cortan para poder comenzar el trabajo. La técnica que se usa es la ‘aduja’, que es una base espiral con la que se pueden realizar todo tipo de objetos: desde llepus (o balai, cesto de origen mapuche que se ocupa principalmente para aventar y limpiar los cereales), canastas y lámparas, entre otros.
El diseñador madrileño Álvaro Catalán de Ocón, fundador del proyecto internacional PET Lamp, conoció a este colectivo y trabajó con él creando luminarias en ñocha. Así como lo había hecho anteriormente con artesanos de Colombia, Etiopía, Japón y Chimbarongo, en Chile, a inicios de 2017 se puso en contacto con las artesanas de Huentelolén, con quienes creó modelos exclusivos que fueron lanzados en la Galería Rossana Orlandi y en el Salone Sattelite de Milán el año pasado. Por otro lado, la cultora Juanita Maribur viajó en 2017 a la Bienal Révélations de París, Francia, donde Chile fue país de honor, para dar a conocer esta fina y tradicional artesanía propia del pueblo mapuche.

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El libro “Ñocha Malen, cestería lafquenche”, dirigido por Claudia Hurtado y editado por Ximena Torres Cautivo, recoge los testimonios de vida de las artesanas de esta agrupación. Se trata de Estela Astorga, María Cecilia Millanao, María Inés Aniñir, Juanita Maribur, Gloria Maribur, María Cristina Cotre, María Millanao, Ana María Aniñir, Mariela Maribur y Rosa Huaquiñir.
Para más información, visitar nochamalen.cl@nochamalen