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El Monasterio Benedictino, una de las construcciones más icónicas de la arquitectura del siglo XX en Chile, se trata de un complejo que contempla una iglesia y un monasterio y que fue declarado Monumento Histórico el 9 de abril de 1981. El edificio fue construido entre 1962 y 1964 y está ubicado en la calle Montecassino en una colina del sector de Los Dominicos en Las Condes.

Uno de los arquitectos que ejecutó el proyecto es el Hermano Martín Correa, quien junto al también monje Gabriel Guarda, llevaron a cabo la obra en esos años. Tuve la suerte de conocerlos en el contexto del seminario “Alberto Cruz. Proyecto, Obra, Ronda” organizado por la Fundación Alberto Cruz Covarrubias, quien fuera profesor de los entonces jóvenes profesionales en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso.

De líneas modernas, tanto la iglesia como el monasterio obedecen a una configuración simple con volúmenes cúbicos, prismas y paralelepípedos como figuras principales. El interior del templo resulta especialmente conmovedor, tanto por la luz que entra al edificio de manera indirecta como por los espacios pintados enteramente de blanco con cal y desprovistos de cualquier adorno, salvo la cruz, el altar, algunas velas, lámparas y las bancas. Es un espacio especialmente pensado para la reflexión. Por otro lado, pude escuchar los cánticos y rezos de los monjes lo que me conectó aún más con el espacio arquitectónico.

La iglesia está conformada por dos cubos de luz que están unidos por sus vértices. Uno contiene el altar y el otro el espacio donde se ubican los fieles. Un cubo remata la obra a modo de campanario el cual proyecta la sombra de este en relación al transcurso del día.
Una de sus características es la existencia de una pequeña capilla para el Santísimo Sacramento, a la cual se accede tanto por el área de los fieles como por la de los monjes. A mano derecha hay otro pequeño espacio que posee una urna que contiene un conjunto escultórico de la Sagrada Familia. La imagen de la Virgen con el Niño Jesús se sostiene en un voladizo y fue realizada por la gran artista Marta Colvin y su entonces alumno Francisco Gazitúa, ambos importantes exponentes de la escultura chilena del siglo XX y XXI.

Sin lugar a dudas, visitar este complejo resulta un imperdible para quienes deseen conocer una de las grandes obras de arquitectura del siglo XX en Chile y parte importante de nuestro patrimonio material.

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La historia se remonta a 1916, cuando el padre Juan Subercaseaux, conoció a los Benedictinos de la Abadía de Solesmes en Francia, lugar donde surgió la idea de fundar un monasterio en Chile. La construcción se comenzó a concretar en 1938 en la chacra de Lo Fontecilla. Pero la Segunda Guerra Mundial retrasó el proyecto. Recién en 1948 llegaron los primeros monjes a Santiago y con ello la idea de seguir con la obra. En 1953, se adquirieron terrenos en el cerro Los Piques para llevar a cabo el proyecto del arquitecto Jaime Bellalta. Sin embargo, en 1960, el equipo del Instituto de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso se hizo cargo de este con un nuevo diseño.
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