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Sin lugar a dudas que los tejidos son un importante registro. Así como la literatura, las artes visuales y la música, este ancestral oficio es parte de la memoria colectiva de un pueblo.
La historiadora Carla Loayza Charad realizó una acuciosa investigación sobre las maestras tejedoras de una zona de la Región de Los Lagos. “Memorias textiles de la provincia de Palena: Un patrimonio vivo de costa y de cordillera” es el resultado de un Proyecto Fondart financiado por el Consejo Regional de la Cultura y las Artes, convocatoria 2016. Según la autora, en esta zona se logran establecer dos tradiciones textiles que se constituyen producto del tipo de poblamiento y de las relaciones culturales que los territorios proyectan tanto en el pasado como en la actualidad. Por un lado existe una tradición textil ligada al mar –con una marcada influencia cultural del archipiélago de Chiloé–, focalizada en las localidades de Chumeldén, Loyola y Casa de Pesca (costa de la comuna de Chaitén) y, por el otro, hay una tradición textil precordillerana, localizada en las comunas de Alto Palena y Futaleufú, donde prima una marcada influencia de la cultura mapuche. Mientras que en la precordillera se visualiza el uso del telar parado, en la costa el legado histórico proviene de la cultura chilota-williche que teje con su telar quelgwo.
Acerca de su interés en trabajar en torno a esta temática, la magíster en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos cuenta que “la principal motivación de conocer y entender la tradición textil de la provincia de Palena parte de una experiencia de vida que se ha vinculado por más de 15 años al área textil. A partir de esta experiencia, volver al sur de Chile, específicamente a Puerto Montt, después de más de 15 años, significó retomar antiguas memorias textiles que, si bien habitaron mi infancia, nunca había profundizado en ellas. Distintas instancias laborales me llevaron al territorio, donde desde el compartir y el observar se fue gestando esta investigación”.
Al preguntarle si hubo algún descubrimiento sobre técnicas textiles que no conocía de antes, Carla comentó que “en general todo fue un hallazgo, ya que aparecieron nuevas estructuras y técnicas textiles, así como iconografías y prendas, asociadas a una cadena tanto productiva como simbólica. Pude descubrir que detrás de una pieza en específico existe una verdadera cadena que le va dando a la prenda un sentido, una funcionalidad y una presencia en el territorio. También descubrí una sabiduría en cada maestra tejedora. Las mujeres ya desde la esquila saben el destino de su materia prima, el vellón. Saben cuándo, dónde y cómo hilar y qué tipos de hilados deben confeccionar para construir el repertorio textil que atesoran. Este descubrimiento me hizo reforzar la idea de que detrás de cada acto tecnológico existe un acto cultural, ya que la práctica textil es en sí una memoria cultural que se expresa en un hacer. Esto mismo permitió distinguir las particularidades y elementos culturales compartidos del territorio en estudio. Otra riqueza fue conocer la denominación local, las palabras propias, aquellas que si bien, en algunos casos, se desconocen sus orígenes, portan en sí las ideas y actos que se manejan en la actividad de tejer”.
La investigadora enfatiza la gran riqueza de esta zona. “Yo creo que en la provincia de Palena hay
un tremendo potencial patrimonial en esta área y en muchas otras. El mismo hecho de estar en un territorio más aislado, por condiciones de conectividad, principalmente, le ha permito resguardar su historia y por tanto sus costumbres y tradiciones. La sabiduría está en la memoria, solo hay que motivar que se retorne al telar para volver a abrigar con las prendas, la historia y proyección del territorio”, concluye.

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El libro de 120 páginas recorre, a través de sus capítulos, aspectos históricos del oficio patrimonial como una detallada caracterización tecnológica de la cadena operativa que compone la actividad, desde el hilado al tejido de las prendas tradicionales. Se construyen relatos de procesos tecnológicos y de las piezas que abrigan a la familia, al hogar y al tradicional medio de transporte en ambos territorios: textiles que abrigan el caballo, los llamados aperos. En Santiago, el libro se puede encontrar en la tienda de la Fundación Artesanías de Chile ubicada en el Centro Cultural La Moneda y en la Librería Nacional, en el barrio Lastarria.