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Existe un proyecto que busca poner en valor el rol de las portadoras de tradiciones de una zona de la Región de Antofagasta, específicamente aquellas que viven entre las localidades de Chiu Chiu y Ollagüe. El proyecto “Mujeres del Desierto” es liderado por el sacerdote Carlos González, quien lleva más de once años investigando el patrimonio cultural del lugar, concretamente el de las comunidades. Este trabajo surgió en octubre del año pasado, con el objetivo de hacer un reconocimiento a la mujer andina que ha vivido en el desierto y quien ha sido transmisora de la cultura y el patrimonio del Alto Loa. Dar a conocer la historia de aquellas mujeres desde el rol que han cumplido en su vida y al interior de sus comunidades, una visión que él ha logrado ver desde que llegó a vivir a Calama hace más de una década, luego de haber vivido en África. Su idea era poder estar en un lugar remoto y seguir con su aporte evangelizador en la provincia: “Tiempo atrás tu decías ‘voy a Calama’, y prácticamente era tu destierro; entonces uno aprende que eso no es tan así y que acá no es tan desierto. Y que el desierto en sí es una maravilla única en el mundo”, comenta.
El proyecto, por un lado, se concretará mediante un libro que es financiado por Mainstream Renewable Power y minera El Abra. En una segunda etapa la idea es realizar una muestra itinerante por la región, principalmente en colegios, con el fin de dar a conocer la vida de estas mujeres del desierto.
La investigación contempla catorce comunidades, entre ellas la de Chiu Chiu, Likantatay y la comunidad Indios Atacameños. El sacerdote comenta que “estos últimos pertenecían al Alto Loa pero por distintas razones emigraron y se constituyeron en el lado poniente de Calama. Parte de las mujeres que participarán en el proyecto serán propuestas por las mismas comunidades”.
La difusión de la vida de ellas es de especial interés para las nuevas generaciones, ya que, según lo explica el padre Carlos, los jóvenes de las localidades de Alto Loa suelen dejar sus comunidades a muy temprana edad (alrededor de los trece años) con el fin de continuar sus estudios en las ciudades más cercanas. “De esta manera se van perdiendo las tradiciones, las que solo son continuadas por las mujeres que se quedan en los poblados y son portadoras de tradiciones”.
El trabajo es un relato intimista de vida, casi en su totalidad adultos mayores, y que provienen de comunidades de la zona. El gestor del proyecto destaca la relación de ellas con la Pachamama y cómo estas han dedicado su vida a domesticar el desierto y acomodarse a este escenario inhóspito. Un verdadero registro de una vida en peligro de extinción.

Esta investigación será publicada próximamente en el libro “Mujeres del Desierto”, un texto intimista donde se contará parte de la historia de las mujeres del Alto Loa y será acompañado con fotografías de ellas en su entorno geográfico para mostrar en qué lugar del desierto viven y a qué se dedican. Suelen ser alfareras, tejedoras, yerbateras, sanadoras, agricultoras, pastoras y fabriqueras o cuidadoras de las iglesias.