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Cuando uno pasa por la ruta F-30 que recorre el borde costero de la V Región a la altura de las dunas de Ritoque, se divisan construcciones que llaman bastante la atención. Las “casas locas” –como decía uno de mis hijos cuando visitamos el lugar, la primera vez fuimos hace ya más de una década, visiblemente maravillado con las edificaciones- fueron emplazadas en la llamada Ciudad Abierta, la que se fundó en 1970 con la apertura de aquellos terrenos que son atravesados por la carretera en una parte alta (hacia las colinas) y otra baja (muy cercana al mar). Volví a ese lugar en enero de este año en contexto de un seminario sobre la obra de Alberto Cruz Covarrubias, uno de sus fundadores.
El proyecto Ciudad Abierta tiene su origen en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), en la cual convergieron, en aquella época, no solo arquitectos y diseñadores, sino que también filósofos, poetas, artistas y escultores provenientes de América Latina y Europa. Nombres tales como Godofredo Iommi, Alberto Cruz, Claudio Girola, José Vial, José Balcells, entre otros, fueron quienes dieron forma a este proyecto que surge del poema “Amereida” (que mezcla la palabra América con la epopeya Eneida, del poeta romano Virgilio). Originalmente, se trató de una travesía con ese nombre, que se realizó en 1965 desde Tierra del Fuego hasta Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Estos viajes se hacen hasta el día de hoy con estudiantes y profesores de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV con el fin de aprender sobre el modo en que habitamos los americanos.
La experimentación en cuanto a las formas y los materiales de construcción (ladrillos, cemento y madera) constituye uno de los sellos de la Ciudad Abierta. Al recorrer la Sala de Música y el Patio de Agua, en el sector bajo de ese conjunto, así como el Cementerio y el Palacio del Alba y el Ocaso, ubicados en la parte alta del terreno, uno queda asombrado con la manera de construir de esa época, por un lado, tan simple y por el otro tan moderna y vanguardista.
Además, la topografía es parte importante de los resultados ya que, con el objetivo de minimizar la intervención sobre el territorio, los arquitectos aprovecharon todas las condiciones geográficas del terreno, tales como las quebradas, las diferencias de niveles en las dunas y en los cerros y los cursos de agua, entre otros elementos. El territorio, finalmente, es el sello de este lugar que, a casi 50 años de ser ideado, sigue vigente y ha sentado las bases para una arquitectura sustentable acorde con nuestros paisajes culturales y parte importante de nuestro patrimonio arquitectónico.

El poema Amereida es una edición que recopila textos, anotaciones y poemas realizados por los participantes de la primera travesía (1965) y cartas de los primeros cronistas americanos. El objetivo era indagar en el ser americano, pensamiento que sentó las bases para la construcción de estos edificios. La ubicación de estos al interior de la ciudad remite a la vigilia constante del terreno en el que se encuentran emplazados. Para visitar Ciudad Abierta escribir al mail secretaria@amereida.cl