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Via Hajech

Muy cerca de la famosa Porta Venezia, en el último piso de un palazzo de 1920, se encuentra este departamento dominado por un color híbrido que cambia con la luz del día.


Cinque Giornate es el nombre de una plaza y también del monumento que la habita, en honor a aquellos días del mes de marzo de 1848 en que la ciudad de Milán logró independizarse del dominio austriaco. Muy cerca de esta plaza, sobre la Via Hajech, se encuentra la casa que Paola y Pere reciclaron hace dos años.
Como para muchos milaneses, el sueño de Paola era vivir en una casa con terraza desde donde poder admirar la ciudad desde lo alto. “Particularmente me gustaba este edificio porque lo conocí hace mucho tiempo, cuando el novio de mi hermana vivía aquí. Entonces yo pensaba que esa era la casa más perfecta del mundo”. Veinte años mas tarde, y ya en pareja con Pere, encontró un aviso que anunciaba el alquiler del departamento vecino al de su excuñado y no dudó un instante. “Fue una gran coincidencia, y aunque había que hacer varios arreglos supe enseguida que era esa la casa donde íbamos a vivir con Pere mientras estuviéramos en Milán”, cuenta, y agrega que “Pere es catalán y mantiene su trabajo en Barcelona, por lo que estamos un poco en cada ciudad”.
Fue Pere, con su gusto refinado y su sentido de lo bello y la armonía (es cirujano estético), quien se ocupó de la decoración. “Yo participé en la elección de los muebles y de los colores, pero fue él quien dirigió todo el asunto”. Con respecto al color de las paredes, Paola dice que fue una decisión enormemente difícil para ambos: “Probamos varios colores antes de llegar a este, fuimos desde el crema hasta el verde y el azul intenso, y al final elegimos este color híbrido que no es ni azul ni gris y que varía según la luz y la hora del día; nos gusto esa adaptabilidad del color”.
Para el piso, las aberturas y las puertas decidieron mantener los materiales originales. Usaron alfombras de coco en corredores y baños y una con guardas geométricas para el dormitorio principal. Los muebles fueron elegidos de a poco, en sendos recorridos por mercadillos de las campiñas italiana y española. “También mandamos a hacer algunas cosas como los bancos de madera, que fueron hechos por un artesano, aunque algunas otras, como la cocina, las compramos en el clásico Ikea”, ríe Paola, y agrega que “Pere es un gran amante del arte ” y se encargó de elegir las obras que completan los detalles y se distribuyen en los distintos ambientes. Entre ellas destacan una obra de Ortuondo, en el corredor, y una obra de Gabriele Pisaneschi, sobre la cómoda del living.
La terraza de 30 m² surge como una continuación del living y es el lugar donde eligen concertar cenas con amigos y pasar los días de verano. “Sin dudas, la terraza fue el factor determinante por el cual elegimos este lugar. Tener una terraza como esta en Milán es un verdadero privilegio”, concluye Paola.

 

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