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Verde para todos

Ciudades con un crecimiento insostenible. Comunas con inequidad radical. ¿Privilegio para algunos? Aquí, algunos ejemplos de cómo con voluntad, planificación y visión de país es posible revertir realidades, encontrando sonrisas para muchos.


Fotos Agradecimientos Fundación Deporte Libre, Fundación Inspira y Fundación Mi Parque

Vivir cerca de espacios verdes puede mejorar la salud en varios aspectos. Así lo han confirmado diversos estudios científicos. Entre ellos, una investigación del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (Creal) español, que comprobó que estas áreas mejoran la salud física y mental de las personas, independiente del grado de urbanización del lugar en el que vivan.
En la misma línea, otro estudio realizado por las universidades de York y Edimburgo, publicado por la revista especializada International Journal of Environmental Research and Public Health, también concluyó que las áreas verdes en la ciudad benefician y mejoran el estado de ánimo de las personas mayores.
Por tanto, las áreas verdes urbanas son elementos fundamentales para mejorar el bienestar de la población, especialmente en las grandes metrópolis. Según el geógrafo Ricardo Truffello, director del Observatorio de Ciudades UC y académico del Instituto de Estudios Urbanos UC, en el caso del Área Metropolitana de Santiago, producto de la historia de urbanización precaria y explosiva de la segunda mitad del siglo XX, existe un déficit importante de áreas verdes, y aunque en las últimas décadas se han realizado importantes inversiones en construcción y recuperación de estas, persisten grandes diferencias de dotación al interior de la ciudad.
El último informe de la Mesa de Áreas Verdes, enmarcado en el proyecto Ciudad con Todos que lidera el Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica de Chile, reveló la desigualdad que existe en el Gran Santiago en cuanto a acceso a áreas verdes.
La brecha es evidente con la cantidad de áreas verdes accesibles por habitante en comunas como Puente Alto (1,5), El Bosque (1,9) y Cerro Navia (2,1), versus Vitacura (7,4), Independencia (5,9) y Las Condes (5,6). En promedio, el organismo concluyó que en el Gran Santiago hay 3,7 metros cuadrados de áreas verdes accesibles por persona, con un estándar internacional recomendado por la OMS de 9 metros cuadrados por habitante.

“Un espacio residual es el más inseguro para la comunidad, y al intervenirlo con un programa deportivo se vuelve un espacio familiar”, dice Pedro Anguita.

Brechas comunales
Para Truffello las cifras de estos estudios esconden una realidad más dramática, ya que es inexacto generalizar las áreas verdes por habitante de toda una ciudad. “Estos indicadores muestran un brecha en el ámbito de lo público; sin embargo, las diferencias quedan en evidencia más brutalmente cuando analizamos el espacio privado y también la arborización, que es una parte muy importante de las áreas verdes, y particularmente en Santiago es más importante incluso en superficie que las áreas verdes públicas.
La realidad, como señalan algunos estudios, está directamente vinculada a temas socioeconómicos. Es ahí donde aparece el tema de la mantención, porque la diferencia de presupuestos con que cuentan las municipalidades para estos efectos es diametralmente opuesta. Basta con comparar las cifras en el SINIM (Gasto Servicios de Mantención de Jardines de la Comunidad) en el Gran Santiago en el costo mantención de áreas verdes por m². Gráficos que evidencian cómo la comuna de Providencia, por ejemplo, destina 60 veces más recursos para la mantención de un metro cuadrado de área verde que la comuna de La Granja. Es ahí donde cabe preguntarse cómo será la calidad de cada uno de estos espacios con recursos tan desiguales.
En cuanto a la accesibilidad de las áreas verdes, Truffello agrega que efectivamente además de tener esta diferencia de calidad, aquellos lugares más vulnerables tienen menos acceso a áreas verdes. “Ahí es interesante ver el rol mixto que juegan en distintas escalas plazas y parques. Las primeras, aquellas áreas verdes menores a una hectárea de acceso cotidiano, y los parques, mayores a una hectárea. La distribución de las plazas es relativamente equitativa, pero su aporte en metros cuadrados por habitante es bastante menor que los parques, entiéndase los grandes parques urbanos como San Cristóbal, Intercomunal, Cerrillos, Bicentenario, Renato Poblete, entre otros”, dice.

Unir fuerzas
Lo anterior representa parte importante de las soluciones que plantean expertos en el acceso a áreas verdes en comunas como Santiago, Providencia, San Miguel, Ñuñoa, que producto de la densificación, donde ven multiplicados los vecinos en sus comunas, la presión sobre las áreas verdes locales es mucho mayor. Por lo tanto, no queda más opción que pensar en nuevos parques a nivel metropolitano, de manera de subir los metros cuadrados de áreas verdes por habitante.
Hay otras iniciativas, como la de Santiago Cerros Islas, que son interesantes. Según Truffello, “si todos los cerros islas se transformaran en el cerro San Cristóbal pasaríamos de tener 4 m² promedio en Santiago a tener 13 m², entonces cambia el escenario radicalmente”. Pero eso es una planificación de muy largo aliento que requiere además una inversión bastante grande. En algunos lugares como en Renca se está empezando a dar al alero de lo que los municipios puntualmente están haciendo: reforestación y generación de infraestructura. Porque cerro Renca hasta hace poco no podía ser generado como área verde, y probablemente en un futuro muy cercano parte del cerro donde se conforma efectivamente es un área verde”.
Existen otras iniciativas impulsadas principalmente por fundaciones, con apoyo de empresas privadas comprometidas con el desarrollo del medioambiente que han surgido con fuerza, para paliar este déficit a distintas escalas: plazas, espacios de esparcimiento y deporte al aire libre y hospitales, que han logrado sorprendentes cambios en la calidad de vida de las personas.
Fundación Mi Parque es un gran ejemplo donde se han desarrollado hasta la fecha 300 proyectos, específicamente plazas y patios educativos, distribuidos en 15 regiones, aportando 507,107 m² de áreas verdes. Aquí lo notable es cómo comunas con alta vulnerabilidad desde el punto de vista de la mantención han logrado que la misma comunidad cuide sus espacios, se identifique con ellos y los sienta propios. El último proyecto recién inaugurado de alto impacto para la comuna de San Bernardo corresponde a un parque de 9 mil metros cuadrados que originalmente era el vertedero más grande de la Región Metropolitana. “Al igual que el resto de los proyectos Mi Parque, se trabajó en conjunto con la comunidad que ocupará la plaza, que en este caso fue la junta de vecinos. Para todos nuestros proyectos el sello es el diseño participativo, por lo que realizamos distintos talleres para revisar las necesidades de la comunidad”, asegura Verónica del Real, coordinadora del Proyecto La Plaza de Todos en San Bernardo. Otro aporte notable por mejorar las áreas de esparcimiento nace con Fundación Deporte Libre, liderada por un grupo de 6 arquitectos amantes del deporte que decidieron impactar en el espacio público. Ahí surge la idea de recuperar espacios residuales con arquitectura deportiva de uso público, gratuita. “La idea de nuestro modelo de intervención social beneficia principalmente el sistema de seguridad de los barrios. Un espacio abandonado es de los lugares más inseguros para la comunidad y al intervenirlo con un programa deportivo se vuelve un espacio familiar”, asegura Pedro Anguita, impulsor de la fundación.
El primero y más emblemático de sus proyectos es el Parque de Escalada Silos, con dos torres de hormigón de más de 20 metros, donde construyeron 10 rutas de escalada en el Parque de los Reyes de primer nivel de uso público y gratuito, mediante la transformación espacial/programática de una antigua fábrica de cemento abandonada hace más de 70 años.
Skate park y boulder en distintos puntos del país y regiones son parte de los nuevos espacios de recreación de esta fundación, como la recién inaugurada Plaza Deporte Libre en Cerro 18, Lo Barnechea. “Es la primera vez que Fundación Deporte Libre desarrolla un proyecto con la metodología de intervención social completa, con todas sus etapas; es decir, una primera etapa de diseño colaborativo, una segunda etapa de construcción y una tercera etapa de talleres con seguimiento”, dice Anguita.
Este proyecto fue ganador junto a dos proyectos más (entre 2.000 aprox.) de la primera etapa del concurso público “Impacta en Seguridad” del Gobierno de Chile, en donde se buscan ideas innovadoras desde la ciudadanía en materia de seguridad pública.

Verde sanador
Roger Ulrich, profesor de arquitectura y ciencias de la salud en la Universidad Técnica Chalmers, en Suecia, ha demostrado que el mero hecho de mirar el verde de los árboles a través de la ventana de un hospital acelera la recuperación tras una operación. Sus estudios cumplen con todos los requisitos científicos y han demostrado que con la ayuda de un poco de verde son necesarios menos analgésicos y disminuye el riesgo de complicaciones posoperatorias.
Inspiradas en esa tesis es que Verónica Novoa y Doris Erlwein formaron Fundación Inspira. La transformación de los patios en estado de abandono del Hospital del Salvador a jardines sanadores es la huella que han dejado en este lugar, cambiándoles la cara a los pacientes y trabajadores. Beneficios directos para el recinto hospitalario que atiende a nueve comunas, con más de 40 mil personas al mes y un equipo de 2.400 funcionarios.
¿Qué pasará con los jardines cuando se construya el nuevo hospital? “Continuarán, el Hospital del Salvador está declarado bien patrimonial, por lo mismo, muchos de sus espacios se seguirán ocupando transformados en otras áreas y los jardines son una expresión de su identidad”, señala Verónica Novoa, una de las fundadoras de Fundación Inspira.
Pero el Hospital del Salvador no ha sido el único, también han trabajado en otros proyectos. En el antiguo Hospital San José, actualmente en la recuperación del jardín de neurología y psiquiatría del Hospital Dr. Luis Calvo Mackenna, en la escuelita hospitalaria del Roberto del Río, también Coaniquem y Padre Hurtado, en conversaciones.