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Una pecera

Una casa que se niega a resaltar dentro de la maravilla del paisaje en que se ubica, que incluso funciona a través de un sistema de pasarelas para no afectarlo, resulta mucho más extraordinaria, sin sacrificar ni un poco de comodidad o encanto.


Uno llega a los estacionamientos, camina hacia la duna, llega a la cima y lo que ve es un cubo de vidrio. Cada salida y puesta de sol, así como de luna, es un espectáculo, cuya visión remata en el océano, a solo 55 m cuando la marea está alta. “Es como un acuario y nosotros somos los peces”, dice uno de los hermanos que ocupan esta casa los veranos, los fines de semana y en realidad cada vez que pueden.
Las particularidades de esta casa no terminan en su intención de pecera. A pesar de que habría sido mucho más fácil aplanar la duna para levantarla, los hermanos decidieron dejarla tal cual como era en su origen, con la forma que le ha dado el viento por siglos. “No quisimos intervenir la naturaleza. Recuperamos toda la flora antes de hacer las excavaciones y luego la trasplantamos, todos esos coirones fueron al mismo techo de la casa. Es tan así, que aquí se camina a través de pasarelas, no se pisa la arena. La idea es poder llegar hasta a la orilla del mar a través de ellas, sin pisar la flora del lugar”, continúa uno de los dueños.

El otro hermano se llama Yanko Bakulic, es actor pero en Nueva York –donde vivió por 14 años– fue formándose como escenógrafo. Ese training le ha servido en Chile para trabajar en decoración, la mayoría de las veces con clientes que llegan a él por referencias, y que han sido tanto proyectos residenciales como restaurantes, especialmente en Coquimbo. “Me gusta que las cosas se vayan dando. En términos de diseño nunca impongo mi gusto, depende de la persona. Como escenógrafo lo más difícil es leer lo que hay en la cabeza del director de la obra, es lo mismo con el dueño de la casa o del restaurante que te encargan. No soy yo el que va a ocupar ese espacio. No me interesa una calificación, creo que se trata de hacer lo que a uno le gusta”, dice Yanko respecto a su manera de trabajar con los espacios. Otro de los recursos que lo distinguen, así como a su hermano, es el reciclaje.

Dicen los hermanos que la casa está llena de objetos que en su origen fueron desechos que dejaron las marejadas tras el último tsunami y terremoto en el norte. “Si te fijas, la casa no tiene cuadros ni decoración, todos los muebles están hechos en obra. El living, los comedores están hechos in situ. La casa no tiene porcelanatos, tiene hormigones pulidos y vistos; en los baños se usaron tejas de alerce, muy antiguas comparadas en demolición. Todas las puertas y marcos son reciclados. Lo único que se compró fue el hormigón y los vidrios. El quincho es un tarro que encontré botado en una desarmaduría y lo transformé en parrilla. La cosas son muy simples, las lámparas las fabricamos nosotros, inclusive las ampolletas las hicimos con las placas led. Los muebles de la cocina son con estructuras recicladas de construcción, así hicimos todas las repisas”.

En toda esta configuración, cuidadosa y hasta cierto punto egoístamente diseñada para la privacidad y tranquilidad de los hermanos, donde ellos ocupan el volumen principal y cada hijo o visita recibe otro propio, ellos tienen que reconocer la gran ayuda que significó el trabajo del arquitecto de la zona Pablo Contador. arq.pablocontador@gmail.com / yankob@hotmail.com

Ideas que inspiran. Dos hermanos crearon un refugio a su gusto y experimentaron exitosamente con todo tipo de desechos.