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Un tesoro

Antes de entrar, con solo ver la fachada, ya sabía que le gustaba. Cuando se la mostraron y contaron su historia, lo único que quería era pintar y ocuparla pronto. La dueña actual de esta casa cuenta que el cambio se dio por sus niños, pero en realidad, y como veremos, la más feliz es ella.


Un sofá curvo que hoy luce un tapiz nuevo y gris junto a dos silloncitos amarillos en el living; un espejo en el hall de entrada; tres lamparitas enlozadas en la terraza y un juego de loza en la cocina. Son algunas de las cosas que los dueños anteriores dejaron en esta casa. Según el sobrino que se hizo cargo después de que ella falleciera y el alzhéimer ya no le permitiera ser independiente a él, el matrimonio dejó aquí también grandes deseos de tener hijos.

“Nos contaron que se hicieron la casa para tener niños y nunca pudieron. Me dio la impresión de que mis niños tenían que venir, que era un lugar que los estaba esperando”, dice la dueña actual, joven madre de cuatro, tres de ellos hombres.
Precisamente esta familia dejó su casa Ley Pereira buscando una con más espacio para los niños. La dueña recuerda que le dieron la dirección y antes de la cita con la corredora fue a mirarla por fuera. Aunque estaba pintada de amarillo y damasco, le encantó. “Es una casa superentretendida desde que uno entra. Fue diseñada en los 50 por un arquitecto moderno y se le nota. Es una casa sumamente noble en sus materiales; tiene el parqué original. Los espacios invitan a quedarse, a disfrutarlos, tiene una energía buena y, además, no tiene intervenciones, desde que se construyó nadie le hizo nada, o muy poco. No tenía ampliaciones raras”.

Los cambios los introdujo ella y fueron los estrictamente necesarios, generalmente porque la concepción de los recintos en los 50 no se adapta siempre a la vida de hoy, o porque la apuesta arquitectónica podía llegar a ser arriesgada en algunas decisiones. “Por mucho tiempo venían de las escuelas de arquitectura a mirarla. Es una casa que está en desniveles, visualmente el techo parece mediterráneo y los espacios públicos estaban en una misma ala, pero el living quedaba en el segundo piso. A mí no me importaba, yo quería pintar y venirme, pero me dijeron que si necesitaba vender algún día, detalles como esos me jugarían en contra. Ese living lo dejamos de salita y un escritorio en el primer piso que daba al jardín lo convertimos en living y comedor”.

Así como con las casas, ella prefiere los muebles con historia. Además de conservar y reparar los que habían pertenecido a los dueños originales, hizo una mezcla con lo que recibió como regalo de matrimonio, cosas que ella y su marido han heredado de sus familias y cosas nuevas. ¿Y se logró el objetivo? ¿Los niños están más contentos acá con más espacio? “Recién les gusta más esta casa”, responde.

Ideas que inspiran. Solo buscaban más espacio, pero dieron con una casa que, además, tiene una calidad arquitectónica excepcional.