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Un show que recién comienza

El trueque moderno. Quizá no era parte de nuestra idiosincrasia, pero se está instalando como una forma alternativa de consumo, que aprovecha lo que ya existe y no reclama más producción. Experiencias como la de The Ropantic Show demuestran que bajo ciertos estándares, de alguna manera profesionalizado, incluso se pueden acercar a la gente bienes que normalmente no podría costear.


Claro, si lo pensamos, y como bien lo explica María José Gómez –la fundadora de The Ropantic Show–, ¿qué es toda esa ropa que no usamos sino objetos pasivos en nuestra casa? “Lo que nosotros hacemos es movilizarlos; también lo hemos hecho con juguetes y otros objetos, pero con la ropa es más fácil y de alguna manera urgente (la tecnología para reciclar textiles es muy costosa y por lo tanto es una práctica poco común en Chile). Hoy somos una productora de eventos sustentables, dejamos de ser iniciativa social porque ya llevábamos 8 años y nos dimos cuenta de que de esa manera no podíamos sustentarnos en este país. En Europa trabajábamos con los gobiernos así que era más fácil. Lo que hacemos es dar varias alternativas para que la gente no compre, saque la ropa de esa pasividad y le dé un segundo uso. En el fondo es rotar los pasivos. Para eso producimos eventos masivos”.
Además de pasar a ser productora, también modificaron los protocolos para hacerlos más exigentes. “La gente escuchaba ‘trueque’ y esperaba intercambiar por cualquier cosa, muchas veces en mal estado. Creamos un sistema de categorización de acuerdo a valor; eso se hace por desgaste de prendas, materialidad, confección, actualidad y varios criterios que priman al momento de categorizar la prenda que entra al showroom”.
A pesar de las exigencias, las prendas por debajo de los estándares siguen llegando. Para ellas tienen un punto limpio y todo el desecho acumulado es entregado a París, para que ellos lo junten con lo que ha reunido su campaña.
“Lo interesante es que las mujeres chilenas, que son las que más consumen –y ¿cómo no?, con lo barata que se ha vuelto la moda–, con este modelo se están dando cuenta de que a través de eventos como estos –que se hacen dos o tres veces al año– reducen su consumo porque adquieren prendas que quizá no se comprarían. Van ampliando un poco su espectro de prendas de uso”. María José cuenta que partieron hace 8 años con el gobierno catalán con una campaña que hasta hoy continúa en la semana de la prevención de residuos textiles. “Es mucho tiempo para ver cómo responde el público. La gente se va dando cuenta de que no tienen para qué seguir la moda. Se abre a tendencias más transversales e interesantes. Además vivencian el intercambio como un sistema de consumo. Tratemos de sacarnos todos los paradigmas mentales y pensemos: ¿por qué hay que comprar, comprar y comprar? ¿Por qué no puede haber un sistema paralelo de trueque que se profesionalice para que sea realmente sustentable en el tiempo? En nuestros eventos exhibimos los productos de la mejor manera posible, nos preocupamos de plancharlos para que se pueda estandarizar mejor el intercambio, para que sea más equitativo y más perdurable. Tiene que ver con volumen también: cuando uno quiere intercambiar libros o cuadros, por ejemplo, mientras más gente y objetos haya, más interesante va a ser ese intercambio. Es lo mismo pero sin transacción comercial. ¡¿Por qué no?!”.

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Así presenta los productos The Ropantic Show en sus eventos. Hay un backup de prendas, como si fuera una tienda, y la que trae la gente se categoriza en tres monedas: oro, plata y negro.

 

Una moda positiva
Muy cerca, en Buenos Aires, muy probablemente por el aprendizaje que significaron crisis sucesivas sin dinero para consumir, el intercambio está bien integrado a la cultura, y especialmente entre la gente joven se intercambian desde casas hasta tapas y contenedores plásticos (tipo tuppers) en los parques. “Son maneras creativas para seguir generando movimiento y pequeñas economías”, resume Bárbara Pino, directora del Observatorio Sistema Moda Modus de la UDP.
Uno de los grandes desafíos que ella vislumbra para el diseño en un futuro cercano –en el que estos sistemas de intercambio podrían potenciarse– es buscar la manera en que la producción y el consumo se desaceleren sin destruir la economía: “Tiene que ver con que en este mundo ya no podemos hacer más cosas, ya está colapsado de objetos, de sillas, de indumentaria y todo lo que uno se pueda llegar a imaginar. Estos fenómenos parten de un esquema ‘bottom up’ –no desde las jerarquías sino desde el pueblo–. El trueque siempre ha existido en el campo, en las ferias, pero ahora llega de otras maneras a muchas más personas a través de tendencias como las ventas de garaje”.
Cierto, hemos aceptado socialmente –y para bien– cosas que hace diez años el ‘qué dirán’ hacía impensables. ¡¿Cómo se te ocurre que vas comprar cosas a luca, usadas por otra persona?! ¡¿Poner tus cosas a la venta?!
“Son buenos comportamientos sociales que se ponen de moda, que hemos visto en series y películas y que pasan a ser un fenómeno interesante. La gente no quiere hacer plata con eso, sino que quiere deshacerse de cosas y evitar que se vuelvan desecho.
Creo que también, en términos de diseño, está muy presente una estética que incentiva eso, con todos estos espacios reciclados, estos galpones industriales, donde quedan muy bien los muebles que ya han tenido uso. Incluso hay muchas cosas nuevas imitando ese look”, concluye Bárbara. ropantic.com/es/