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Un lugar en el bosque

Espacios amplios, luminosos y muy acogedores son la tónica de esta construcción ubicada en medio del bosque en Aguas Claras, Cachagua. Sus dueños, un matrimonio con tres hijos, optaron por este sector que les permite combinar la agitada vida de este balneario con la tranquilidad de la naturaleza.


Esta casa llama a quedarse, cada espacio, cada habitación fue pensada para disfrutar, con poca ambición, pero mucha calidez. Sus dueños querían algo práctico y familiar y eligieron al Estudio Valdés para la construcción, específicamente a los arquitectos Víctor Villalobos y Alejandra de María; ellos fueron los responsables de proyectar una estructura que no interviniera el bosque, sino que lograra que ambos convivieran en armonía. Hoy ese respeto por el entorno es parte del encanto del lugar y la conexión que se logró en el primer piso de la casa, donde se optó por grandes ventanales de una hoja que se abren por completo en cada una de las habitaciones que dan al jardín. Esto hace que el paso interior/exterior sea casi imperceptible. Aquí la casa y el bosque se unen y naturalmente aparecen los columpios, las telas y la casa en el árbol, juegos que los niños y sus amigos disfrutan desde temprano.
En el segundo piso, la gran protagonista es la terraza que tiene varios sectores lo que les permite gozarla en familia o a cada uno por separado con sus amigos, algo que los dueños de casa valoran mucho debido a las edades de sus tres hijos: entre 15 y 9 años. Por un lado tienen varios puf, por otro un par de sillas rojas, está el quincho, del fogón y la cuba, todos espacios que se pueden aprovechar durante todo el año y hacen de este lugar el ideal para descansar.

De Pinterest a la realidad
La decoración de la casa es como navegar por Pinterest y ver los pines elegidos hechos realidad. Muros con sombreros dispuestos de manera equilibrada, panneaux de fotos familiares en blanco y negro que muestran el paso del tiempo, un chal tejido por la dueña de casa dispuesto de manera precisa en la baranda de la escalera y el bote de madera arriba de la chimenea son solo algunos ejemplos de lo que podría ser una foto de esta red. Pero sin duda el rincón más “Pinterest” está en la zona del quincho, ahí se dispusieron de manera ordenada, pero muy alegre, una serie de coloridos carteles de madera con forma de tabla de surf que tienen los nombres de los distintos lugares que han marcado a cada miembro de la familia.
La cocina también nació de esta red social, las repisas industriales las realizó la diseñadora Gabriela Rimski a partir de una foto seleccionada por la dueña de casa. El fierro, la madera y el color verde menta le dan un toque provenzal a la cocina que tiene la gracia de convertirse en un gran espacio libre unido al comedor y al living gracias a una puerta corredera. De esta manera pueden elegir si quieren invitar y cocinar todos juntos o tener algo más formal donde la cocina desaparece. Las repisas abiertas demuestran el gusto de los dueños de casa por la cocina, se pueden ver fuentes, ingredientes, platos y utensilios, de distintos colores y materiales como el colorido juego de loza de melanina que le da vida a cada comida. Aquí la idea es disfrutar la casa con los amigos y la familia, las dos piezas de alojados bien ubicadas y con buena vista son un claro ejemplo, al igual que los dormitorios de los niños implementados con varios camarotes para que nadie se quede fuera de esta experiencia.
Y son estos mismos amigos los que con sus regalos les han dado su toque a los distintos espacios de la casa, como las muñecas de tela ubicadas a un costado de la chimenea y los cuadros pintados por amigos y familiares, entre otras cosas. El resto de los objetos han sido comprados especialmente para esta casa en multitiendas, páginas de internet, en viajes o tiendas especializadas como Palopintado o Milk. En el living destacan las dos sillas diseñadas especialmente por Santiago Valdés para ellos y que fue el regalo de Navidad del dueño de casa a su señora. Otro de los detalles que le dan historia a la decoración es el pedazo de tronco del fondo del lago Caburgua ubicado en la mesa de centro y que representa uno de los lugares preferidos de la familia.
Del jardín se ocupó la paisajista Macarena Fernández, quien mantuvo la condición de bosque y le incorporó algunas especies nativas y otras introducidas. Para el cerco se optó por durmientes que continuaran con el estilo campestre del entorno y en la terraza se dispusieron unos maceteros que fueron hechos a partir de unas barricas, regalo del cuñado del matrimonio.

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