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Full Diseño N°17, 28 de abril 2017

Hace unos 2.800 años, un grupo de personas caminaba por el desierto, a pleno sol. Tal vez divisaron a lo lejos los manchones pardo-amarillentos de vegetación irrigada por el río San Pedro y el Vilana y pensaron que era un buen lugar para parar. El nombre en kunza significa eso: lugar de descanso. No puede ser más preciso. A 10 minutos de camino al sur de San Pedro, hacia un lado está el sitio arqueológico, y hacia el otro, tras las dunas, dos casas en medio de la nada. El motor del auto se detiene y uno solo puede inundarse del silencio de Tulor.
Fue el motivo que trajo hasta el oasis a Camilo Silva, guía, con 22 años en la zona, y Carmen Richards, diseñadora. “Aquí me aseguré varios años de silencio… ¡ya llevo 10!”, dice, balanceándose en la hamaca de la terraza, mientras nos cuenta la historia de las casas –Jardín Loft, de poco más de dos años, y Jardín Atacama, del 2007– que levantó con la ayuda de maestros locales, materiales de la zona y técnicas constructivas de antaño.
En el área viven solo 14 personas, “de esas, 12 llegaron hace un año… antes éramos dos. Hay otras 4 casas alrededor que se arriendan a la gente de los globos aerostáticos”, dice Camilo. Nada poblado, nada ruidoso, si se piensa que el terreno donde se emplazan estas dos casas está en un sitio de 7 hectáreas, en medio de chañares y algarrobos si se levanta la mirada; breas y cachiyuyos a ras de suelo. Lejos de todo y de todos.
“La idea de hacer la casa Loft era una opción para ir de vez en cuando y tener la casa Jardín Atacama para un ingreso extra, salir de San Pedro e instalarse más”, cuenta Carmen al teléfono desde Santiago. “También nos dimos cuenta de que la oferta era supermala y había mucha gente que buscaba arriendo diario, anual; la comunidad de los astrónomos de Alma que rota harto, la gerencia de hotelería, la gente del museo y del instituto de arqueología, por ejemplo”. De ahí entonces que destinaran Casa Jardín, al turismo y alojamiento y se pasaran ellos a la Loft, perfecta para vivir de modo simple y de a dos.

CASA JARDÍN LOFT: OASIS PARA DOS. Loft fue la segunda vivienda, un diseño de la pareja, que hicieron en tan solo 3 meses, unos 45 m² aproximadamente para una estructura de cemento enchapada en arcilla; pequeñita y adorable en sus formas y materialidades, su estilo rústico y esencial deja claro que de verdad no se necesita nada más parar vivir feliz. “La inventamos con las referencias que tenía Camilo al construir la primera casa, mejorando el sistema de vida que teníamos en ella. Pensamos, como éramos dos, que nos venía superbién esta casa más chica, funcional, fácil de limpiar. Tratamos de mirar referentes de hoteles que nos gustaban, de transformarla: simplemente una rica pieza con una cocina”, dice Carmen.
Desde su terraza, al Licancabur lo enmarcan dos chañares y el manto verde del jardín que riegan con esmero. Solo se oye el viento que pasa entre las hamacas y de repente un zorzal o el yal, que con su característico: “shhhhhh” parecer querer callar a los visitantes que interrumpen el silencio.
En dos niveles, aprovechando el terreno naturalmente, la terraza acoge dos placenteros espacios de los que cuesta mucho irse. Arriba, una mesita coqueta con sillas blancas y cojines rojos, un rincón para tomar el té o el desayuno mirando el volcán; abajo, los sofás en obra y sus colchonetas invitan a quedarse otro poquito, para disfrutar las estrellas en la noche y la conversación con un buen aperitivo.

Esencial y matérica
Dentro, la casita también juega con las plantas. Abajo, el living; arriba, la cama. Un solo ambiente visualmente armónico gracias a la cálida factura de los muebles en obra. “No tienes tierra bajo los lugares, no hay bajo la cama, bajo el sofá. Acá es desierto, es pura tierra –cuenta Camilo–, así que para poder manejar un poco más limpio, todo es en obra”.
En la mezzanina, la cama, con la calidez de la arcilla por base vaticina un descanso sublime en medio del silencio.
La materia se siente por todos lados, se crea una atmósfera ligera y rica en texturas. Las fibras vegetales, el mimbre de lámparas y muebles, las puertas de brea se funden con la arcilla clara y fresca, un aire primitivo, pero depurado que encanta.

Tulor en kunza significa lugar de descanso. El sitio arqueológico de más de 2.500 años es de los primeros en el desarrollo cultural atacameño y la vida sedentaria.  Sus comunidades  vivían en grupos de 150 personas. Los vestigios que se ven hoy corresponden a construcciones de adobe, circulares, comunicadas unas con otras mediante patios y corredores. Fue descubierta por el padre Le Paige en 1956, y Ana María Barón en los 80 sacó a la luz la aldea.

 

A la atacameña. Las construcciones típicas de la zona de San Pedro presentan cielos de brea, vigas de chañar, reutilización de durmientes provenientes del Ferrocarril Antofagasta-Bolivia y muros en adobe o quincho (sándwich de brea atada con fierro al medio, más dos capas de barro que la cubren).La pintura es una mezcla de arcilla, agua y savia de la tuna, que fija mejor el color.

Tulor, San Pedro de Atacama, Arquitectura, Decoración

CASA JARDÍN ATACAMA: RETROCEDER EN EL TIEMPO. Está pensada como atacameña para protegerse del clima”, dice Carmen. Sus ventanas pequeñitas permiten que entre luz, pero no el calor; los techos bajos, los muros gruesos de quincho, todo en Jardín Atacama remite a su origen geográfico.
Construida con los mismos maestros bolivianos de casa Loft, aquí Camilo trabajó junto a ellos cerca de 7 años para dejarla como está ahora. “Fue mi casa por harto tiempo, 8 años –dice–, porque tiene varias etapas. La pieza grande, por ejemplo, es la segunda etapa, hecha de adobe estucado; la otra es de quincho, por eso la forma de cúpula”.
El diseño original fue de Marcos Borques, quien creó varias viviendas en la zona, también con cúpulas de fierro.
De 60 m² aproximadamente, con dos pisos, la casa Jardín Atacama está 100% destinada al turismo y lleva 2 años en Airbnb. “Estamos muy bien evaluados, la gente que se aloja, casi toda viene con la idea de pasar el mayor tiempo posible en los tours, pero cuando se dan cuenta de la vista y el silencio se quedan más tiempo, porque esto en sí ya es una actividad… Tulor significa lugar de descanso”, subraya Camilo.

Primitiva
Los rincones de la escalera con la ventanitas en ángulo, el segundo piso, el colorido, recuerdan las antiguas ciudades de barro del Sahara.
Se aprecia más arcaica que su vecina Loft, de un rústico más depurado y cuidado. La Jardín se siente en bruto, tosca y primitiva en su arquitectura circular; en sus dulces irregularidades y esquinas más contorneadas. Pesada, con su muro y escalera de piedra, con toda la cúpula vegetal y las vigas robustas de chañar en el dormitorio principal.
Maravillosamente básica, gatilla un estado de quietud y serenidad ajeno al habitar moderno. Debe ser el encanto del desierto que en este oasis de descanso lleva a preguntarse cómo dormirían por estas tierras hace 2 mil años. Basta tenderse en la cama, mirar el techo con sus fibras de brea, los muros de barro y hacerse una ligera idea, rápidamente, antes de que el relajo le gane a la conciencia.

SOSTENIBLE

LOCAL: PARA LEVANTAR AMBAS CASAS APROVECHARON LOS ÁRBOLES SECOS QUE HABÍA ALREDEDOR, LA TIERRA PARA LOS ADOBES Y EL QUINCHO. LOS CHAÑARES SIRVEN DE VIGAS Y LA BREA VISTE LOS TECHOS Y LAS PUERTAS DE LOS MUEBLES EN OBRA.
SOLAR: EL SOL ABRASADOR DE ATACAMA PROVEE DE ENERGÍA MEDIANTE UN SISTEMA DE PANELES Y BATERÍAS. “TODO ESTÁ CONECTADO A UNA PLANTA QUE FUNCIONA CON 6 BATERÍAS Y GENERA 3 KILOWATTS”.
REÚSO: FILTRAN LAS AGUAS GRISES EN CÁMARA Y SE TRATAN EN UN SISTEMA MANUAL, ECOLÓGICO. LAS AGUAS DEL LAVAPLATOS Y LA DUCHA VAN AL RIEGO.

Jardín Atacama, San Pedro de Atacama, Arquitectura, Decoración, Airbnb