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Casa, Ley Pereira, Michelle Lerqué, remodelación, decoración, diseño, propiedades

Trotamundos

Michelle Lerqué y su familia son de talle internacional. Él es suizo, ella nació en Inglaterra y a fin de mes parten a vivir a París. Tres años pasaron en esta Ley Pereira en Santiago de Chile, que remodelaron y ampliaron, a su modo. Aquí, un poco de su historia.


Para esta familia no hay límites. Gitanos, trotamundos, llámenle como quieran, pero la mentalidad de que la vida no solo puede hacerse en Santiago, y que existen muchas vidas simultáneas, aquí, en Ginebra o en París, para ellos es una realidad. Una virtud, tal vez, que tienen pocas familias por estas latitudes. De modo que visitamos su casa en un sector muy tranquilo y conectado de Vitacura, una Ley Pereira típica del barrio, que ellos remodelaron y ampliaron a su manera. Viven aquí hace tres años, pero ahora la dejan para instalarse en París.
En los 2000 vivieron en Ginebra; él es suizo, ella nació en Inglaterra –de mamá chilena y papá ruso–; entre ellos hablan en inglés, y a sus dos hijos les hablan en castellano y francés. Sí, son multiculturales y no tienen miedo al cambio. Total, los humanos nos reinventamos muchas veces, dicen por ahí.

Puertas adentro
Michelle Lerqué ya tiene un nombre en el rubro. Es dueña de la oficina de corretaje boutique que lleva su nombre, siempre buscando propiedades de alto valor estético, mucha luz y potencial en su diseño. De hecho, la idea de irse a París es también para expandir su negocio; el año pasado abrieron oficina en Miami, esta vez lo harán en París.
Su casa tiene mucho de su gusto innato por la estética –estudió arquitectura en Chile y terminó sus estudios de ‘interior design’ en Londres–, pero no hubiese sido lo mismo sin la opinión de su marido, nos cuenta. “Antes vivíamos en una casa en Santa María de Manquehue, y llegamos acá buscando vida de barrio, tener las cosas cerca y no tener que subirnos al auto, sino que andar en bici, ir a la Plaza del Hoyo e ir al parque con los niños. Veníamos de una casa de 400 m2 y esta tiene 280, así que nos tuvimos que reducir bastante. La casa original tenía 140 m2, pero nos ampliamos por todas partes y botamos muros, unificamos”, cuenta Michelle.
Fue así como expandieron el living/sala y botaron muros para crear una cocina abierta, interconectada y convertirla en el núcleo central de la casa. “En la ampliación revestimos el cielo con madera para darle un toque acogedor e integrar la salita para los niños con el living a través de un mismo lenguaje. El piso de esta zona es de hormigón afinado y sobre él pusimos alfombras coloridas”.
En esta casa se habitan y viven todos los espacios con una superbuena circulación. Hay varias terrazas que rodean la vivienda, algunas más de tránsito y otras más para quedarse. La primera, por ejemplo, es particular en su esencia. Con un mueble en obra que delimita el espacio, piedritas en el piso –que cuando uno camina sobre ellas tienen un sonido superacogedor–, y un techo tipo parra hecho con palos traídos de Chiloé. “En este techo pusimos la flor de la pluma, la sembramos hace un año y medio y creció mucho, solo con agua y cariño”, resume Michelle.
Y la casa es toda colores vibrantes: morados, naranjas, y una mezcla de muebles y objetos que también definen su historia. lerquepropiedades.com

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