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Tradición: La huella de un clásico

Porque un buen mueble es para toda la vida. El maravilloso oficio de la fabricación de mobiliario dejó su huella en nuestro país; decoradores, arquitectos y ebanistas que marcaron pauta con sus diseños en una época en donde poco y nada se sabía de decoración. Era el comienzo del siglo XX y con minucioso talento, usaban plantillas hechas a mano, no transaban la calidad de los materiales ni el rigor de su fabricación. Por eso sus muebles resistieron al tiempo y hoy son de parte nuestra historia.


Carlos Cruz Montt

Carlos Cruz Montt y su hermano Alberto crecieron en un entorno muy ligado a las artes y antigüedades, lo que terminó por perfilar sus vidas. Alberto se fue a estudiar a París y se transformó en uno de los arquitectos más destacados de Chile, autor de emblemáticas obras como el Club de la Unión (terminado en 1925). Carlos, por su parte, fue un gran coleccionista de arte, libros y piezas históricas, y fundó la famosa Mueblería Cruz Montt a comienzos del siglo XX. Primero importaba piezas de la Casa Maple de Londres y posteriormente fabricaría muebles de estilo, que hasta el día de hoy forman parte del patrimonio de nuestro país y siguen vigentes en las casas de los chilenos. “Los muebles Cruz Montt tienen inspiración europea de los siglos XV al XVIII, principalmente de origen inglés, francés y español. Se traían  los originales de Europa y se hacían con técnicas similares en Chile. Principalmente muebles en madera tallada con tintes oscuros. Se aplicaba mucho la técnica del torneado y la talla. Se usaba madera de castaño, roble, encina y lingue”, explica el arquitecto Alberto Cruz, dueño de los ejemplares de la foto, que pertenecieron a su abuelo Alberto Cruz E., fabricados en la clásica mueblería.

Mario Matta

Es reconocido como el primer decorador de Chile. Hermano del famoso pintor, fue un hombre con un gusto exquisito que supo potenciar en sus proyectos de interiorismo, que marcaron un claro sello, capaz de fundir artesanías y muebles clásicos con gran soltura, incorporar color y texturas a las casas de la entonces muy tradicional sociedad santiaguina. El sofá Matta es su obra maestra y  “se caracteriza por su morfología de línea  horizontal, resaltado por líneas geométricas puras, con marcada profundidad en el asiento y baja altura. Fue parte de muchos livings de la ciudad en la década de los 60; daba en ese entonces cierto ‘status’ o distinción”. Lo creó alrededor de los años 50, es de brazos rectos y podía alcanzar incluso hasta 3 metros de largo y un metro de profundidad (dando espacio a los cojines característicos) y respaldo recto y bajo. Matta hacía diferentes versiones del mismo sofá, y se ajustaba a los encargos de los clientes variando su tamaño y características. Si tenía o no cojines, o respaldo con botones, o con zócalo, entre otras muchas variantes”, explica Jaime Navarrete, socio de Las Siete Vidas del Mueble (lassietevidasdelmueble.com), agregando que es difícil que el sofá Matta haya estado patentado, ya que eso implicaba la patente de un diseño y un sistema de construcción específico, y considerando las variantes que Matta le daba al sofá es improbable que así haya sido. Usaba maderas nobles en su estructura, y para el tapiz, linos y terciopelos de seda en azul, rojo y tonos beige.

Luis Valdés Freire

Creó su fábrica de muebles a finales de los años 20, y fue un importante referente en materia de diseño y vanguardia en Chile. Padre del premio nacional de Arquitectura Cristián Valdés (autor de la famosa silla Valdés de 1977), la tradición de Luis trascendió hasta sus nietos. “Valdés Freire fue un innovador y mezclaba estilos, tomando lo más vanguardista de su época hasta dar con formas nuevas que crearon su sello propio (…) Hoy sus muebles son cada día más escasos, ya que la gente por fin está valorando los muebles antiguos chilenos”, explica el arquitecto Jorge Arón, socio de la tienda Las Siete Vidas del Mueble, (lassietevidaddelmueble.cl).  Comenta que cada vez que encuentran una de sus piezas sienten que verdaderamente tienen un tesoro. “Los chilenos nos deberíamos sentir orgullosos que con la precariedad de los años 20 y 30 en el país, se crearon muebles de muy buena calidad y factura, piezas refinadas, exclusivas y de buen gusto”, puntualiza Jorge Arón.

Luis Monge

La fábrica de muebles y oficina de decoración que Luis Monge creó hoy tiene más de 70 años y es toda una autoridad en fabricación de mobiliario de estilo. Luego de trabajar en el estudio de su bisabuelo, el famoso arquitecto Josué Smith Solar, creador del Club Hípico, trabajó con el también muy conocido mueblista Carlos Cruz Montt, para luego independizarse y formar su propio taller. Eran los años 30 y el inicio de una gran tradición familiar que hasta el día de hoy funciona (desde el año 1985), a cargo de su hijo arquitecto Francisco Monge, quien de niño se empapó y aprendió de su propio padre los secretos de este hermoso y delicado oficio. “Nosotros podemos reconocer un mueble Monge a dos cuadras, incluso podemos reconocer la mano del maestro gótico que lo hizo. Se puede hasta saber el estado de ánimo de la persona. Este sillón Sussex lo hizo Florindo Huerta, que  trabajó 50 años con nosotros y era prácticamente de la familia, fue un excelente maestro”, explica Francisco. Agrega que la silla Sussex la hacen lacada en negro porque “se utilizan maderas duras como eucalipto, porque en otra madera no resiste. Una copia que esté hecha en una madera más blanda no dura nada. Es un diseño de William Morris de 1890, pero tiene una cosa atemporal que lo hace único”.