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Esas similitudes que conocieron en el otro desde la universidad se plasman hoy en el departamento de uno de ellos. ¿Qué equipo puede ser mejor a la hora de remodelar que dos arquitectos, cada uno experto en un aspecto distinto de la práctica, que además comparten una pasión que se roba la película en este espacio?


¿Un arquitecto que encarga la remodelación de su departamento a otro arquitecto? Manuel Pizarro (el dueño) fue compañero de universidad de Álvaro Gajardo, ahí seguro tuvo oportunidad de ver su trabajo. Se entiende ya una cierta afinidad y seguramente experiencias de colaboración entre ellos. Pero es recorriendo el departamento de Manuel y su mujer, llegando a una habitación en particular, que uno entiende todo.

“Partí yo con el diseño, pero durante las reuniones previas a la construcción fueron saliendo ideas interesantes de parte de los dos. Siempre se quiso que en la cocina hubiese un mesón en voladizo de hormigón. Pensábamos que podía ser apoyado sobre un brazo también de hormigón, pero después dijimos pongámoslo sobre una pletina metálica, como una quilla vieja. Dimos con una de fierro en demoliciones y la pusimos por abajo y quedó bastante bien. Y fueron pasando ese tipo de sorpresas”, cuenta Álvaro Gajardo. Otra digna de relatar pasó en los baños, que prácticamente hicieron de nuevo: “Tenían cielos falsos blancos, muy feos. Como era el último piso asumimos que no habría descargas, tuberías de PVC, agua, ni nada. Cuando los sacamos apareció un hormigón tableado superbonito que da carácter al baño”.

El departamento tiene vistas espectaculares de Santiago. Había que destacarlas. “Entras y está la cocina con este gran mesón volando. A la derecha, el comedor cerrado con una escalera, que en el proyecto original tenía peldaños muy pequeños; había que poner mucha atención para no caerse, obligando a mirar las gradas en vez de esta vista impactante de la ciudad que te perdías. Hubo que hacerlos de nuevo, hacer una escalera cómoda y pausada. Queríamos que se reconociera incluso antes de empezar a bajar al living. Parece una operación muy sencilla, pero hace mucho por el lugar y la forma de apreciarlo”.

A pesar de que 160 m² no es poco espacio, se pensó en hacer el mejor uso de él. Es por eso que la cocina se une con living, el living con el comedor y con el quincho, incluso el living se puede unir con uno de los dormitorios principales y con la sala de música. Sí, el departamento contiene una sala de música; después de la arquitectura la gran pasión que comparten Manuel y Álvaro: “Podrías estar en la sala de música, tocando la guitarra, haciendo una canción con tus amigos; con la parrilla prendida en el quincho y la gente en el living. Los dos tocamos guitarra y tenemos nuestras bandas. De repente tocamos juntos, aunque vamos por distintos estilos, él es más rock, yo más música latinoamericana. Manuel tiene una colección de guitarras que hay que celebrar”.

Las guitarras, el mesón en voladizo lleno de todo tipo de lápices de colores y cuentos para pintar, son las imágenes favoritas de Álvaro Gajardo cuando visita el departamento. Sabemos que Manuel Pizarro, viviendo ahí, también las disfruta mucho.

Para aportar calidez, la madera es protagonista en este departamento, así como también lo son otros materiales ‘con alma’. La celosía en el cielo de la cocina es la única madera que no se obtuvo en demoliciones.

Álvaro Gajardo, Tel: +569 87601649, @agaarq
Manuel Pizarro, Tel: +569 92771460, www.a-plomo.cl

Ideas que inspiran. Arquitecto, fanático de la música y un gran anfitrión, el dueño de esta casa necesitaba moldearla a sus intereses.