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Eficiencia energética, sustentabilidad, ahorro, agua, energía

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Apagar, cerrar, disminuir, uso eficiente. Mes a mes consumimos energía y recursos naturales en nuestros hogares y en nuestro entorno, recibimos cuentas y las pagamos como robots. En este reportaje les presentamos una radiografía de lo que consumimos en nuestro cotidiano, y además, aunque aislado, un caso exitoso de uso eficiente del agua.


Nos llegan silenciosamente por debajo de la puerta las cuentas de la luz, agua y gas, y ahí estamos otra vez, frente al computador, pagándolas un mes más de nuestras vidas. Pero, ¿nos hemos puesto a pensar cómo bajar el costo de esas cuentas?, algo que a largo plazo nos sería beneficioso. Hay hábitos, ciertos tips que rayan en el sentido común, como darse duchas más cortas o usar artefactos más eficientes energéticamente. Sin embargo, no lo hacemos. Más allá de la discusión cultural, y decir ‘sí, el agua está cada vez más escasa en el planeta, hay que cuidarla’, o de plantearnos qué combustibles de uso doméstico estamos usando para calefaccionarnos o para cocinar –que por cierto algunos son altamente contaminantes a nivel intradomiciliario y a nivel medioambiental–, la discusión es precaria y existe poca información al respecto.

La disyuntiva económica
Claudio Huepe, director del Centro de Energía y Desarrollo Sustentable de la UDP, señala que “hay dos cosas que son distintas e importantes de entender: una, el ahorro energético, y otra, la eficiencia energética. La primera es básicamente consumir menos, apagar las luces, etc. La eficiencia significa que no es necesario apagar luces, sino que las que están encendidas consuman menos. En la actualidad la tecnología eléctrica se ha desarrollado hacia la eficiencia energética, es decir, antes teníamos ampolletas incandescentes de 200 watts y consumían 200 watts de potencia, hoy día las led producen la misma luminosidad que la ampolleta de 200 watts, pero consumen el equivalente a 30 watts, lo que significa que hay que mejorar la eficiencia, aunque lleva un costo de inversión. El problema de fondo está en invertir hoy por una ganancia futura”.
Según estudios de Huepe y de la UDP, los combustibles que se usan en Chile son la leña (sea leña tradicional, los pellets o briquetas), el gas licuado, gas natural y la parafina, y se utilizan fundamentalmente para calefacción y cocinar.
Y luego está el transporte para el uso doméstico: combustible, bencina o diésel. “Existe una gama bien amplia cuando te refieres a consumo de energías domésticas. Sabemos algunas cosas básicas (según los mismos estudios) como, por ejemplo, que Chile consume un 15% de leña para generar energía, y gran parte de la leña se vende ilegalmente. La leña se consume a través de distintas soluciones individuales, como las de tiro balanceado a leña, chimeneas, estufas cerradas con quemador. La leña es lo más usado en calefacción en Chile y es eficiente económicamente porque es muy barata, pero ineficiente desde el punto de vista ambiental, ya que produce una gran cantidad de contaminación. Si la gente se cambia de leña a parafina (que es la segunda alternativa más económica), es más eficiente desde el punto de vista ambiental, pero es un combustible que también genera contaminación intradomiciliaria”, explica Huepe.

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Hasta el momento, nuestra radiografía sobre el consumo de energías domiciliarias de los chilenos nos conduce a una primera conclusión. Un 15% de uso en leña para calefaccionar o cocinar corresponde a un porcentaje alto; la cantidad de autos que circulan por las calles de la ciudad de Santiago va en aumento; de hecho, cada vez hay más tráfico, los automóviles se venden como pan caliente, por lo tanto, el consumo de combustible, es decir, bencina o diésel, probablemente también irá en aumento. A continuación, algunos datos generales provenientes de la Agencia Internacional de Energía (AIE) sobre el consumo total de energía (combustibles, electricidad) de Chile. Son datos promedio de todo el país.
*Hay una medida internacional estandarizada para estas cifras.

  • El consumo de petróleo (que mide el consumo de energía en toneladas equivalentes de petróleo) per cápita en Chile es de 1,89 (medida estandarizada para el año 2014) al año. 
  • El resto del mundo tiene un consumo per cápita de 1,9.
  • Si comparamos estas cifras en términos de consumo con los países de la OCDE, que son ‘nuestros pares’, tienen 4,19 per cápita. 
  • Asia consume 0,71 per cápita (esto porque son sociedades relativamente pobres, entonces son bajas en el consumo energético).

Al analizar estas cifras, la lógica pareciera indicar que, aunque estamos un peldaño más abajo que los países miembros de la OCDE, deberíamos ser un país más eficiente. “Hay una correlación del consumo per cápita de energía con el PIB per cápita del país. En la medida en que Chile tiene un PIB más alto que otros países de Latinoamérica, entonces evidentemente va a tener un consumo energético más alto. Una constante internacional. Y Chile en general es un país que tiene un PIB per cápita más alto, te podría decir que es el segundo más alto de Latinoamérica”, dice Huepe.

Aquí viene otra conclusión clave: si nuestro PIB es alto e irá en aumento con respecto a otros países pares, la solución claramente va por lo que Huepe nombró en el principio de este reportaje: la eficiencia energética. En este sentido, las entidades gubernamentales, los municipios, incluso los medios de televisión tienen una tarea pendiente en crear facilidades para que la población chilena pueda acceder a mayor información sobre cómo desarrollar conductas más eficientes energéticamente hablando, desde el uso cotidiano del auto, desde el uso de la ducha más corta al alba, desde lavarse los dientes con una mayor conciencia. “La gente entiende que ser más eficiente energéticamente es más económico, lo que pasa es que en algunos casos es algo que es más fácil de manejar, en otros no. Requiere control, conciencia, requiere un costo de inversión en la preocupación sobre el tema, y para eso se necesita información clara.
Por lo tanto, la decisión a nivel doméstico requiere una conjunción de varias cosas: una comprensión a nivel de entendimiento del problema; dos, la información adecuada; tres, la cultura, por cierto, y cuatro, tecnología adecuada. Por tanto no es fácil decir cuál es la combinación perfecta”, concluye Huepe.

Un caso aislado: El ejemplo del agua
El agua es un recurso natural que está relacionado al consumo doméstico, pero no es un recurso energético. Sin embargo, también es un factor relevante al analizar los gastos cotidianos de los chilenos, volviendo así al inicio de este reportaje, cuando nos llegan las cuentas de los gastos domésticos, entre ellas la del agua.
El programa Mi Barrio Sustentable, que funciona desde el 2013 en las regiones de O’Higgins, Maule y Bío-Bío, es un buen ejemplo de cómo usar un recurso natural cotidiano, y hacerlo de manera eficiente.
Encauzado por Essbío –la empresa sanitaria proveedora de agua potable , con cerca de 1 millón de clientes–, Efizity –empresa de eficiencia energética– y la fundación Urbanismo Social, intenta resolver la problemática latente dentro de las familias y los barrios vulnerables de las regiones VI, VII y VIII de nuestro país. En la mayoría de los casos, para estas familias que viven en viviendas sociales pagar la cuenta del agua a fin de mes no es prioridad; ellos priorizan pagar la cuenta del celular o del cable, por tanto se convierten en deudores. “En estos casos, la relación con la empresa sanitaria proveedora del servicio es una boleta, y esa boleta viene con un cobro asociado al uso que tú tienes y a veces incluso viene con la amenaza de corte en trámite”, explica Sergio Giacaman, subgerente de responsabilidad social y relación con la comunidad de Essbío.
Aquí es cuando entra la Fundación Urbanismo Social, una especie de intermediario entre la empresa y las familias que pagan el agua a fin de mes. “Las empresas tienen un rol en el desarrollo de las ciudades y creemos que necesitan intermediarios o puentes que los ayuden a comunicarse mejor con las comunidades o con el gobierno local. Sabemos que las familias que llegan a esos barrios lo hacen con el primer acercamiento de un servicio que es para toda la vida, que es un corte en trámite o una boleta que tampoco muchas veces están acostumbrados a pagar”, señala Pilar Goycoolea, directora ejecutiva de la fundación.

El modo
Efizity, parte de esta tríada del programa Mi Barrio Sustentable, se dedica al desarrollo de soluciones que ayuden a sus clientes a ahorrar agua y energía a lo largo de todo Chile y Perú. Tienen desde grandes clientes, industriales, edificios, hasta el sector residencial, hogares. “Nosotros nos dimos cuenta de que había una oportunidad para llegar al sector residencial, incluso al sector social, pero de manera innovadora. Tomamos iniciativas de EE.UU. y lo que se hace básicamente es hacer entender bien a la gente su consumo utilizando el concepto de la ludificación. Este consiste en introducir un ranking, es decir, compararte con un vecino similar a ti. Si tú tienes un hogar de 4 personas, te comparamos con puros hogares de 4 personas. Te decimos ‘tu consumo este mes fue de 10 m³, eso significa que de una escala de 1 a 100 tú estás en el lugar 20’; o al revés, ‘tú consumo fue de 15 m³, estás en el lugar 80, trata de mejorar”, define Cristián Wolleter, socio de Efizity y gerente del área de gestión de energía. “Además les decimos cuánta plata ahorraría si consume menos”, agrega.
Cristián nos cuenta que hay otro detalle importante, una equivocación: “A veces las familias nos dicen ‘pagamos mucho porque somos muchos’, y no es correcto, porque encontramos a veces otros hogares que también están en condiciones de hacinamiento pero consumen menos, familias que forman entre 6 y 7 personas y tienen un potencial de ahorro mucho mayor que alguien que vive solo”.
Pero, ¿por qué a personas que nunca les ha importado pagar una cuenta del agua, ahora, de un momento a otro, les interesa ser eficientes y ahorrar plata en ese ítem a fin de mes?
Contesta Pilar Goycoolea, de la Fundación Urbanismo Social: “La cuenta del agua es un servicio básico, y estas personas están en situación de vulnerabilidad, tienen recursos acotados, entonces al ahorrar en la cuenta del agua, la plata que se ahorraron la pueden usar en recursos para poder pagar otras cosas. ¿Y cuándo se dan cuenta de esto? En el proceso, en el camino del programa empiezan a valorar el agua, en su impacto económico que produce en las familias y en el rol que tiene el agua como elemento de vida. Para eso hacemos talleres de entendimiento del consumo para saber qué están consumiendo, hacen visitas a las plantas de tratamiento de Essbío para que sepan todo el tratamiento del agua, entre otras cosas educativas.

En números: Efizity hace un informe mensual que compara positivamente familias u hogares de un número de integrantes iguales, y se les entrega a los dueños de casa este informe, lo que les permite ver su evolución. En él se especifica claramente el nombre, consumo, los califican como consumidor eficiente o no, y se les señala cuánto están ahorrando. Así se categorizan las familias y se las ayuda a ellas mismas a mejorar.

Ahorro por años (de entre 1.000 y 1.500 familias):
2014: un 27% de los hogares ahorraron
2015: 43% de los hogares ahorraron
2016: 70% de los hogares ahorraron

  • El ahorro promediode los hogares del programa Mi Barrio Sustentable (MBS) es parejo: es de un 20%, eso se refleja en un ahorro promedio de $27.000 por hogar al año.

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  • 718 hogares deudores en 2015 (MBS) comenzaron el programa, los que al final del mismo descendieron en un 27%.

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