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Sueña Quintero

 ¿Pueden convivir pacíficamente  la industria, la ciudad y el turismo? El puerto de la Quinta Región cree que sí y apuesta  a cambiar de status de zona de sacrificio ambiental al balneario de parajes  de gran belleza que alguna vez fue.


“La bahía de Quintero es inmejorable para albergar un gran puerto industrial, así como levantar en su seno deliciosas residencias de verano”, escribía Benjamín Vicuña Mackenna en 1874. Casi un siglo y medio más tarde, cuando uno viaja entre Zapallar y Concón y la vista se pierde entretenida entre los acantilados de Maitencillo o las lomas campestres de Puchuncaví, al acercarse a Ventanas dan ganas de cerrar los ojos y saltarse todo el pedazo, incluido Quintero, y no volver a abrirlos hasta las dunas de Ritoque. El paisaje cambia abruptamente. Chimeneas, industrias, galpones, tanques, Gener, Codelco, Oxiquim, Gasmar,  ENAP, Copec, Endesa, GNL. La energía que mueve a Chile pasa por ahí, pero al costo de haberlo transformado en los últimos 50 años en un lugar conocido más como una zona de sacrificio -que solo resuena por su contaminación y degradación- que por deliciosas residencias de veraneo.

¿Tiene esperanzas Quintero? En la zona no tiran la toalla.

Revitalizar el tejido urbano

Quintero Vive, un programa de gran magnitud con una serie de proyectos bien articulados, busca desde la intervención urbana devolver la dignidad a la comuna, volver a poner en valor sus deteriorados patrimonios y mejorar la calidad de vida de sus poco más de 26 mil habitantes, que se redoblan en la temporada veraniega. Una premisa impulsada por GNL Quintero y el municipio que ve como posible la convivencia de la industria, el turismo y la ciudad. 

“Lo que hemos tratado de hacer, contra el escepticismo generalizado, es decir: es posible, coherente y necesario  desarrollar algo de esta magnitud, no solamente hacerse  cargo de los posibles impactos, o tener el permiso de la ciudadanía, sino hacerlo de una manera que favorezca y logre incentivar la resolución de esa problemática en el barrio en que se inserta porque no es sostenible en el tiempo, no es correcto hacer este tema energético al mismo tiempo que se está en un lugar que es totalmente inestable social, ambientalmente: no puedo hacer una isla y obviar lo anterior”, dice Alfonso Salinas, gerente de Sustentabilidad de GNL Quintero, que hasta la fecha lleva invertidos  7,5 millones de dólares en los proyectos para la comuna.

Respecto a la génesis de la iniciativa, el alcalde, Mauricio Carrasco, comenta que la idea era aportar al desarrollo de la comuna a través de la renovación urbana y la participación  de la comunidad. “Comenzamos a trabajar en un estudio de la ciudad y la empresa puso los recursos para contratar arquitectos que complementaran el trabajo de nuestro equipo técnico, todo esto con la activa participación de nuestros vecinos. De esta forma lanzamos Quintero Vive, como un trabajo conjunto, donde nuestro compromiso por la comuna ya está rindiendo frutos”.

De esos frutos, el centro cívico de Loncura (plaza, anfiteatro, juegos y espacios para la comunidad) fue el primer resultado concreto, al que siguió en noviembre pasado la inauguración del borde costero que une esta localidad con Quintero, solucionando un importante problema de conectividad para la población, al tiempo que crea un paseo de 2 km atractivo y equipado con estándares de primer nivel.

Son 22 proyectos que apuntan a puntos clave de la ciudad, organizados geográficamente en tres áreas: borde costero, centro urbano y periferia, para desde ahí revitalizar el tejido general del territorio. Destaca en el borde costero la remodelación de las caletas de pescadores, que suman a los existentes boxes de hormigón para faenar, cocinas, terrazas y zonas de restaurantes; el Parque Municipal, con nuevo paisajismo y servicios orientados al turismo, y el mencionado paseo Loncura-Quintero. En tanto, en el centro de la ciudad el eje cívico reconectará una zona -por donde antiguamente pasaba la línea del tren- de edificaciones y espacios aislados para abrirlos a la comunidad en un continuo natural que comprende, entre otros espacios, una nueva feria y un nuevo terminal de buses, en un gran corredor peatonal libre de panderetas y rejas en los edificios cívicos, revalorado con elementos de paisajismo y mobiliario público.

En todo este proceso de replanificar Quintero “fuimos dibujando, descubriendo una figura; había ciertos ejes, huellas del pasado, como el paso del tren, con un contenido histórico propio de la ciudad, al que no se le había dado la valoración que corresponde. Esto fue generando esta red de intervenciones y a la vez, en otra escala, en cada una fuimos generando las posibles etapas para hacerlas realidad y que no quedaran solo en el papel”, explica Felipe Berguño, arquitecto que junto a Eugenia Gazmuri está a cargo del gran plan, apoyado en el desarrollo específico de cada proyecto por otras oficinas de arquitectura como Cortínez & Pfenninger (borde costero), Sebastián Irarrázaval (centro cívico) o Victoria Jolly (centro cívico Loncura).

El Quintero que vendrá

La próxima iniciativa que verá la luz a inicios de este año será la feria libre que contó con financiamiento del Minvu por $750 millones, un espacio por el que circulan miles de personas y que aloja a 100 locatarios. Le siguen el Parque Municipal, que ya tiene aprobados más de $1.500 millones del Ministerio del Medio Ambiente, que se trabaja con Gener; el terminal de buses y la recuperación de la Casa Estación, “un edificio histórico para Quintero, parte de su patrimonio cultural, sede de la Corporación Cultural”, dice el alcalde, que menciona además el centro cívico y el polideportivo entre otros varios proyectos a futuro.

Más allá del volumen de inversión, que sin duda es considerable, y del número de proyectos que se están ejecutando o por ejecutar, tal vez lo más valioso de Quintero Vive, si se piensa en el enorme trabajo pendiente de los anhelados planes maestros para las ciudades de nuestro país que crecen espontáneas y aleatorias con poca conciencia de futuro, son dos cosas. Por un lado, sacar el mejor partido y sumar en sinergia las herramientas que tiene el Estado y que puede aportar la empresa privada. El primero, desde sus fondos concursables y recursos que finalmente sirven para la ejecución de las obras y, el segundo, financiando también ahí, donde muchas veces faltan tiempo y voluntad para profundizar por falta de recursos: en las etapas previas, en los estudios y planificación a largo plazo con profesionales idóneos, que finalmente son las bases para hacer ciudades sostenibles en el tiempo. “Lo importante es obtener un estándar de calidad en el tiempo”, señala, por ejemplo, Berguño.

Por otro lado, el modo de hacer las cosas. Aterrizando los proyectos con la participación de la comunidad -que sabe mejor que nadie sus necesidades reales- y estructurándolos de forma abierta, susceptibles a modificaciones, inclusiones y escalados en el tiempo para que sean factibles de realizar paso a paso y no elefantes blancos inabordables. Ese es el ejemplo que está dando Quintero.

Las propuestas sin duda cambiarán la fisonomía del lugar y podrían replantear a este puerto como un punto central de actividad en la zona que abarca desde Concón a Maitencillo, considerando el movimiento que está teniendo. Como explica Berguño, “en el futuro debería ser un enclave de bienes y servicios; hay un montón de lugares alrededor, va a haber un desarrollo urbano que está un poco todavía en aprobaciones, hay un montón de gente, que se podría venir, un movimiento positivo que descongestione Santiago, por ejemplo. Hay un tren pensado, formas de conexión que están en desarrollo. Este es un punto entre medio de otros que ya están en desarrollo, un punto que hay que pulsarlo fuerte y no convertirlo en el lugar donde están las industrias y se acabó”.

La pregunta que queda rebotando es si este tipo de cambios, de estrategias, puede actuar como punto de partida, un gatillante para mejorar zonas castigadas ambientalmente desde el fondo, que es lo primero que se necesita: sanear, antes de embellecer la casa. Es decir, desde una nueva legislación ambiental seria que realmente cuide la calidad de vida de sus ciudadanos y exija firmemente a la industria nacional estándares acordes a la normativa internacional de salud. De otro modo tendremos poco más que cosmética urbana, de primer nivel si se quiere, pero sobre la misma zona saturada por contaminación de siempre.