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“Mi gran cambio en la cerámica fue hace 8 años, el día en que empecé a hacer porcelana”, cuenta Trini Correa, artista que lleva más de 30 años dedicada a este oficio que comenzó en Pamplona, España, en una escuela donde aprendió cerámica a baja temperatura. Años más tarde y ya radicada en Chile, estuvo 17 años en un taller donde conoció el gres, el torno, la arcilla blanca y la porcelana. Esta última es una pasta que no tiene arcilla, sino que es a base de caolín y cuarzo, lo que la hace un material delicado de trabajar. “Es más difícil porque tiene menos resistencia, entonces hay que tener demasiada paciencia y tolerancia a la frustración, porque hay muchas cosas que se trizan, se rompen. Yo hago piezas grandes y generalmente estoy haciendo tres a cuatro esculturas al mismo tiempo, porque a diferencia de la arcilla, con la que puedes hacer una escultura en un día, con la porcelana tienes que esperar hasta que esté resistente para poder seguir construyendo”, cuenta sobre el tratamiento de este material que la tiene muy entretenida y donde se siente más cómoda. “Naturalmente soy una persona muy perfeccionista, ordenada y limpia para trabajar, entonces siento que este es mi material porque simboliza todo lo que a mí me gusta y lo que quiero lograr con las terminaciones y los volúmenes, aunque estos me han costado ene porque es muy difícil de levantar, pero aun así he podido hacer piezas grandes”.
Las grandes esculturas siempre han sido parte del trabajo de Trinidad; algunas de sus piezas estuvieron en la muestra Pura Cerámica realizada recientemente en la Municipalidad de Lo Barnechea y sus obras de muro se pueden ver en los hoteles Enjoy de La Serena y Puerto Varas y en los restaurantes Margó 1 y 2. Actualmente está trabajando en otra instalación mural para un edificio corporativo en Vitacura y para la que está utilizando bastidores y arcilla café por los colores que requiere la pieza.

Constante investigación
Trini tiene su propio taller con horno donde investiga nuevas técnica como el papel de porcelana presente en la ‘chinoiserie’, o cerámica china, que gracias a esa combinación se logran piezas muy delicadas. “Soy superbuena para probar, a veces se me va harto tiempo experimentando, porque veo algo que me gusta y digo ‘que entretenido, lo voy a probar’. Me encanta ir probando y tengo una línea donde predomina lo blanco, el celeste, el gris y lo orgánico”. Su constante exploración la ha llevado a visitar talleres en distintas ciudades, como el de Vilma Villaverde en Buenos Aires y el de Linda Christensen en Minnesota, entre otros. “Yo hago cerámica hace harto tiempo y cuando viajo busco talleres porque es lo que más me importa, mucho más que ir a tiendas. Ahora tuve que ir a Nueva York por trabajo y fui a dos talleres en el Greenwich House Pottery”, cuenta apasionada. Pero ella no se queda ahí y también ha realizado residencias en el centro de arte Curaumilla, la última fue en enero de este año cuando tomó cursos con la norteamericana Julia Galloway, quien le enseñó todo sobre el carving, una técnica decorativa.
Los conocimientos que ella logra no se quedan ahí. Cada martes llegan hasta su taller 10 alumnas, quienes la retan con sus ideas y preguntas. “Hay una alumna que está haciendo una serie de vasijas con distintas orejas y me gusta porque me desafían a hacer cosas nuevas. Por ejemplo, tuvimos que inventar una forma para que no se quebrara un mango, y eso a mí también me enseña”. Además de las clases, la venta de objetos utilitarios, las esculturas y la colaboración con decoradores, Trini tiene una pyme junto con Mariana Sarli donde venden ropa para trabajar la cerámica como overoles, polerones, delantales y mangas para tornear que funciona por Instagram como “Yo soy ceramista”.

 

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