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Rompiendo esquemas

Una familia joven, que vive la vida de una forma diferente, y que su casa también nos resulta distinta a las demás. Repleta de muebles antiguos, esta casa nos habla de amor, de la importancia de la familia y de hacer las cosas con cariño. Una casa de Luciano Kulczewski habitada por los Hernández Nazal.


“Soy Paula Nazal, tengo 31 años, un marido, dos hijos y dos perros”. Así comenzó esta conversación con esta entretenida joven pareja de diseñadores gráficos compuesta por Paula y Daniel Hernández (35). Él preside la oficina de tipografías Latinotype, y ella, aunque sí colabora para la oficina de su marido, se dedica más a la decoración. Son dueños, además, del bar del que todos hablan por estos días, La Providencia. Aman lo antiguo y los muebles de épocas pasadas, de hecho ambos se definen como eternos acumuladores. Sus hijos, Facundo de 6 años, y Santiago de 2, los siguen a todas partes. Nos cuentan que siempre viajan juntos y que no son de esas parejas que planifican su futuro como familia, sino que prefieren vivir la vida de un modo espontáneo; si les sale un viaje por tres meses a Europa, sí, se toman el avión, y van todos en patota. Tampoco descartan la posibilidad, aunque se acaban de mudar a esta casa hace solo tres meses, de irse a vivir fuera del país.

Nos reciben en su casa, acogedores. Y su casa lo es también, y es una joya arquitectónica. Corresponde a una de las viviendas que construyó el arquitecto Luciano Kulczewski en 1920 en el barrio antiguo de Providencia. Son todas –en su calle– de fachada continua, pero diferentes entre sí. “La calle es Patrimonio Nacional, aquí no se pueden hacer construcciones en altura”, explica Paula sonriendo. “La casa para nosotros ha sido un cambio gigante de vida. Llevamos tres meses, luego de poner el bar buscamos algo cerca de él. La primera mañana que nos quedamos, era invierno y, sin embargo, salió el sol. Salieron los niños al patio y comían las naranjas de los árboles del jardín, fue muy lindo”, continúa Daniel.

Puertas adentro
Así las cosas, la casa está armadísima como si hubiesen pasado al menos dos años bajo este techo. Lo bueno, además, es que el bar y la oficina de Daniel quedan a solo unas cuadras de distancia. “Nuestro amor por los muebles antiguos partió cuando recién nos fuimos a vivir juntos, de a poco nos fuimos encantando con ellos. Juntamos cosas y objetos de distintos estilos, pero siempre antiguo. También vamos mucho a México y nos hemos traído cosas de allá; de Marruecos, de Buenos Aires”, recalca Paula.

De una arquitectura extraña, la casa se desenvuelve como un rompecabezas. En el primer piso, sin ir más lejos, cuentan con un dormitorio lejano al resto del Layout que lo acondicionaron como el bar de la casa. Allí despierta impetuosa una barra que perteneció al abuelo de Paula; luego, si nos seguimos moviendo, resalta una alfombra de Marruecos sobre el piso, un sillón enjuncado que antiguamente perteneció al Hotel Carrera, millones de plantas y un papel mural tropical detrás del mueble principal. “Aquí cerramos la puerta y nos olvidamos. Lo bueno de esta habitación es que no se siente el ruido desde afuera y, como nos gusta carretear, es el lugar ideal”, comenta Daniel.

El resto de la casa también es juguetona, porque a ellos les gusta jugar, así se toman la vida. Los muebles antiguos por doquier les dan una impronta especial a los espacios, sin embargo, siempre hay un detalle, una luz fugaz de color, un amarillo, de repente, que rompe el esquema.

Ideas que inspiran. Una casa acogedora, tal como sus dueños. Lo antiguo aquí prima, siempre bajo un código actual.