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Repensar el futuro

Una completa transformación de un establecimiento escolar con régimen de internado en Tocantins, Brasil, es lo que hizo la Fundación Bradesco junto a un destacado estudio de arquitectura y diseño brasileño. El resultado es la construcción en madera más grande de América Latina, prosperidad para los niños que estudian allí, con excelentes condiciones modernas/sustentables que se entrelazan con la sabiduría de las tribus ancestrales que los anteceden.


La Fundación Bradesco invitó al proyecto A Gente Transforma, encabezado por el estudio Rosenbaum –oficina de arquitectura y diseño que trabaja a partir de la innovación–, para repensar y poner en valor las habitaciones de los estudiantes de la Fazenda Canuanã, en Formoso do Araguaia, Tocantins, Brasil. Esta es una escuela rural con casi 40 años de vida. El objetivo era rediseñar las habitaciones de 540 niños que vivirían desde los 7 a los 18 años allí, hijos de asentados e indígenas que viven en la zona rural del centro oeste brasileño y cuyo desplazamiento imposibilita la rutina escolar, por lo que es necesario un régimen de internado. Más aun, el desafío era transformar el espacio de aprendizaje en un territorio con valor de hogar. Finalmente, es un espacio que cumple varios papeles: es casa, es familia, es albergue, es laboratorio y también es aula. “No sabíamos cómo comenzar este proyecto, porque no existe ninguna otra escuela de internados en Brasil con tantos alumnos”, nos cuenta Denise Aguiar, directora de la Fundación Bradesco.

Directo al grano
Para reconectar a las personas y el espacio con sus raíces se utilizó la metodología de diseño esencial aplicada por el estudio Rosenbaum. Se realizaron rutinas investigativas y de cocreación con los alumnos, cuerpo pedagógico y equipo de A Gente Transforma, además de un reconocimiento del entorno con su cultura caboclo e indígena. Varias actividades guiaron a los participantes en un proceso de creación conjunta de todo el proyecto. La cocreación es un valor para el estudio y forma parte de la metodología. Para Marcelo Rosenbaum, “un movimiento colectivo tiene la fuerza necesaria para rediseñar significados”.
Las técnicas que se utilizaron fueron de una arquitectura en que se emplean materiales y recursos del propio ambiente. Así como métodos constructivos comunes de esa región y sus materias primas, entre ellos, los ladrillos de adobe, la madera, el trenzado de la paja, la casa del caboclo, la importancia del río y grafismos indígenas.

Resultados
La escuela de Canuanã está considerada como la mayor construcción de madera de América Latina, con aproximadamente 1.100 m³ de madera reforestada. La estructura de madera laminada encolada es una alta tecnología que posibilita la fabricación industrial de madera certificada, teniendo como consecuencia el resultado leve, acogedor y el bajo impacto en la naturaleza. En composición con los ladrillos de adobe y el paisajismo hecho a partir de las especies locales, le otorga al proyecto una integración de la arquitectura al proceso pedagógico basado en la tradición e innovación.
Para el desarrollo del mobiliario, A Gente Transforma invitó a Rosenbaum y a Fetiche, que desarrollaron muebles que reflejan los dilemas de la privacidad en un universo de comunidad, donde las cuestiones individuales son tan importantes como la integración al colectivo. “Hablar de impacto del proyecto Fazenda Canuanã es intentar dimensionar el lastre de nuestra cultura dentro de la historia. La experiencia en Formoso do Araguaia prueba que la sabiduría del indio y del caboclo en la construcción y ocupación de espacios son patrimonios de nuestra brasilidad. Tal vez aun más significativo sea presenciar a los niños descubriendo el poder de esa carga genética y cultural”, explica Marcelo Rosenbaum. “Vimos mucho más que un proyecto de arquitectura, vimos la posibilidad de plantar una semilla de innovación”, completa.

Los pasos previos
En 2013 se hizo la primera inmersión investigativa, como parte de la metodología, y se notó que los niños no reconocían la escuela como su casa, a pesar de vivir ahí por 13 años. Durante esa inmersión se hizo un reconocimiento del entorno, de la cultura cabocla e indígena y, en consecuencia, se propuso un desafío para todos –cuerpo pedagógico, alumnos y equipo de A Gente Transforma–: Canuanã es mi casa, ¿qué hace que Canuanã sea mi casa?
El segundo paso, dos meses después, fue la de cocreación, y tuvo como apertura un festival y workshop cuyo tema fue el desafío propuesto en la primera inmersión. En el evento, comunidad y escuela se integraron en una presentación cultural por primera vez, donde la inclusión de la tradición y cultura comienzan a tener sentido en el autorreconocimiento, un proyecto de placemaking: personas y comunidades integradas en un espacio y con un único objetivo.
Fue posible escuchar e interpretar los deseos de cada uno. Cuestiones como la privacidad y comunidad fueron consideradas, como la definición del número ideal de niños por cuarto, en un ejercicio de planear el espacio, abriendo la visión de casa con la conducción del equipo de arquitectura, que llevó referencias de espacios públicos y privados a una reflexión integral e innovadora.
En busca de ese rescate fue necesario escuchar e incluir en la conversación, además de los niños y del cuerpo pedagógico, otros habitantes de la tierra. Como los aborígenes de la tribu Javaés y los caboclos, dos referencias que son base de la construcción de la memoria ancestral de los alumnos de Canuanã.

Organización en villas
La nueva organización en villas se fundamenta en la necesidad de agregar valor a todo el complejo existente, así como potenciar la idea de pertenencia de los alumnos a Canuanã. Para esto, la nueva habitación se organiza en dos villas, una masculina y otra femenina. Esta separación ya ocurría anteriormente y se mantuvo, pero ahora las habitaciones no están más conformadas por grandes espacios dormitorios, sino por 45 unidades de 6 alumnos en cada una. Con esta reducción del número de alumnos por cuarto se pretende mejorar la calidad de vida de los niños, su individualidad y, en consecuencia, su desempeño académico.
Cerca de los dormitorios están los más diversos espacios de convivencia, como sala de TV, espacio para lectura, balcones, patios, zonas de descanso, entre otros. Todos estos nuevos programas complementarios fueron ideados en conjunto con los alumnos con el fin de mejorar la calidad de vida y perfeccionar el lazo entre alumnos y escuela. De esta manera, además de acoger un mayor número de niños, las nuevas villas pretenden aumentar la autoestima de los niños por medio de la utilización de técnicas locales, creando un puente entre las técnicas vernáculas y un nuevo modelo de habitación sostenible.
Ahora la ubicación de las habitaciones ya no reside en el corazón de la hacienda como era antes, ya que este debe contener programas directamente relacionados al acto de aprender. Las nuevas villas, más amplias y aireadas, están ubicadas en puntos estratégicos que guían el nuevo crecimiento de la hacienda, organizando el territorio y haciendo posible una mejor lectura espacial y funcional de la escuela.

La madera
En toda la obra se utilizaron técnicas como el uso de Maderas Laminadas Encolada (MLC en sus siglas en portugués), de Ita Construtora, producidas con madera 100% de bosques de reforestación. Las MLC permiten la fabricación de piezas de grandes dimensiones, posibilitando así curvas, secciones variables y avances que aumentan el campo de aplicación en la construcción y de durabilidad del producto.
Para la construcción de las habitaciones, en cambio, se utilizaron ladrillos de adobe, técnica tradicional en la cual el ladrillo no sufre la quema. Debido a sus propiedades físicas, el ladrillo cuenta con una mayor inercia mejorando así la temperatura interna de las habitaciones. Como se trata de una zona de alta temperatura, el equipo del proyecto decidió mirar nuevamente para este saber por medio de una técnica contemporánea.
Su composición tiene tierra de la misma hacienda (disminuyendo así el costo en transporte), agua, arena y una pequeña corrección con cemento para garantizar la estabilidad y escala de producción. Los ladrillos se prensan y moldean in situ con la dimensión necesaria para obtener el mejor desempeño y, después, secados al sol. Toda la producción de estos ladrillos se realizó en la propia Fundación, con la materia prima ofrecida por el ambiente del lugar.