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Refugio cinematográfico

Por internet. Así fue como se gestó esta casa proyectada por el arquitecto Santiago Subercaseaux para un joven matrimonio de cineastas radicado en Nueva York, aprovechada como enclave familiar.


Antonio Campos y Sofía Subercaseaux son cineastas. Viven la mitad del año en Fort Greene, un barrio que está tomando fuerza en Brooklyn, y desde hace dos años vienen a Chile a pasar el resto de la temporada a su casa construida en un loteo familiar entre Maitencillo y La Laguna.

Los primeros tres capítulos de “The Sinner”, bajo la dirección de Antonio, fueron el puntapié inicial para la aclamada serie en Netflix. Con 35 años, el neoyorquino de ascendencia brasileña ya ha dirigido tres películas, ha trabajado como guionista y producido varios cortos y cintas. “Christine”, la última que dirigió, obtuvo más de veinte nominaciones y ocho premios en diferentes festivales internacionales, donde participó su mujer como editora cinematrográfica. Como editora de cine, Sofía tiene experiencia trabajando en varias películas para distintos directores y guionistas, entre ellos el chileno Sebastián Silva, radicado en Nueva York, quien presentó a la pareja.

Mientras el joven matrimonio se prepara para su próxima estadía en Chile en este refugio alejado de la gran metrópolis, nosotros lo recorremos con el arquitecto a cargo de la obra, Santiago Subercaseaux, hermano de Sofía.

Un proyecto que se diseñó por internet, con los clientes a distancia. “Ellos me propusieron el qué y yo el cómo, y se fue trabajando reenviándonos por mail imágenes, referencias, planos, y decidiendo los distintos detalles en conjunto”, cuenta el arquitecto.Dentro del encargo había un requisito que tenían superclaro los dueños: querían una chimenea que fuera el centro del living y donde se pudieran proyectar películas. Por lo mismo, se mantiene desprovista de elementos. En lo alto de un cerro, con vista a una quebrada de eucaliptos y algunos árboles nativos, con un terreno vecino que aloja por el momento un rebaño de ovejas y cabras, se encuentra este oasis, donde Antonio, Sofía y su hija de un año se conectan con la naturaleza.

“La casa se ajustó al terreno, que tiene su particularidad con pocos espacios planos y mucha pendiente, entonces la idea fue recogerla lo más posible hacia el sur para tener el patio general hacia el norte. Esa fue la primera estrategia, y luego lo que se hizo fue proyectar una casa más o menos convencional en un volumen de dos pisos. El hecho que sea una casa compacta colabora también a que sea más eficiente energéticamente, porque tiene una mejor relación entre el volumen y la envolvente”, aclara el arquitecto.Además, la casa integró métodos pasivos de sustentabilidad que tienen que ver con la envolvente aislante, gracias al sistema de construcción en panel sip, que ademas disminuyó de construcción a 6 meses y “las ganancias solares, por ejemplo con la inclinación del techo abriéndose hacia el oriente para captar la luz de la mañana y a su vez cerrándose un poco hacia el poniente, para protegerse de esa luz que es más fuerte durante el día”, explica Santiago.

Por el estilo de vida joven e informal se proyectaron espacios comunes abiertos y conectados, para aprovecharlos mejor. En ese sentido, la cocina se diseñó con muebles que se alejan del estereotipo funcional de esos recintos y se acercan más a una biblioteca o un estar.  La presencia de maderas nobles reutilizadas, como el piso de laurel y puertas de demolición, fueron determinantes en la calidez interior de los espacios, gracias a la Constructora Nos, que trabajó en conjunto con el arquitecto.La decoración simple, joven y clásica al mismo tiempo, recibe algunos muebles y objetos de familia, como la mesa de comedor de la abuela de Sofía y algunos elementos significativos, como un cuadro en la entrada de su padre, el pintor Juan Subercaseaux, y unas sillas del living con un tapiz bordado a mano por su madre.

Detalles como la quincallería, manillas de las puertas y papeles murales del baño principal los trajo especialmente Sofía de Nueva York.Una casa pensada para no perder la conexión con las raíces y la familia, mezclando lo mejor de dos mundos. Una vida sobreestimulada en la metrópolis y el relajo total en este ‘refugio’, que da la posibilidad de disfrutar de la playa y los cerros en una desconexión total.

Ideas que inspiran. Una casa acogedora y dulce, habitada por una pareja joven que ama el cine y la naturaleza.