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A estas alturas del año –y sin contar siquiera el efecto elecciones– vaya que podemos estar rayados. Metafóricamente también resultaría vernos rallando el año. Agarrando cada mes, repasando el 2017 en un intento de desmenuzarlo, además, y en realidad a lo que quiero ir, de cambiarle la forma a estos 10 meses y medio para redescubrir otro sabor de lo ya vivido, experienciado, masticado. ¿Muy rayado? No tanto, creo yo.
Si lo llevamos a la comida, así como fórmula hasta para reírse, pensemos en lo usado este año. Y rallémoslo. Si tomamos jugo de naranja todo el tiempo, qué tal si ahora le rallamos la cáscara y la disfrutamos de otra manera. Lo mismo para el pepino, el repollo, frutilla, betarraga y tanto más.
Yo en esta rallada de papa, la elijo como material. La papa rallada, cualquiera de ellas, es una forma distinta de aprovecharla. Desde cocida para un puré megarrústico, como cruda para una papa rosti, uno de los más famosos y deliciosos manjares suizos. Tan ridículo como pelar y lavar papas, secarlas, rallarlas por la parte gruesa del rallador común. Agarrar una sartén antiadherente, calentarla, echarle un poco de mantequilla y el rallado de papa. Aplastar hasta que quede de 1 cm de grosor y cocinar. Una vez dorado dar vuelta, cocinar y ¡ya está! Al plato, un poco de sal, pimienta. También se puede mezclar previamente con cebollita frita, jamoncillo, pimentón y hasta manzana si se quiere ser distinto. Sirve para acompañamiento, picoteo, ingrediente de ensalada, ‘cuchara’ para salsitas varias.
El otro rayón podría ser la coliflor. Cruda y lavada. Se ralla y queda como un multigrano fresco para usar como ensalada (+ cebollín + mani + cascarita de naranja y aliño) o como una base de pseudo-risotto; se hace un sofrito, se echa, se agrega un poco de caldo, se revuelve, queso (azul también puede ser) y se sirve.
Rallemos y rayemos. Siempre en buena. @raqueltelias