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Seis semanas, un mes y medio, duró el viaje de Léa Baert por Panamá. “Viajé por tres regiones diferentes en busca de artesanos (…) después de una semana en la selva de Changuinola pasé diez días en el pueblo de Monagrio, en la costa del Pacífico, y dos semanas en la comunidad de Membrillo, en pleno bosque de Panamá. Trabajando en talleres improvisados con los artesanos descubrí sus técnicas y materiales y me ofrecí a remover sus hábitos de producción, para experimentar juntos”. Así parte el relato de esta diseñadora francesa que hace unos días presentó “Cogoyo”, un frutero (y pieza principal de la colección) fabricado con rejillas de ventiladores recicladas a modo de estructura para tejer, y que los artesanos Soila y Mario Rodríguez utilizaron tal como lo hacen regularmente para crear las típicas cestas del pueblo de Membrillo; mientras que las bases fueron fabricadas en piedra jabón por el artesano Germán Ruiz, para ser esculpidas finalmente por Asael Magallon.

“Este proyecto nació de la voluntad de crear enlaces entre dos culturas, conectar a las personas y lograr cruzar sus técnicas. Colaboración”, puntualiza la diseñadora.