*

Más Deco

Hotel Casa Molle Villa & Golf, hotel, Valle del elqui, Marisol Geisse, Karim Daire, arquitectura, gastronomía, golf, valle, mediterráneo, hotel

Orgánico

Esa es la palabra que define la manera en que se gestó y creció el hotel Casa Molle Villa & Golf. Leyendo lo que la gente espera de ellos y lo que el mismo proyecto les va pidiendo para mejorar, están logrando una combinación perfecta entre descanso, clima privilegiado y mucha paz. “Nosotros estábamos enamorados de este lugar, como hotel ahora queremos compartirlo”.


Este terreno dentro del Valle del Elqui pertenecía al papá de Marisol Geisse. Durante muchos años él lo mantuvo como una parcela, pero llegado un momento se vio en la necesidad de venderlo. Karim Daire, el marido de Marisol se había enamorado del lugar desde que lo vio y lo compró. Entonces empezaron los trabajos de limpieza del sector que hoy es la cancha de golf, se plantaron las áreas verdes y, en general, se mejoró todo el terreno; se puso “bonito”. De eso ya han pasado 20 años.

“Nuestros hijos disfrutaron mucho acá. Teníamos animales, huertos con frutales. Pero después crecieron y ya no querían venir tanto, o querían venir llenos de amigos. Agrandamos la casa e hicimos dos dormitorios afuera, aprovechando unos techos cuyanos que teníamos. Estos techos son muy difíciles de hacer y los usábamos de estacionamientos. Eran habitaciones para invitados de los niños. A raíz de eso, se nos ocurrió convertirnos en un hotel”, recuerda Marisol.

Efectivamente el sistema de techumbre llamado cuyano lleva muchos años en desuso por la complejidad que significa construirlos a mano, utilizando solo la totora como material, sin los plásticos ni los alambres que se han hecho comunes, dando origen a otro sistema llamado tirado. Sin embargo, el grueso manto vegetal que constituye un techo cuyano nunca ha sido superado en sus propiedades aislantes. Los 20 años que llevan protegiendo la casa original del calor y de la lluvia, en perfectas condiciones, son prueba de la eficiencia de esta tradición constructiva del norte chico. “Dentro de Casa Molle hay una combinación, algunos espacios tienen techos mediterráneos, pero siempre con terminaciones en totora. También hay un juego con las alturas. Es algo muy lindo porque nos mimetizamos con el terreno, no es una construcción que sobresale. Eso se debe al uso de los materiales de la zona: el barro, la madera, la totora y la brea. Nos gusta lo que tenemos al alcance, cosas que no necesitamos transportar y que aportan con identidad”.

En este momento el hotel tiene 12 habitaciones y esperan doblar la cantidad de aquí a marzo o abril de este año. “Estamos terminando de construir un spa con piscina temperada, salas de masajes, tinas, patios interiores, peluquería –que es muy importante para los huéspedes que vienen a matrimonios en nuestro salón de eventos–, todo con vista a los nogales”, explica Karim. El personal está compuesto por gente de la zona con la adición del chef Pierre Badinella, quien, según los dueños del hotel, es extraordinariamente creativo y cuenta con plena libertad para sorprender sin carta preestablecida.

Un arquitecto colaboró con las obras desde que partió el proyecto del hotel, pero nunca existió un plano. Todo se fue generando en la medida en que crecíamos, que incorporábamos más habitaciones. Por ejemplo, trajimos pircas que rescatamos de lugares abandonados y cubiertos por el agua en un embalse cercano. Durante una sequía, las retiramos y la pusimos en distintas partes del hotel, lo mismo con los cactus ahogados que encontramos ahí. Todo se fue sumando de una manera muy fluida”.

En este año y tres meses que Casa Molle Villa & Golf lleva operando han notado que su público está compuesto por amantes del golf (que disfrutan una cancha con 9 hoyos), familias nucleares y también clanes familiares (desde abuelos, hijos y nietos). Por lo que dejan registrado en su libro de comentarios saben que todos han tenido estadías más gratas de lo que esperaban, que han gozado una escala que asegura calidez y trato cercano, de un lugar que mantiene a la familia reunida y no la dispersa como ocurre en muchos grandes resorts. “Nuestro crecimiento ha sido cuidadoso, con respeto al lugar y a la gente que nos elige. Una vez que lleguemos a la capacidad de 24 habitaciones no aspiramos a una escala mayor. Lo hemos vivido como huéspedes y sabemos lo que significa”. casamollevilla.cl @casamollevillaandgolf