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Ojo entrenado

Para Carolina Correa, dedicada por años a la producción de moda y decoración, el buen o mal gusto no es algo tan radical. Para ella la nobleza de los elementos que componen un espacio es lo que hace la diferencia. Y su casa es un reflejo de aquello.


Dicen por ahí que uno vuelve a los sitios donde amó la vida. Y esta historia no es la excepción. El barrio El Golf ha acompañado a la Carola desde siempre. Se educó junto a sus seis hermanos en los mismos colegios donde ahora van sus tres hijos caminando desde su casa, ubicada a un par de cuadras de la de sus padres.

Junto con la nostalgia, esta publicista, directora de una agencia de diseño, valora mucho la gran vida urbana de este sector de Las Condes y que por mucho tiempo se ha mantenido, pese al crecimiento inmobiliario. “Ir caminando al supermercado, a la verdulería, a la farmacia, a tomarte un café, a almorzar, sin tener que sacar el auto. Es más, cuando tengo que hacer distancias más largas camino hasta donde tengo ganas y después me tomo un taxi”, dice.

Lleva diez años viviendo su casa y desde entonces, asesorada por su hermano el arquitecto Ignacio Correa, ha experimentado sucesivas remodelaciones, buscando siempre ganar felicidad en los espacios. El primer cambio fue invertir la entrada, para conectar el jardín de adelante con el patio duro de atrás y los niños pudieran circular libremente por fuera. En eso apareció una ventana en el hall de acceso, que originalmente era ciego, ganando luminosidad, y a un costado se hizo un zaguán, donde originalmente estaba la despensa.

En una segunda etapa, cuenta la dueña, “me di cuenta de que me gustaba mucho el convite y el comedor que se unía con el living nunca se usaba, entonces terminábamos comiendo todos en el repostero”. Hubo que cerrar la bajada al subterráneo y abrir un ventanal hacia el patio duro… ahí nació el nuevo comedor, que quedó abierto a la cocina y que hoy es el centro de la casa. “Una gran amiga mía, que es muralista y fanática de la cocina, nos hace clases una vez al mes a 16 amigas aquí… y más que comer rico, nos reímos, que es muy importante en la vida”, confiesa. Las modificaciones contemplaron la misma baldosa original del acceso a la casa, logrando una continuidad en el pavimento, respetando el estilo de la construcción neoclásica.

Siempre con el espíritu de que los espacios se vivan, Carola hizo una última refacción que consistió básicamente en abrir el living, botando un muro divisorio, apostando por un monoambiente, donde se convive con una salita de estar con televisión incluida. Un lugar que se llenó de vida y que se ocupa todo el tiempo. “Los lugares valen o no la pena en la medida en que se usen, si no, no tienen mucho sentido. Por ejemplo, la felpa del sofá enjuncado es lo más elegante que hay, pero el sofá es para sentarse, entonces más vale que lo hayamos pasado inolvidable antes de que esté impecable”, dice.

La decoración de esta casa se ha armado a medida que han ido llegando los distintos muebles y elementos, y luego cada uno de estos ha encontrado su sitio. “Soy bien poco programada en términos decorativos. Me declaro fanática de las ferias, ventas de garaje, del Persa Biobío soy caserita”. Pero el denominador común que se identifica al recorrer esta casa es la distinción. En los muebles, las telas, los objetos, la loza, en todo. “Nunca hay nada tan feo ni tan precioso, pero un elemento noble siempre va a brillar”, dice. Aunque lo más importante en un ambiente, para esta creativa, son las sensaciones y emociones que producen. Y eso tiene que ver con cada uno, aclara.  “Con ese goce de los sentidos.  ¿Buen o mal gusto? No existe tanto, finalmente son las cosas que te pasan cuando estás en un lugar”.

Con el arte sucede lo mismo, dice. “El cuadro más bueno no es el más importante en mi casa. Esta pintura que hizo mi bisabuelo, para mí tiene un  valor especial, frente a otros artistas connotados que me encantan también como la Matilde Pérez,  Matta, Mauricio Garrido, Cociña”.

Una casa abierta, alegre, acogedora. “Un día puede haber faisán y otro arroz con huevo, pero la mesa siempre va a estar puesta bonita y con cariño. Es la manera en que aprendí a vivir y que ojalá mis niños lo puedan replicar. Al final la vida es una gran aventura y hay que vivirla a concho. Si no, no vale la pena. Siento que uno tiene demasiados problemas a diario y reírse como pasarlo inolvidable es una obligación. La vida tiene que ser una aventura y la casa es un poco así y se vive de esa manera. Como uno vive la vida es como se traducen los espacios”, asegura Carola Correa.

Ideas que inspiran. Una casa de una gozadora de la vida, con gusto refinado, mezclas de estilos y mucho amor.