*

Más Deco

saberian_IMG_2656.JPG

Oasis personal

Muy cerca del Congreso de la Nación, en un antiguo barrio porteño, el arquitecto Julio Oropel convirtió un departamento de los años 20 en una galería personal, donde compendia los objetos que más le gustan.


La ubicación lo dice todo: Julio Oropel no eligió la clásica Recoleta o el moderno Palermo para erigir su oasis personal; eligió un barrio tradicional, de edificios bajos y personalidad intensa donde la historia se acumula sin excesivas remodelaciones. 

“Siempre quise restaurar uno de estos departamentos para mí, para que sea mi refugio o mi galería personal”, explica sobre ese tercer piso de 150 m² con pisos y aberturas originales, en donde acumula aquellos objetos que ama y que ha sabido construir y conseguir durante tantos años de prolífera carrera. “Soy un coleccionista nato e inevitablemente me gusta tener cerca retazos de tantas cosas generadas a lo largo de mi carrera”.

La impronta Oropel puede verse en todas las ediciones de Casa Foa de los últimos diez años, en infinidad de hoteles y restaurantes porteños, pero también en una variedad de emprendimientos que nada tienen que ver con la construcción o la decoración en sí misma, sino con la difusión del diseño y la arquitectura en Argentina y Latinoamérica. “Soy una persona hacedora por naturaleza y me encanta generar equipos de trabajo y fomentar proyectos, además de mis propias obras”. Es tal vez por eso que fue el primer presidente electo de DARA (la asociación de diseñadores de interiores argentinos) y desde hace dos años no para de generar eventos, exhibiciones, conferencias y una divulgación del diseño sin precedentes.

“Me gusta congeniar ambas funciones. Es innegable que de un tiempo a esta parte el diseño se democratizó y cada vez más gente quiere vivir rodeado de cosas lindas, más allá del poder adquisitivo. La prueba son las ferias como Casa Foa o Puro Diseño (de la que es curador), que baten récords de visitantes. Creo que hacer llegar a más gente los conocimientos y las propuestas de los creativos es una forma de colaborar en este proceso”. Entre las muchas facetas que implica esta ‘amplificación’ del diseño de la que es parte, aparece la posibilidad de integrar una comisión dedicada a intervenir viviendas sociales. “No hay nada definido aún, pero me parece maravilloso que cada vez más gente pueda acceder a una calidad de vida mejor y me gustaría ser parte de este proyecto”. Una visión nórdica, si la hay, de arquitectura y diseño inclusivo; una corriente que también representa el estilo de Oropel en otros aspectos. “Sí, me siento influenciado por los nórdicos y también por los japoneses”, dice. “Además de ser simples y austeros, son generadores de ambientes amigables y naturales; usan mucha madera clara, cuero y textiles livianos. Me identifico con este tipo de propuestas que aspiran a mejorar la calidad de vida de las personas, también desde un punto de vista estético”.

Julio nació en la ciudad de Córdoba, estudió química, física y matemática y recién después optó por la arquitectura como su medio de vida. De allí, tal vez, su pasión por las tramas que urde minuciosamente con diversos materiales y que recuerdan sistemas abstractos y complejos, lejanos a la arquitectura simple y naturalista que él prefiere. “Me gusta lo táctil, lo escultórico, lo simple… o más bien lo que parece simple pero que en realidad lleva mucha elaboración de fondo”, explica sobre sus obras, que son reconocidas por las formas únicas, los materiales nobles, la predilección de la madera, los metales crudos, el cuero y otros textiles. “Si bien he utilizado muchos materiales autóctonos en el pasado, mi estilo fue evolucionando. Hoy por hoy prefiero los materiales de bajo costo: me gusta darles forma y una impronta propia, por eso es que utilizo chapas a las que dejo oxidar, maderas blandas para revestimientos y plásticos o textiles sintéticos para generar tramas que completan los espacios”.

Cuando llegó a Buenos Aires, recién recibido de arquitecto y hace más de veinticinco años, era un amante del interiorismo, pero nunca pensó que podría conjugar ambas cosas para convertirse en un referente. “Creo que fue mi faceta de diseñador la que me diferenció y me dio esta oportunidad. Porque si bien soy arquitecto e interiorista (dos cosas que no necesariamente van de la mano), también soy diseñador de objetos y mobiliario. Fue una circunstancia llegar a serlo, pero que fue justamente por incluir tramas, objetos, texturas y muebles creados por mí mismo que mis espacios se distinguieron”.

Las llamadas ‘circunstancias’ tienen que ver con la historia económica argentina: la crisis de 2001, la caída de la construcción y la consecuente necesidad de generar alternativas para seguir creando (y subsistiendo) en una Argentina devastada. Fue entonces que Oropel se sumó a “2×4”, un colectivo de originales diseñadores reunidos por la idea de exportar objetos y mobiliario al primer mundo. Durante aquellos años se dedicó a experimentar con cuero, alpaca, mica y otros materiales autóctonos que aggiornaba al diseño moderno. “El resultado fue un éxito y visitamos varias ferias internacionales. En 2005, con la recuperación económica, el grupo se disolvió y cada quien volvió a ejercer su profesión. Aun así, conservé esta modalidad investigadora y hasta el día de hoy sigo experimentando con formas y materiales nuevos, incluso con mis propias manos”, concluye, y agrega que está convencido de que la experimentación y la búsqueda son dos cualidades más que necesarias en el currículum de un diseñador exitoso.

“Sin olvidar la observación”, completa: “Lo más importante en cualquier área del diseño es la observación, porque las imágenes quedan archivadas en algún lugar de la cabeza y afloran, salen procesadas como ideas, cuando menos se lo espera. Hay gente que mira, pero no con detenimiento, y estoy convencido de que el mejor diseñador es el que más desarrollado tiene el poder de observación”.