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Nuevos espacios para nuevas miradas

Desde 1939, fecha en que el Museum of Modern Art, MoMA, se inaugura en la 11 West 53 Street, las ampliaciones a su infraestructura han sido recurrentes. El terreno donde la fundación asienta su sede es donde se ubicó la casa de David Rockefeller, hijo de la cofundadora del museo, Abby Aldrich Rockefeller. El museo ha incorporado diferentes ampliaciones que han ido de la mano con una masificación de la asistencia y desarrolladas históricamente por destacados arquitectos como Philip Johnson, Cesar Pelli, Yoshio Taniguchi y Jean Nouvel.


Fotos Gentileza MoMA

La actual y última ampliación del museo fue encargada al estudio de arquitectos Diller Scofidio + Renfro en colaboración con Gensler. Los primeros, con un gran protagonismo en Nueva York con obras como el extenso High Line, el Alice Tully Hall del Lincoln Center y The Shed, esta última una gran apuesta multicultural con una inversión inédita, conectada a Meatpacking District, un bullente polo de renovación de la ciudad.

De la mano de la ampliación se desarrolla simultáneamente una mirada más fresca sobre el arte, el contexto urbano y el espacio expositivo. Históricamente la idea de ‘cubo blanco’ como espacio aislado ha dominado los centros de arte como una manera de imponer un modelo espacial donde la obra de arte se descontextualiza del entorno, generando un valor sobre el objeto expuesto. Este modelo arquitectónico en el caso del MoMA ha tenido una evolución, considerando que la ampliación del arquitecto japonés Yoshio Taniaguchi del 2004 conectó algunos espacios y circulaciones hacia la ciudad, donde el patio de esculturas quedó potenciado por dos volúmenes que lo confinan, siendo este el centro del conjunto. Las nuevas salas de exposición, por un lado, aumentan en un 30 por ciento la capacidad expositiva y, por otro, desarrollan nuevas relaciones con el espacio urbano y la calle. En esa línea hay espacios de exposición, como arte cinético, donde quedan en una condición de conexión visual con la calle, con grandes ventanales en doble altura hacia la calle 52, generando una especial relación con obras que se potencian en múltiples relaciones visuales así como en torno a la experiencia de recorrer entre obras. Además de un café en el sexto piso con una terraza que se abre hacia la calle 53.

También con ello, la manera de exponer las obras que son parte de la colección destaca por abandonar una tradicional manera de orientarlas de una manera temporal lineal ‘histórica’, asumiendo mayores cruces curatoriales; estos cruces también permiten vincular áreas que tradicionalmente han sido abordadas por separado, es decir al exponer hay un esfuerzo por vincular diferentes departamentos como fotografía, diseño o arquitectura en un trabajo curatorial conjunto.

Destacan en su primera puesta en escena obras tradicionales de la colección como el Guernica y las Las señoritas de Aviñón, de Picasso, así como obras de los chilenos Roberto Matta, Cecilia Vicuña, Eugenio Dittborn con una de las obras de la serie de aeropostales, o el trabajo del estudio Pezo von Elrichaussen, una maqueta de hormigón adquirida por el museo hace unos años. El museo mantiene con Chile el programa YAP_CONSTRUCTO, como una de las asociaciones con permanencia desde el 2010, que ha permitido no solo un flujo hacia Chile de curadores de esta institución sino también este programa será expuesto anualmente sobre la nueva infraestructura,  estableciendo un vínculo con un programa de experimentación sobre lo urbano.