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Nueva York en vintage

Uno pensaría que no se pueden combinar tantos colores y estilos distintos en una misma casa, sin embargo la elección cuidada de cada pieza y un hilo conductor en las texturas logran la armonía en la diversidad.


El estudio ruso N&G Ananiev Interiors, de Nadezhda y George Ananiev, buscaba cómo lograr un ambiente que fuera a la vez clásico y vintage, pero que también se sintiera contemporáneo.

El encargo, para una familia también de orígenes rusos, un matrimonio y sus cuatro hijos, reinterpretó una casa de corte clásico norteamericano ubicada en las cercanías de la Gran Manzana, transformando completamente por dentro su estética pausada y señorial en un mix de inputs con muebles contemporáneos, de mitad de siglo y una marcada influencia ochentera, –época en que compraron la propiedad– que se hace sentir en varios de sus detalles.

Este, el primer proyecto de N&G Ananiev Interiors en EE.UU., propone un primer piso organizado en salones y áreas comunes y un segundo piso más privado para los dormitorios. Una imagen rica de estímulos visuales y táctiles; mezcla de texturas y momentos, en el recorrido por la casa, ligados al mundo del arte y la música.

En una de las salas, por ejemplo, domina irreverente y provocadora “La Última Cena” de David LaChapelle, y en otro sector toda la potencia expresionista de Chained Man, del artista ruso afincado en Nueva York a fines de los 70 Ernst Neizvestny, que recuerda la tierra natal de los dueños de casa y la historia pasada de la vieja Madre Rusia.

Mix total
La música es otro de los elementos importantes. Los retratos de Los Beatles, por ejemplo, dan la bienvenida al visitante, flanqueando ambos lados del corredor principal en el primer piso, para acompañarlo hasta la gran sala donde un piano de cola, brillante y opulento, aguarda en una esquina silencioso a la espera de ser tocado. Los ambientes se suceden unos a otros, exuberantes, cargados de elementos.  Texturas y patterns muy variados se combinan sin problema, así como épocas y estilos diversos.

Las superficies aterciopeladas abrigan la casa en todas las habitaciones, desde las butacas Maya de Brabbu, en el living, hasta los muebles y tapicería de las piezas, que continúan el juego de tonalidades iniciado en el primer piso: azules y mostaza. Un uso del color poco convencional que aprovecha variadas gamas de azules en los papeles murales de Casamance como fondo para desplegar buenas piezas de arte, mientras los mostaza y toques de verde y rosa se suman al azul en los muebles de cuidada factura que abundan en cada habitación para iluminar con su colorido las oscuras tardes invernales de Nueva York.

Ideas que inspiran. Una cuidada selección de objetos, arte y terminaciones dan el sello único a este espacio.