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Nostálgica

De regreso a Chile, tras vivir 12 años en Nueva York, la diseñadora Pepa Pedraza fue pionera en invertir en un departamento del emblemático edificio Portal Fernández Concha. En pleno kilómetro cero, aquí no solo disfruta de los detalles invaluables de su construcción, sino de tener todo lo que necesita a la vuelta de la esquina.


¿Qué fue lo que llevó a esta licenciada en Arte de la UC, especializada en diseño de vestuario en Nueva York, a dejar el East Village, donde viven Lady Gaga y Lou Reed, por el centro de Santiago? Pepa confiesa que fue una necesidad de volver a sus raíces. “Echaba de menos…, viví muchos años afuera y me podría haber quedado para siempre, pero llegó un minuto en que sentí el llamado de la selva. Necesité volver. Crear mi casa, crear mi mundo”, dice.
Del 98 al 2010 esta citadina vivió en la gran metrópoli, pero ya son siete los años que lleva instalada en el corazón de Santiago. En esas idas y venidas, el 2003, se le ocurrió junto con su madre invertir en el Portal Fernández Concha. Son varios criterios que aquí en Chile la gente quizás no utilizaría para comprar en una ciudad, dice, pero sí para una persona que le gusta la ciudad y valora la arquitectura, la historia. “En cualquier ciudad del mundo es prohibitivo vivir en esta escala. Un edificio que tiene características que no tiene ningún otro, ubicado en la plaza más importante del país, a un precio muy conveniente… entonces la pregunta fue ¿por qué no?”.
La diseñadora cuenta que estando afuera uno se acostumbra también a vivir en un tejido social mucho más diverso. “En Nueva York, por como está conformada la ciudad, vives en edificios donde conviven desde personas de escasos recursos, pasando por yuppies hasta todo tipo de extranjeros. La diversidad es parte del día a día, igual que este edificio de 700 departamentos, con realidades bien distintas”, aclara.
Trasladarse caminando es otra gran ventaja de vivir en el centro, un tema que traía incorporado la artista cuando volvió a Chile. “En Nueva York se me olvidó manejar, nunca más agarré un auto. De hecho, acabo de sacar carné de manejar, pero no lo he necesitado por tener el transporte público a la mano”.
En un comienzo el departamento fue pensado para las estadías de Pepa y su madre en Santiago, pero después el entusiasmo las llevó a invertir en dos inmuebles más. Uno de estos, donde vive Pepa actualmente, además de sus nobles terminaciones, la conquistó por su característica “como de casita chica”. Los antiguos dueños aprovecharon los 5 metros originales de altura de la construcción y agregaron un segundo piso, que se tradujo en el espacio perfecto para la diseñadora.
“Siempre me han gustado los lugares antiguos, de época. Que tengan ciertas dimensiones, materiales, no sé… creo que son conceptos que llevo incorporados, en mi caso, por deformación”. Pepa viene de una familia de arquitectos y artistas. Sus padres, ambos arquitectos, y su abuelo paterno era pintor, “tenía una casa llena de pinturas y objetos lindos”. Su bisabuelo, Ricardo González Cortés, fue el que proyectó varios edificios emblemáticos art deco del centro de Santiago, como el Ministerio de Justicia, el Tricel y el Banco Estado en Morandé esquina Huérfanos. “Esas cosas no son gratuitas, te marcan”, dice.
De ahí proviene su inclinación hacia los espacios con un valor histórico para vivir. En este caso la chimenea de mármol, el parqué, molduras, los balaustres. “Detalles de calidad de una época que ya no están, ya no se construye así”, afirma. A esta proximidad le sigue una correspondencia estética que atraviesa prácticamente todos sus intereses. “Como me gustan las cosas que tienen una pátina de tiempo todo cae en su propio sitio. Yo respeto mucho la buena arquitectura moderna, pero mi ojo y mi imaginario es este mundo medio nostálgico”, detalla.
Libros de arte que hablan de un interés por el surrealismo, el dadaísmo, la Bauhaus, aparecen como referentes en este acogedor dúplex abierto a la Plaza de Armas. “Hubiera sido feliz viviendo en la etapa entre guerras. Ese período, entre 1919 y 1939, fue una explosión creativa impresionante. Le dio mucho al mundo. Desde el punto de vista del diseño, la literatura, la música… yo me siento como una adicta de esa etapa de la historia”, confiesa.
Años gloriosos que para Pepa dejaron un legado también en nuestro país; sin ir más lejos, el edificio notable en que reside, remodelado por última vez en 1928 por el arquitecto Josué Smith Solar. Pionera en apostar por invertir en este sitio, Josefina Pedraza ha sido una vecina activa en defender y luchar por devolverle la dignidad que merece a este espacio de valor patrimonial.