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Arquitectura, densificación, urbanismo, Sonja Trauss, gueto vertical

“No existe tal cosa como un gueto recién construido”

Defensora de la densificación, recorrió las cercanías del proyecto más polémico de Santiago en ese aspecto. La activista Sonja Trauss habló de las posibles formas de enfrentar el crecimiento que se espera de la población, de cómo el desplazamiento, que tomó su ciudad, es mucho peor que paredes delgadas, ruidos y olores filtrándose de otros departamentos.


“De ninguna manera. Esta no es la forma en que nosotros usamos la palabra gueto”, dice Sonja Trauss desde el asiento del copiloto, un poco antes de que la van se detenga en una calle angosta de Estación Central. Cuadrillas de obreros por todas partes.
No es fácil explicar a la encargada de mostrar los pilotos que no somos potenciales compradores ni espías de otra inmobiliaria, que Sonja es una joven activista de San Francisco, la líder de YIMBY (Yes In My Backyard), un movimiento que lleva varios años luchando por el derecho a viviendas asequibles, la invitada principal al Seminario ISU 2017 y que antes de su presentación del día siguiente quería conocer por dentro estos proyectos de alta densidad tan criticados.
“Parece que muchos problemas de los que se habla respecto a este lugar no tienen que ver con la altura o la cantidad de unidades por edificio sino con el escenario donde no hay un propietario único que pueda coordinar correctamente, donde hay propietarios con cinco departamentos, donde los arrendatarios no tienen voz y nunca está claro de quién es la responsabilidad de las áreas comunes. Nosotros tenemos proyectos de cientos de unidades. No hay problema con eso. Si las paredes son muy delegadas, bueno, hagamos paredes más gruesas. Esas son cosas que la ciudad debe regular. Parece que falta identificar los problemas reales y que las demandas de un lado y otro son muy extremas. Si matas a tu perro no tendrá más pulgas, pero debe haber una solución intermedia”, dice Sonja ya en la calle, después de recorrer con una sonrisa en la cara un departamento mariposa y otro convencional, ambos de 62 m², unos pocos menos que los que ella habita.
Si las cosas se dan como le han dicho a Sonja y la población de Santiago aumenta en un millón de habitantes en los próximos diez años, ella ve solo dos posibles formas de enfrentar ese crecimiento: “Una es el desplazamiento, es decir que gente nueva reemplace a la que vive aquí, y no a toda la gente que vive aquí, sino a la gente pobre, y eso es una pesadilla. Los que han vivido convenientemente cerca de los trabajos y las escuelas serán desplazados a suburbios remotos. La otra opción es construir nuevos edificios. En San Francisco hemos estado respondiendo al crecimiento de la población con desplazamiento por 30 años. Lo que eso hace a tu tejido social es mucho, mucho peor que cualquier desventaja de vivir en un edifico de departamentos gigantesco. Te puedo garantizar que hay personas que viven a 45 minutos o una hora de sus trabajos y les encantaría vivir dentro de San Francisco, aunque las paredes fueran delgadas. Ellos tomarían eso inmediatamente, pero ni siquiera tenemos esa opción porque la mayoría de los edificios de San Francisco están construidos en dos pisos. Lo que es increíble considerando que la economía es tan grande y los sueldos son tan altos. Mucha gente se mueve allá no solo de otras partes de EE.UU. Digamos que en los últimos 15 años, por cada ocho trabajos que se crean se construye una casa, ¿qué crees que significa? Una persona llega a ocupar una casa nueva y las otras siete ocupan viviendas existentes, y entonces la gente pobre ya no puede vivir ahí, incluso la clase media. O quizá viven ahí pero no en las condiciones que quisieran”.
La noción de ‘gueto vertical’ y la reacción contra la alta densidad llaman la atención de Sonja. Desde el punto de vista de YIMBY lo lógico sería: se necesitan más viviendas, entonces construyámoslas; como hicimos en Chile durante los 90, con miles y miles de departamentos. La abundancia suele hacer que los precios bajen, y así fue en nuestro caso. La vivienda accesible no solo se habitó, algunos la usaron incluso como almacenaje y en algunas casos, los más marginados, como las prostitutas, la usaron como oficinas. “Es increíble. Suena como una historia de éxito, porque eso es lo que quieres, vivienda accesible. Por otro lado, la realidad es que aquí y en todas partes del mundo la gente odia a los pobres. Nadie quiere preguntarse si los problemas de la vivienda vertical son reales o es una manifestación del prejuicio clasista contra los pobres. El problema con las alturas no es realmente cuáles son las condiciones ahí, la cuestión es cuáles son las condiciones comparadas con otras opciones. Si te movieras de un ‘shanty town’ (un tipo de campamento) a un edificio de muchas unidades estarías feliz de que las cañerías fueran interiores y de poder escuchar cadenas tirándose por todas partes. No es interesante que una persona de clase media vaya donde vive gente pobre y diga ‘esta gente no vive tan bien como yo’. Eso no es noticia, eso es simplemente verdad. No hay nada nuevo ahí. Lo que sería interesante sería la historia de un reportero que vive en un shanty town. Esa es una comparación relevante”.
Sonja nunca ha escuchado a alguien llamar gueto a un lugar nuevo en EE.UU. Para ella la palabra implica que es viejo, que se cae a pedazos. “En todo EE.UU. ha habido movimientos sociales que realmente creen que los problemas de la pobreza se pueden solucionar puramente con infraestructura. Ha habido momentos en que hemos pensado ‘la gente pobre viviría mejor si tuviera casas con patios’. En algunos casos el movimiento trató de sacar a la gente de los barrios de un piso y ponerlos en edificios de altura nuevos. Esa fue la solución en los 50. Pero sabemos que los problemas de la pobreza subsisten. Al final del día el problema no se trata de si viven en muchos metros o no en los suficientes, si tienen patio o no, si viven en un área rural cuando quieren vivir en una ciudad, el problema es que no tienen plata”.

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Un afiche de YIMBY y la adaptación que se hizo en Vacouver, otra ciudad que sufre problemas similares a San Francisco en términos de vivienda.

 

AÚN A TIEMPO
Venir a Santiago le parece a Sonja un poco ir al pasado. Asegura que faltan décadas para que veamos ir las cosas tan mal como en San Francisco y otras partes del mundo. Nos desea no llegar a ese punto.
“Lo que pasó en San Francisco Bay y en otras partes es que construimos todos estos suburbios, hogares para una familia, con patios, perros, bicicletas. La gente pensó que era genial, pero se estaban comiendo toda esta tierra que pertenecía a la agricultura. Nos dimos cuenta de que el extenderse así no funcionaba, la gente conducía mucho y eso es malo para el planeta y malo para la gente también. En los 70 y 80 empezaron a pasar las ordenanzas de cinturones verdes, espacios abiertos de preservación. La noción de los urbanistas era ‘está bien, no nos extenderemos más, pero las áreas desarrolladas existentes se volverán más densas’. Pensaron que las ciudades serían capaces de zonificar, de permitir a la gente derribar casas de un piso y construir edificios de tres o cuatros pisos, de diez unidades. Pensaron que serían capaces de reconstruir la vivienda existente. Eso no pasó”.
Es para reflexionar: una persona pasando fuera de un edificio de 30 pisos puede pensar ‘oh, esto no es manera de vivir’. Esa misma persona dirá ‘qué vecindario más encantador’ en uno de cinco pisos. Pero existe gente que considera inhabitables 5 pisos. “’Inhabitable’, cada vez que escucho eso digo ¿en comparación con qué? Básicamente se trata de lo que estamos acostumbrados. Dejamos de construir suburbios pero tampoco construimos edificios de cinco pisos. Entonces los precios subieron y subieron y ha sido horrible. Una forma de entender nuestro movimiento es como consumidores de vivienda organizados. No lo había visto así hasta que nos involucramos en política. Todos los sectores involucrados tienen ‘lobistas’. Hasta que nosotros vinimos no había nadie que hablara por los consumidores de viviendas, aunque había agrupaciones que representan a los consumidores cuando piensan en reformar leyes de banca en quiebra o de hipotecas. Esa es una forma de entender lo que finalmente pasa con nosotros. La razón por la que esto sucede es porque las cosas se estaban poniendo realmente mal”.
A los 35 se considera una millennial tardía. Pasó hace poco la edad en que la gente suele adquirir conciencia política, cuando uno puede preguntarse ¿por qué no tengo la vivienda que quiero?
“Es un poco inevitable que surgiera nuestro movimiento y fuera de gente joven. Hay gente que quiere vivienda, ¿verdad? ¿Pero por qué vamos en la dirección de densificar? Podríamos estar organizándonos para abolir la ley de los cinturones verdes, podríamos pedir más suburbios, pero no. Eso es algo cultural a lo que los urbanistas, arquitectos y constructores deberían poner atención: ha habido un cuerpo de investigación y producción cultural respecto a por qué los suburbios son malos. La gente ha hecho estudios, hay ciencia que lo demuestra. Se sabe cuáles son los escenarios más saludables. Las conclusiones son muy prodensificar, que la gente camine, ande en bicicleta”.
Para Sonja se trata de quien obtiene el espacio para hablar, la oportunidad de participar en la discusión política. La realidad es que la gente que acaba de llegar a un cierto lugar usa menos los canales de expresión disponibles. Cuando se discute un nuevo impuesto siempre se da una división entre quienes lo consideran correcto y quienes no. Pero ambas partes deberían tener la posibilidad de opinar, de contactar a sus autoridades, de escribir cartas a editores. “En vivienda eso no ocurre. Cuando se preguntan ‘¿deberíamos construir este edificio?’ Es casi imposible conseguir la opinión de la gente que se verá directamente beneficiada. Así es como empecé a hacer lo que hago. ‘Ok, ¿debemos construir este proyectos de 100 unidades?’. Solo se presentaban tres o cuatro vecinos a la audiencia y todos votaban que no, porque había que cortar árboles, o les preocupaba el tráfico, o cualquier cosa. La comisión de urbanismo, quienes toman las decisiones, decían ‘bueno los ciudadanos vinieron a nosotros y no había nadie a favor’; no estaban considerando que si se construye el proyecto habrá 100 o más personas a favor, que aún no han llegado a vivir ahí. Empecé a organizar gente porque nadie estaba construyendo estos departamentos, porque hace cinco años, o 20 o 30, cuando se tomaron estas decisiones no estábamos ahí para decir ‘tienen que construirlos’. Así empezamos a ir a cualquier reunión o audiencia, fuera en nuestro barrio o no. Vamos y decimos ‘tienen que construir este edificios, tenemos escasez de viviendas’. Nosotros no viviremos en ese edificio pero alguien lo hará”.
La gran pregunta finalmente es: ¿La luz natural, la privacidad, la aislación de ruidos son realmente problemas de la altura, de la cantidad de unidades o del diseño?

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Más gente que casas resulta en desplazamiento. Este flyer gráfica claramente la situación de San Francisco e invita a unirse a la federación de arrendatarios del área de San Francisco Bay.