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Nací en el mediterráneo

“Mi corazón está en Chile”, confiesa la encantadora española Carlota Sierra, dueña de la tienda de telas La Canel, quien lleva diecisiete años viviendo en Santiago, pero sus raíces son innegables y se reflejan en este genial penthouse, ubicado en pleno barrio El Golf.


Celeste, verde, rosa, amarillo, son los colores preferidos de Carlota y dan la bienvenida a este lugar, femenino por excelencia, que comparte con sus dos hijas: Carlota (17) y Martina (14), y sus dos gatas: Kitty y la “gata chic”.
“El tema del color pienso que viene del Mediterráneo. Viví en muchos sitios cuando era pequeña en España, además de Madrid… como Canarias, Sidi Ifni, al norte de Marruecos, y lógicamente nuestras casas eran sueltas y llenas de color. Éramos ocho hermanos y mi madre hacía un ejercicio supercreativo con las casas… de repente a un tablón con cuatro patas le ponía una tela encima, fruta, lo que fuere y quedaba precioso. Cuando todavía no se llevaban las cesteras de playa mi madre las hacía con unos trapos llenos de color, el mío era el rojo, el de mi hermana era el rosa, el otro el celeste… de repente a una olla antigua de mi abuela le ponía agua y flores y ya está… Mi madre lo tenía todo lleno de flores, no sé cómo lo hacía, incluso en el desierto, pero estaba siempre lleno de flores. Será por eso que mi casa sin flores la siento vacía… a mis niñas les pongo flores, yo me pongo flores, en la cocina también hay”, aclara.
Su estilo de vida actual es absolutamente urbano, pero su imaginario suelto y lleno de colores se hace presente en las ambientaciones, donde por supuesto destacan las fascinantes telas y los exclusivos papeles que visten los muros de La Canel.
A un par de cuadras del colegio de sus niñas, este tríplex se ha transformado en el lugar perfecto para gozar de la vida de barrio y disfrutar de las vistas panorámicas en 360 grados sobre Santiago. “Un día después de que ha llovido esto es un espectáculo… las ganas de vivir que te da la cordillera, ver cómo se despierta la ciudad, cómo comienzan a funcionar las oficinas, igual que al atardecer también es entretenido, porque ves cómo comienzan a encenderse las luces…”, dice esta madrileña.

De las leyes a la decoración
Abogada de profesión, Carlota, ligada actualmente al mundo de la decoración, cuenta que cuando llegó a Chile se dedicó a tener y a criar a sus dos hijas, y cuando estas cumplieron 4 y 2 años se decidió a hacer un Master en Derecho de la Empresa, para retomar y ponerse al día con las leyes chilenas, pero al poco andar se dio cuenta de que si se dedicaba a ser abogada a full como ella quería, no tendría tiempo para nada más. Y por otro lado le encantaban la casa, la decoración, “lo pasaba chancho organizando las piezas de mis niñas, que eran un poema cada año cuando se las cambiaba. Era bien tentada con todo y no encontraba las telas que me gustaban en Chile, por lo que las traía de España o de donde fuera que viajaba”, cuenta. De ahí esta apuesta por instalarse con una tienda de géneros exclusivos. “Primero con Lienzo los Gazules hasta que quebró en España y entonces comencé con los trámites para hacer un showroom multimarcas y traer las mejores telas de Europa. Partimos hace 10 años, con cuatro proveedores. Hasta la fecha tenemos 16, realmente no hay nada en Europa que no pueda estar aquí en Chile. Es un tema muy entretenido, la gente ha respondido bien porque siempre encuentran algo distinto, exclusivo, y me imagino que también es porque compro con mucho amor mis productos”.
Para poder escoger la impresionante variedad de telas y estar al día en las tendencias, Carlota viaja mínimo dos veces al año a Europa. “En enero viajaré a la Feria de Deco Off 2018 en París, que es donde están todos mis proveedores, y siempre me quedo unos días más, porque aprovecho de ver todas las tendencias. Viajo también a Tailandia, a Italia, donde están otros proveedores, para ver el proceso de fabricación de los productos”.
De esos lugares es que también saca ideas no solo para su tienda, sino para su departamento, el que está renovando constantemente. “Es imposible no tentarme, y no cambiar los cojines, entonces llega el verano y se ponen las fundas blancas y se vuelve todo más fresco, y llega el invierno y se cambia por el terciopelo… juego mucho pero también reciclo mucho. Si un mueble no me gusta, lo pinto; si me parece muy oscuro, lo entelo y le doy otro look”, confiesa.

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