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Espacios, decoración, diseño, arte, Alejandro Uriburu, Buenos Aires

Mundo de Colores

Un proyecto de renovación y diseño en la ciudad de Buenos Aires desarrollado por el decorador, recientemente fallecido, Alejandro Uriburu, quien logró transformar un departamento de los años 50 en un espacio notable y atemporal.


Un departamento lúdico, divertido y lleno de colores irrumpe en un tradicional edificio de arquitectura racionalista, típico de los años 50 de la ciudad de Buenos Aires, dejando atrás la sobria elegancia que le había otorgado su antigua propietaria, una reconocida condesa francesa, para adoptar una personalidad única, alegre y llena de vida que caracteriza a su actual dueño, el empresario italiano Paolo Ghirelli.
Ghirelli es un empresario retirado, ligado al mundo de la hotelería y restaurantes, quien actualmente está radicado en España; sin embargo, la vibrante vida cultural y artística de Buenos Aires lo cautivó, por lo que decidió adquirir esta propiedad, ubicada en Avenida Presidente Quintana, donde sagradamente pasa tres meses al año, la cual fue decorada por su gran amigo, el recordado decorador argentino Alejandro Uriburu, quien tenía un estilo muy marcado y a la vez ecléctico. Siempre optó por el ‘mix and match’, atreviéndose a jugar y combinar, recuerda su asistente de proyecto, Tomás Geoghegan. “Tenía un don nato, lograba armonizar cosas que a uno en su inexperiencia le parecían imposibles; nunca iba a lo fácil u obvio y a todo lograba darle un ‘twist’ especial”, comenta.
Amante del blanco y negro, las vacas, el animal print y con un marcado estilo ecléctico, pero a la vez elegante, llevó a cabo el proyecto de renovación y diseño del departamento de su amigo. “La idea era hacer una casa cómoda, divertida y sin pretensiones, salir de lo clásico y lograr que represente mi personalidad. Con mucho color y un poco de pop“, afirma Paolo Ghirelli.
Para esto se mantuvo intacta la estructura del inmueble, el cual cuenta con 200 m², y se conservó el piso de parqué. Solo se modernizaron los baños, se sanearon las paredes y se pintaron todos los espacios de blanco, con la intención de incorporar elementos decorativos de diferentes colores que combinasen entre sí, como si fuese una obra de arte sobre un gran lienzo blanco, afirma.
“Empezamos a jugar con los contrastes y el estilo art deco, combinando el rojo y el negro; sin embargo, luego fuimos incorporando un montón de colores, texturas y obras de arte que dieron vida a los diferentes espacios, cada uno con su propia personalidad, pero todos muy alegres y vivos”, comenta.
En la entrada se instaló un mueble junto a un espejo y otros elementos decorativos, todos adquiridos en la calle Arenales, donde se concentran numerosos negocios de decoración.
El salón principal fue dividido en dos ambientes, en uno se dispuso la biblioteca, donde se combinan en un estante libros, fotografías de amigos y colecciones de animales de cerámica. En el otro espacio, más amplio, destaca sobre el sofá negro la obra del porteño Juan Stoppani; dos sillones art deco de Alejandro Uriburu y un par de candelabros de plata y cuernos sobre la mesa de centro, explica el dueño de casa.
En el comedor se instalaron dos cuadros del artista transandino Alejandro Ranieri, los que armonizan con la alfombra y los sillones tapizados con piel de vaca, ubicados en el salón principal. “Destacan además la obra de Juan García y la de Olivera Cesar, ambos regalos de Luis Palacio, diseñador de moda radicado en Nueva York”, afirma.
En el dormitorio principal se dispuso una cómoda con el mapa de Argentina de la tienda de diseño Arturo. “Los demás elementos son de la galería de arte moderno Del Infinito, ubicada en el barrio Recoleta, y las fotografías son del fotógrafo español Javier Abella”, comentó.
Una casa alegre y con personalidad, donde las notas de color y detalles las otorgan cada uno de los alegres accesorios decorativos, textiles y obras de arte que cuelgan sobre las blancas paredes, logrando hacer acogedor cada espacio pero sin sobrecargarlo. Un mundo de colores que guarda la energía y el recuerdo de un gran decorador: Alejandro Uriburu.

 

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