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Modernismo traído al presente

Este es de los mejores ejemplos posibles de remodelación profunda y, sin embargo, respetuosa. Es también una muestra de lo que pasa cuando el nexo entre arquitecto y cliente se ve fortalecido por colaboraciones anteriores, por el conocimiento de los gustos y la forma de trabajar de ambos.


A Marcial Cortés-Monroy le parece recordar un plano fechado en 1958, pero no está seguro. Son más bien las características de la arquitectura las que le permiten decir con seguridad que esta casa se construyó en la segunda mitad de los 50.
Marcial tiene una larga relación de trabajo primero, luego de amistad, con el dueño. Diseñó para él dos oficinas y remodeló tres casas. “Hacía tiempo que él buscaba una casa en Vitacura. Tenía una en La Dehesa, pero quería una vida más urbana. Encontró esta y la vimos juntos. Me pareció estupenda. Tenía una serie de características propias de la época, como recintos fraccionados, muchas vigas, pero le vimos un enorme potencial. El volumen era muy bonito y lo que hicimos fue limpiarlo y ampliarlo, especialmente en el departamento principal y todo lo que es la cocina; eso era repostero, lavadero, bodega y muchas cosas”, recuerda Marcial.
Tomaron juntos decisiones importantes como el uso de materiales pétreos en todos los pavimentos del primer piso, mientras en el segundo, desde la escalera hacia arriba, todo se dejó en madera. “La escalera es la original, que se restauró. Tenía ese estilo tan atractivo, muy sencillo y sofisticado de la época, inspirado en la arquitectura oriental. La cirugía mayor consistió en liberar los recintos. Desde la galería de entrada hasta el living-comedor todo eso estaba lleno de vigas. Siguió la incorporación del lenguaje de la madera en todas las ventanas y revestimientos, con énfasis en ese sector del dormitorio principal, con el trabajo del cedro sin cantería, en el baño y en los cielos. Probablemente la labor más ardua en el segundo piso fue mover muros estructurales para crear cuatro dormitorios equitativos para los niños”.
La vigencia y calidad de ese lenguaje modernista y oriental de la casa permitieron que los postigos y celosías que Marcial propuso se adaptaran perfectamente, sumando carácter así como un nivel de protección que probablemente no se creía necesario en los tiempos de la construcción. En general toda las intervenciones dejaron muy satisfechos al dueño y a Marcial, pero a este último le gusta especialmente el detalle con que se trabajó en la cocina: “Córdova hizo ese diseño especialmente para esta casa. Todo el mobiliario tiene Xilofor, que es magnífico. El mármol del piso es un travertino con un tratamiento que le da cierta opacidad. Todo está hecho para ellos, para la colección de arte y las muchas esculturas de la hermana del dueño. La repisa del comedor está diseñada especialmente para lucir ciertos objetos. Todo está pensado para lo que tiene. No hay nada forzado para llenar”.