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Modernismo hecho en Chile

Afuera pasaron cosas,  y muchas. Luego de la Segunda Guerra, las casas norteamericanas en los suburbios eran el símbolo del sueño americano. Y aquí, sin batallas internacionales, anhelábamos también nuestro sueño moderno. Nació Jardín del Este, una especie de mundo aparte proyectado por el arquitecto Emilio Duhart a principios de la década de los 60. Hoy su recorrido, una especie de ciudad-jardín donde la arquitectura y el paisaje se vinculan, se considera de gran valor patrimonial para vivir.


Agradecimientos: Facultad de Arquitectura Pontificia Universidad Católica y Biblioteca Nacional

Una de las case study houses, en su mayoría construídas  en Los Ángeles.

Hagamos un viaje, vayamos a 1963 en Santiago de Chile. Hans Nestler y Cecilia Gebauer estaban recién casados y eran dichosos. Comenzaban a tener familia, y lo mejor, construían una nueva casa. Y no en cualquier parte, porque su nuevo sitio era nada menos que en Jardín del Este. ¿Qué era eso? Les preguntaban algunos amigos. ¿Y tan lejos del centro?, les decían otros. ¿Por qué mejor no se van a El Golf?. Pero no, Hans y Cecilia estaban seguros. El terreno les costó 9.500 escudos, imaginaban una vivienda grande con perro incluido, una piscina y frente a frente con la naturaleza. Apostaban por un nuevo estilo de vida, por la novedad. Cuando estuvo lista y paseaban por las calles se topaban con caballos como si nada, no se perdían la caminata hasta la misa dominical y todas las mañanas se despertaban con una fila de álamos preciosos justo afuera de su casa. Su decisión fue la correcta. Y se nota, porque no se han movido de Laura Tromben hasta el día de hoy.

Hace algunos años que los terrenos de Jardín del Este se dispararon. Vivir ahí el 2012 cuesta mucho más que los 9.500 escudos que pagó Hans. Sin embargo hay gente que aún está dispuesta a pagarlo. Y sus razones tienen argumentos que se remontan a mediados de los años cincuenta.

HOME, SWEET HOME

El mundo estaba aliviado, después de la Segunda Guerra Mundial quién no iba estarlo. Los combatientes norteamericanos volvieron agotados y necesitaban empezar de cero. Y qué mejor forma de hacerlo que en su propia casa familiar bien decorada, con una buena cena recién salida del horno preparada por su mujer y un Jack Daniels en las rocas listo para beberlo después del postre. Era el hogar, el dulce hogar que por fin se constituía después de la batalla.

Así era la casa de los primeros 15 años de posguerra. Por fin los estadounidenses cumplían su gran sueño americano, era la estabilidad y la seguridad asegurada. La familia vivía unida, el ama de casa contaba con aspiradora o cualquier electrodoméstico para mantener la residencia impecable, tenían autos, cochera y televisión. Era el espacio de fantasía en los suburbios, donde se recreaba el nuevo estilo de vida moderno. Eran tiempos de Marilyn, de Kennedy y de Jackie O. Eran tiempos de gloria.

Y la arquitectura de las casas no podía desteñir. Debía ser cómoda, amplia, full equipada y con jardín. Las Case Study Houses (1945-1966) respondieron a la alta demanda de diseño residencial de la época en Estados Unidos. Este programa de arquitectura ofreció planes de casas modernas económicas y de fácil construcción. La Eames House, por ejemplo, fue construida en apenas tres días. Siempre usando nuevos materiales como acero, vidrio, madera laminada, plásticos y los derivados asfálticos.

Y aquí, en el sur del mundo, se replicó el mismo modelo. Fue nuestro propio sueño americano, pero pensado y hecho en Santiago de Chile.

UN LUGAR DE ENSUEÑO EN PLENA NATURALEZA. TAL CUAL
Emilio Duhart y Jaime Sanfuentes fueron dos arquitectos impactantes. Trabajaron, pensaron y proyectaron juntos desde 1957 hasta 1967, fecha en que Sanfuentes fallece. Y su mejor obra se llama Jardín del Este. No hicieron las Case Study Houses, pero sí un experimento muy parecido en este lado del mundo.

El arquitecto Alberto Montealegre trabajó 10 años con Emilio Duhart. Se conocieron de cerca y sabe como el alfabeto lo que fue el proyecto. “El modernismo en Chile apareció como una ruptura y convivió simultáneamente con el estilo neoclásico y el inglés. En aquella época el movimiento de arquitectura moderno era el que hacía las cosas y así fue como se hizo Jardín del Este. En su caso, fue algo sencillo, pero nuevo y hermoso”, explica el amigo de Duhart.

Eran entonces de materiales baratísimos, de líneas simples, con muchísimo jardín dentro y fuera de cada casa y con un mapa urbanístico inusual. Tal como sucedió en Estados Unidos, Jardín del Este fue la respuesta arquitectónica al deseo de la sociedad de la época. Aquí no llegó la guerra, pero sí las ganas de alejarse del centro de la urbe y optar por la seguridad y una vida moderna, en una casa unifamiliar con un entorno verde y tranquilo. La idea era ocupar las zonas rurales situadas en la periferia de la ciudad.

Y no solo lo prometían los arquitectos, lo decía la publicidad. La palabra “moderna” se leía en todos los avisos, no solamente en los inmobiliarios de Jardín del Este. Las camas escandinavas, por ejemplo, prometían entrega inmediata con opciones de crédito. El Chevy II de 1962 era “el más elegante”. Y El televisor National, por supuesto, era “un tesoro para tu familia”. No había que darle más vueltas. ¡Había que comprarse una casa en los suburbios con todo esto incluido!

Pero esta opción no gustaba a todos. Seguramente que ni los García-Huidobro, ni los Bulnes ni los Balmaceda querían trasladarse a este nuevo barrio. Preferían quedarse en Gertrudis Echeñique. Los que sí se cambiaron fueron los Rojas o los Germain. Ellos sí apostaron. “A principios de Jardín del Este, en Chile se pensaba que lo correcto era que la casa de la ciudad fuera de estilo francés, tal como las del barrio El Golf. Jardín del Este, en cambio, era símbolo de un nuevo prestigio pero con distintos valores. Los que vivían en Presidente Errázuriz tenían una trayectoria, no eran unos recién llegados. En este barrio, en cambio, llegaron nuevos apellidos con raíces extranjeras. Sus habitantes tenían la personalidad de decir yo soy nuevo, diferente, y no tengo complejos. Por eso es que la arquitectura de Jardín del Este era perfecta para los valores modernos de los que allí habitaron”, comenta Montealegre.

En sus inicios, Jardín del Este fue una chacra que en 1868 la adquirió la familia Denegri Bonardi, hasta que en 1897 se convirtió en propiedad exclusiva de uno de sus hijos, el Dr. Agustín Denegri Bonardi.

Y hoy Cecilia Gebauer, mujer hecha y derecha, sigue feliz aquí como el primer día. Y nunca se olvidará de lo que le mostró su arquitecto antes de construir la casa. “Él hizo una maqueta de la construcción y un día la vimos todos juntos en el jardín, en ese entonces un potrero. Puso un espejito de dentista en cada rincón de la maqueta y nos dijo: ‘¿Ven? Desde cada punto de la casa ustedes podrán apreciar el cerro Manquehue’”. Y así fue.

MANOS A LA OBRA. LA URBANIZACION DE JARDIN DEL ESTE
Una idea de barrio que nace del arquitecto Emilio Duhart, y que se logra concretar bajo un trabajo cooperativo, después de que el mismo arquitecto buscara financiamiento privado. En 1957 comienza este, que quiso romper esquemas en esa época, mediante un diseño que consideraba terrenos entre 800 y 1.200 m², además de una urbanización muy particular que se resume en un paseo por una ciudad-jardín.

Alberto Montealegre describe la planificación  de Jardín del Este: “Una cruz de avenidas ortogonales contempladas en el Plan Regulador Comunal, contrasta con una especie de anillo de circulación interior de tránsito lento, cuyo recorrido va entregando diferentes vistas hacia los cerros y montañas cercanas”.

Recorrido exterior Todo el trazado del recorrido exterior de esta ciudad-jardín tiene un porqué. La idea de Duhart era bien clara respecto de lo que quería lograr: un diseño de urbanización que mostrara una forma de vida, vinculada a la naturaleza y priorizando al peatón mediante una circulación más lenta, a través de sus calles curvas.

Un paseo de barrio donde nada es igual, porque lejos quedan esas calles con cruces de 90 grados y rectas, transformándolas en un recorrido de curvas suaves, con vistas a la cordillera y el cerro Manquehue. Por otro lado, el sacar la solera, convirtiéndola en una canaleta de adoquines, también quita rigidez a este sector por esa sensación de que no hay separación entre la vereda y la calle.

Calles desiguales podrían definir parte de este recorrido, que encanta por sus diversas vistas y contacto directo con la naturaleza.

CONSTRUCCIONES
Porque se quiso diferenciar de la arquitectura clásica y seguir la vanguardia del estilo modernista, Emilio Duhart se encargó de aprobar cada proyecto de construcción de Jardín del Este, regulados por una serie de condiciones para que no se perdiera la idea de barrio residencial. Por ejemplo, con la altura máxima de edificación y el uso de materiales auténticos.

Aquí las casas se caracterizan por ser austeras y económicas. Con fachadas de ladrillo y de hormigón armado, son muy bien elaboradas para la época. Además, seguían el patrón del barrio, siendo estas sencillas. Dos nombres son los principales arquitectos de algunas de las casas construidas en la época. Por un lado está Emilio Duhart, que solo hizo dos casas. Una para el Dr. Agustín Denegri, y la casa Ziegler, que se caracteriza por su construcción a base de cubos.

A Jorge Sanfuentes, también encargado de la regulación de Jardín del Este, se le acreditan alrededor de 25 casas, cada una distinta de la otra, pero con varias características en común. Todas de un piso, que juegan entre el interior y exterior, mezclándose con los jardines, todos diseñados por su esposa Teresa del Río. Son también conocidas como casas-patio.

PAISAJISMO

Parece pensado, pero al parecer no, no hubo una planificación previa a cómo se haría el paisajismo de Jardín de Este. La regla única era que debían ser árboles chilenos en su totalidad. Según nos cuenta Andrés Ureta, arquitecto /MDA PUC: ¨Lo que entiendo del paisajismo de Jardín del Este es que dado el gran compromiso de Duhart con Chile y su paisaje, la idea de arborización de las calles de la urbanización fue incorporar distintas especies nativas chilenas, sin un orden o secuencia o repetición en particular. Simplemente como si hubiesen quedado del paisaje original antes de trazar el barrio.
Estas especies van a ser más fuertes y necesitarán menos riego para el clima seco del verano chileno”.

El mentor: Emilio Duhart (1917 – 2006)


Nació en Temuco y estudió arquitectura en la Universidad Católica de Chile. Luego obtuvo un Magíster en Harvard, Estados Unidos, donde se instaló un tiempo para trabajar con Gropius. Tras volver a Chile trabajó en Sergio Larraín G. M. y finalmente en 1957 abrió su propia oficina, Emilio Duhart H. Arquitectura y Planificación. Su trabajo se destacó por seguir la corriente modernista, con algo de influencia de Le Corbusier. El arquitecto Alberto Montealegre destaca en el libro Emilio Duhart Arquitecto (Ediciones ARQ): “Se caracteriza por la búsqueda de un hacer arquitectónico auténtico, cuyas raíces se espera encontrar en el paisaje y geografía chilenos”. En cuanto a su aporte al urbanismo se destaca su participación en el plano regulador de Concepción y la urbanización de Jardín del Este. Otras obras importantes son el complejo industrial Carozzi, el edificio Naciones Unidas de Santiago, y varias casas.

Anuncio Inmobiliario del diario “El Mercurio del 2 de noviembre de 1962. En su texto se enfatiza la “visibilidad a la cordillera, a 15 minutos de Plaza de Armas, cerca de la iglesia, a un paso del colegio Alliance Française “.

La Casa Ziegler, de Duhart, fue construida en 1960 y es un fiel reflejo del tipo de arquitectura que buscaba lograr. Geométrica, sencilla y de dos pisos, su estructura se mantiene intacta hasta hoy.

Montealegre: “La sociedad de la época era sobria, no tenía los intereses de hoy en día. Las viviendas santiaguinas de hoy tienen 500 a 800 m². En aquel entonces la clase media vivía en un DFL 2 que era de 140 m², más 28 m² de construcción ligera. Las de Jardín del Este se hicieron en su mayoría bajo estos parámetros”.

Loteo de Jardín del Este “Duhart convenció al Dr. Denegri que sí había un mercado para propiedades más grandes que las existentes. Convencer a su cliente fue fácil, a la familia no tanto”, recuerda Montealegre.

Una superficie de 364,312 m², unas 37 hectáreas aproximadamente, conforman Jardín del Este. De esta superficie, 4.000 m² son solo calles, plazas, jardines y la zona central propuesta para el centro cívico.

Actualmente, este barrio se ha consolidado como uno de los más cotizados de Santiago Oriente, que además lucha por seguir sus concepciones iniciales, evitando edificaciones muy altas y su alteración respecto a lo que fue en sus inicios.

Los arquitectos Mauricio Léniz y Mirene Elton recalcan la  importancia de este lugar: “Es un patrimonio arquitectónico que tenemos en nuestra ciudad. La valorización que han tenido sus propiedades y la valoración  de la gente al percibirlo como un superlugar de lujo para vivir, han hecho que permanezcan las casas, que se mantenga todavía municipalmente y que siga siendo residencial”.