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Milán, siempre enorme

Estuvimos en la 58ª edición del Salón del Mueble de Milán, una celebración a la vida y a la vida bella. Este año el evento se dedicó al genio Leonardo da Vinci, hijo adoptivo de la ciudad. Sorpresas cuyo significado va más allá de la definición de la palabra; tendencias claras y muchísima novedad. Ojos, boca, manos; todos los sentidos abocados al evento, y aquí un resumen de lo que allí exploramos.


Del 9 al 14 de abril que recién pasó el mundo del diseño literalmente se quemaba en llamas de felicidad. Tuvimos la suerte de ir hasta Milán para descubrir lo que ocurría en esa ciudad, capital del diseño del mundo entero, durante su Semana del Mueble. Como muchos deben saber, esta semana de flashes, belleza inaudita, pasión y versatilidad que arden se divide en la exhibición de distintas marcas del mundo en el Salón oficial, propuesta en una enorme área de exposición diseñada por Massimiliano Fuksas, muy accesible desde el centro de Milán. Lo demás, el Fuorisalone, es lo que ocurre –y que se hizo oficial en 1991– en las calles de la ciudad, en los distritos, en su gente, en los corazones ‘avant garde’ de cada quien; allí despierta generoso lo último de lo último, proyectos, performances y propuestas de diseño que miran al futuro creándolas en ese mismo presente; es ese minuto que lo observas y que sabes que ya viajaste hacia el más allá, dimensiones desconocidas. Ambas propuestas son de primera línea, las primeras generadas por marcas y firmas de diseño más consolidadas; las segundas, propuestas de juventud que explotan en buenas ideas.

Lo que ocurre en Milán durante abril es una mutación total. Todo, sus cafecitos, su gente, su aire, su lluvia, sus comidas, su música y su Spritz se visten de moda, belleza, tendencias y novedad; efervescencia que se respira en esos más de 2 mil visitantes que recibe la ciudad –de los cuales un 30% al menos son extranjeros–, que se inhala en el modo de vestir de la gente, en su cantar italiano y sus helados cremosos.

Cuando el día 3 de mi viaje estaba comiendo algo al paso, en el distrito de Isola, la italiana del food track que me atendió, conversando, me gritó al oído que sí, los milaneses tenían una frase, y que la vivían a concho: “Milano sará sempre una grande Milano”, dijo ella con ojos de nostalgia. Ok, ahí ya me quedaba claro el panorama; todo allí era grande, multifacético y potente. Ella tenía razón.
Recorrí más de 100 pasillos en el Salón del Mueble, observé la versatilidad de más de 200 firmas que allí presentaban sus novedades; afuera, en la ciudad, estuve en Tortona, el Isola Design District, Brera, Ventura Centrale, volví otra vez a Tortona… y, ¿con qué me quedo? Definitivamente, con el espíritu envolvente del todo.

 

Mientras, en el Salón del Mueble…

Es difícil resumir todo lo que vi, palpé y observé en estas páginas. Más que como resumen, es un sentir.
A lo grande, se observaron 2 tendencias, la primera mucho más imponente que la otra. Si nos referimos a la primera, las marcas –hasta las firmas de renombre internacional, como Vitra– se vistieron de colores efervescentes, caras futuristas, muy al estilo de Ettore Sottsass a mediados de los ochenta con el Memphis. Lo que ocurre aquí, además de ser una tendencia empírica, lo es también sociológica: es una tendencia #instafriendly total. Todos queremos oler y sentir la fugacidad de los lilas, los fucsias, los rojos, los verdes y amarillos; las formas deformes, la locura, saber el chiste de todo esto.

Los italianos Altreforme, luego de la celebración de su décimo aniversario, y bajo la dirección de arte de Valentina Fontana, se lucieron con una exposición sin precedentes diseñada por Dsinginc Milano, el exclusivo estudio de diseño de interiores de la ciudad milanesa. En el Pabellón 10, stand C-11, los visitantes se sumergieron en un escenario de gusto decorativo dedicado al color y las infinitas posibilidades de personalización que Altreforme ofrece a sus clientes, siempre en busca de productos personalizables.

La propuesta de Vitra, por su parte, nos ilusionó con escenarios de diversión y color fulminante; una palmera del paisaje más bucólico en tonos neón y formas de mobiliario que apelan al habitar contemporáneo nos invitaron a explorar cuatro entornos distintos, donde se utilizó en cada uno de ellos un diseño para expresar una estética y una actitud positiva ante la vida. Con los nuevos productos de Edward Barber y Jay Osgerby, Ronan y Erwan Bouroullec, Antonio Citterio, Konstantin Grcic y Hella Jongerius.

Podríamos hablar infinitas palabras sobre las distintas firmas que se presentaron; Euroluce con su salón de eternas posibilidades de luminarias bellas e inteligentes, un campo de exploración donde la poesía jugó un rol fundamental. Capacidad de sorpresa, diseños mínimal y basados en la reutilización.

La presencia del español Jaime Hayón también nos da para hablar. Dejando a un lado su fantasía inherente en sus diseños, colaboró para la firma británica Sé –comandada por Pablo Schtakleff–, con una línea completa de mobiliario de líneas más clásicas, siempre con su acento audaz.

Y mientras, en el Fuorisalone…

Llegamos a Tortona, un distrito más independiente, de cervecerías al paso y de buena comida italiana. Allí nos topamos –y para nuestra sorpresa– con Hiro Independent Design, una firma de diseño italiano independiente y muy acorde a nuestros tiempos. Ellos se preguntan: “¿Qué pasaría si cada diseñador tuviera una industria enteramente para ellos mismos? ¿Qué proyectos saldrían de sus manos, sin la mediación de grandes marcas y la lógica del mercado?”. Bajo esas interrogantes nacen sus productos utilitarios, como hieleras inteligentes, relojes y otros detalles atractivos, donde se aprovecha el trabajo en conjunto del diseñador con el artesano. Lo mejor es que crean un diseño abierto. Aunque la firma la constituyen diseñadores fijos, existe la posibilidad de que otros externos puedan mandar a hacer sus propios diseños, dentro de sus parámetros, obviamente. De esta forma se alinean libertad creativa, pequeñas producciones y ganancias calculadas sobre el precio establecido por los diseñadores.

Continuamos observando, y no pudimos dejar de hacer una parada frente a la estación de metro del distrito de Tortona, en la performance y muestra de mobiliario del japonés Nendo. Se trató de una instalación inmersiva diseñada para Daikin, un fabricante de acondicionadores de aire que se especializa en soluciones de control de clima para diversos espacios y entornos. Debido a la atención exclusiva de la marca a la calidad del aire, la instalación giró en torno a la experiencia y la sensación de ‘aire invisible’. Por otro camino, pero íntimamente ligados, Nendo nos sorprendió con su colección llamada Haeru, un objeto modular que combina accesorios de iluminación con mesas de trabajo funcionales, diseñado para la marca de iluminación italiana Flos.