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Metáfora feminista

“Herencia contradictoria” se llama la primera exposición individual de la artista nacional Jacinta Besa en Sala Gasco. En ella se podrán ver su proceso como artista a lo largo de su carrera y la obra que desarrolló durante el año que vivió en Berlín, donde recorrió mercados de las pulgas en búsqueda de figuras de porcelana y otros objetos que dieran cuenta de la vida idealizada de las mujeres.


Del 2 de agosto al 30 de septiembre la obra de Jacinta Besa podrá verse en Sala Gasco. Una especie de ‘repaso’ de lo que ha sido su trayectoria, que destaca por el virtuosismo técnico, obras que transitan entre lo bidimensional, objetual e instalatorio. La artista la divide en dos partes: la primera aborda lo general, que es el cuerpo de obra que ha evolucionado en los 10 años trabajando con el mismo material, pasando por distintas composiciones visuales que convergen en un mismo discurso. La segunda parte se refiere a la obra más reciente, que es la desarrollada durante su estadía en Berlín entre el 2016 y el 2017.

¿Desde qué edad articulas tu arte y qué posibilidades ves en tu trabajo de abrir nuevos discursos? La verdad es que remontarme a un origen es difícil. Desde que tengo memoria me siento profundamente ligada al arte: en mi familia hay varios artistas –incluyendo a mi mamá–, por lo tanto crecí rodeada de él. Ahora bien: mi arte como lenguaje propio partió cuando descubrí la ‘plasticina’, en 2007, y desde entonces nunca más utilicé otro material. El año 2009 empecé a trabajarla como medio pictórico, y ya en 2014 continué explorando la instalación. Hoy complemento ambos lenguajes para hablar de un mismo discurso.
Antes que todo, mi obra es el espacio de libertad que encuentro para cuestionar e interrogar los paradigmas sobre los que se construyen las conductas y relaciones sociales en torno a la mujer. Básicamente, el ‘deber ser’ frente al ‘querer ser’. La ‘plasticina’ partió como el primer paso de esta pregunta: el hecho de hacer tangible y material la crítica de las ideas que simbolizan y significan a la mujer en mi ‘aquí y ahora’. Hoy el material es la base, la voz desde la cual construyo todos los discursos de mi obra. Pero la pregunta es inagotable: estoy constantemente encontrando nuevos motivos para abordar el significado de ‘ser mujer’ hoy, en el Chile que durante los últimos 10 años ha visto el nacimiento de una fuerza femenina que antes no se hacía notar.

¿Qué te afecta como artista? La pregunta es un poco compleja, porque el concepto de ‘artista’ involucra mi identidad absoluta, y en ese sentido puedo abordar la infinidad de temas que como persona me incomodan. Pero desde mi rol discursivo, desde el lugar donde hoy posiciono mi labor y mi voz, lo que me afecta es la eterna y aún permanente desigualdad entre hombres y mujeres: por ejemplo, me afecta que entren muchas más mujeres en la carrera de artes visuales, pero con contrato en galerías, el porcentaje de hombres es muchísimo más alto. Y pongo en real duda que se trate de mayores competencias. Me afecta, como a muchísimas mujeres, que se ponga en duda el futuro de mi carrera en base a una maternidad que aún no tengo claro si elegiré. Y en fin, me afectan los infinitos significados que implican haber nacido mujer, para bien o para mal, y mi motor como artista es ponerlos sobre la mesa.

¿Cómo trabaja tu práctica artística el feminismo?, ¿cómo trabajas la imagen de la mujer? El elemento clave de mi labor para abordar el feminismo es la metáfora, precisamente porque es el lenguaje de infinitos significados. Hay tantos prejuicios y definiciones sobre este concepto, que como artista me rehúso a permanecer rígida en una sola respuesta y renunciar al eterno devenir en búsqueda de la pregunta: qué significa ser mujer, aquí y ahora. Las respuestas son tan infinitas como espectadores que se enfrenten a mi obra. La metáfora le quita la literalidad a la imagen, hace que el espectador y la espectadora piensen y unan los simbolismos que hay detrás de cada uno de los elementos presentes en mi obra y su propia historia, para darle un nuevo significado que es absolutamente personal.
En cuanto a la imagen de la mujer, abordo el concepto desde lo equívoco: del descalce que hay entre el ‘deber ser’ y el ‘querer ser’. Esto se plasma en mi obra en las figuras de porcelana. Por otro lado, recurro constantemente a la naturaleza para hablar del origen primitivo: la fertilidad, con la flora de paisajes naturales, y al mismo tiempo la dependencia, el arraigo al hogar en el caso de plantas de interior, que necesitan del cuidado de otro.

¿Cuál es rol político que tiene el arte para ti en este momento de la historia? En general el rol político del arte se ve con perspectiva y no en el momento. A lo largo de la historia el arte siempre ha sido el reflejo de la contingencia social, ya que el artista se transformaba en un cronista. Hoy por hoy, más que un cronista, percibo que el artista refuerza ideas, más que cuenta historias. El arte en sí es un gesto político: ya sea respecto a la historia o respecto a sí mismo.

La ‘plasticina’ es tu material, ¿qué cualidades encuentras en ella y hasta dónde te permite llegar? Tal como la metáfora en cuanto al marco teórico, la ‘plasticina’ es mi infinidad de posibilidades en cuanto a lo material. Desde que partí con ella y hasta ahora me ha permitido hacer lo que yo quiera. Es de esa moldeabilidad que me apropio para realizar mis obras. Partí usándola como pigmento volumétrico, llevándola a lo pictórico y bidimensional, para realizar obras donde el material genera relieves sobre el soporte. Luego he ido sumando a mi investigación los objetos, y con ellos la instalación como lenguaje: a través del derretido de la ‘plasticina’, los sumerjo y/o relleno. Con esto llevo mi material a lo 3D, que en realidad podríamos decir que es su naturaleza desde un principio. Este material me ha permitido trabajar directamente con las manos sin depender de un intermediario, como son el pincel y las gubias.

¿Cómo trabaja tu práctica artística el feminismo? El collage vendría siendo el primer paso en mi obra –excepto lo más nuevo en que incorporo la fotografía–, luego este se traduce en ‘plasticina’; en base a un collage digital armo e integro elementos que en su interrelación dan cuenta a través de metáforas el rol de género. Es subversivo en la medida en que altera el orden, es un gesto político cuando cuestiona el deber ser por el querer ser. Apela ante todo a la libertad femenina, al poder de decisión y a la independencia.

Viviste en Berlín, ¿qué visión le aporta esta experiencia a tu trabajo? Vivir en Berlín me mostró algo que no esperaba ver, y es que mi ‘statement’ allá estaba obsoleto. Todo lo que me incomoda en Chile sobre ser mujer, allá no era tema: no tenía miedo de andar en la calle a cualquier hora del día, fui testigo de una sociedad donde la mujer no es el sexo débil, donde la maternidad no es una cárcel sino una decisión de a dos. La libertad es compartida entre hombres y mujeres, en un universo de mucha mayor igualdad en cuanto a los roles de género: en ese sentido, de los aspectos que más me marcaron fue el ejercicio de la coparentalidad. Allá de hecho vi que hay un segundo paso, que es la revolución masculina y el nacimiento de un nuevo hombre que no se siente amenazado por asumir tareas y roles que tiempo atrás eran exclusivos de mujeres. En todo sentido, todo lo que acá me molestaba y me daba miedo, está obsoleto. No es que lo idealice, pero me llamó mucho la atención la primacía que se le da al respeto por el otro en todo sentido. Esta experiencia reforzó lo que venía sintiendo hace rato, y es que de verdad nos queda mucha pega que hacer acá, y que necesitamos subirnos al carro de la equidad ya. Mi pelea está acá, por mi propia libertad. En Sala Gasco, Santo Domingo 1061, Santiago.
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