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CQ Arquitectos, ARQUITECTURA, ESPACIOS, CASA, vecinos

Mellizas con personalidad

Amigos y vecinos de niños, socios de la oficina CQ Arquitectos y desde hace dos años, vecinos nuevamente. Pedro Castro y Agustín Quiroga han mezclado su vida familiar con la laboral hasta el punto de compartir un sitio en Barnechea donde se construyeron dos casas iguales, pero cada una con su propia identidad.


De socio a cliente, Pedro Castro es uno de los socios de CQ Arquitectos y hace más de dos años se convirtió en el jefe de uno de sus proyectos más emblemáticos: proyectar su casa y la de su socio, Agustín Quiroga, en un sitio de mil metros ubicado en el barrio que ambos compartieron desde chicos y a pocas cuadras de sus padres. “Cuando apareció este sitio en la misma calle que Agustín había vivido toda su vida, volví a ser chico, por así decirlo, imaginarme a mis hijos jugando donde yo jugaba… imagínate para Agustín, que su mamá está a 3 casas y la mía a 3 cuadras. Lo queríamos, pero la pregunta del millón era cómo lo hacíamos porque ninguno podía comprarse el terreno solo y no sabíamos si se podían hacer dos casas”, cuenta Pedro. Ante este escenario partió a la municipalidad, donde le explicaron que eventualmente se podían hacer dos casas si se construían como DFL2 ampliable, y fue así como lo hicieron. “Me puse a diseñar y obviamente hay todo un proceso que incluye a tu familia y la de tu socio, con su mujer y sus niños, cada uno con sus dinámicas, pero fue un proceso muy democrático con varias comidas entre los cuatro para aunar criterios ante la “imposición”, por decirlo así, del DFL2. Además del presupuesto, que era limitado, por lo que optamos por dos casas iguales para que la construcción fuese más eficiente, más económica”, cuenta.
Los Quiroga y los Castro no solo comparten una sociedad, sino que las señoras –Luz González y Catalina Morandé– son amigas, y sus hijos, cada uno tiene 3, son casi de las mismas edades, todas similitudes que hicieron que el diseño de la casa fuera muy fluido al tener necesidades muy parecidas. “No hubo mucho roce, ni conflicto, y básicamente el criterio más determinante fue que no queríamos estar pegados uno al lado del otro y que debían ser casas superprácticas, con poca circulación, lo más eficiente posible”. Esto se logró al incorporar la cocina al comedor y reducir la circulación a solo un pasillo, los espacios se separaron con grandes puertas correderas, todos detalles que logran una sensación de espacialidad mayor a la cantidad real de metros que tiene la construcción. “Hoy nuestra vida con los niños la hacemos mucho en la cocina, donde cocinamos, les damos de comer; aquí se genera una dinámica muy entretenida”.

Con toques familiares
Las terminaciones y la decoración fueron las encargadas de darle personalidad a cada una de las casas. Al entrar a la de Pedro, el color y los muebles con historia se toman los espacios. Los sofás, sillones y mesas de su antiguo departamento en la plaza Las Lilas pareciera que se hubieran comprado para este lugar, junto a la mesa de comedor, que el arquitecto diseñó hace varios años, y lo único nuevo son los pisos del mesón central de la cocina. En el segundo piso está la habitación principal con una gran cama de inspiración colonial, copia de la que había en la casa del campo de los abuelos de Luz, y en el baño de visita el toque lo da el lavamanos en gres hecho por la mamá de Pedro, la ceramista Trinidad Arroyo.
Una de las características de esta casa es la luz, la que gracias a los muros blancos y la lucarna arriba de la escalera llega hasta el rincón más escondido y logra destacar todo lo que cubren sus muros: las fotos traídas hace 6 años de Cuba y los cuadros, la mayoría pintados por el propietario en su época más artista.

¿Cómo ha sido la experiencia de proyectar tu propia casa? Yo diseñé el proyecto completo, y obviamente uno se involucra distinto, hay otra aproximación al desafío por así decirlo, porque es algo tuyo, tú sabes tus limitaciones de presupuesto, entonces tratas de hacerlo al máximo de tus posibilidades. En general yo me tomo la profesión muy personal, me gusta que los resultados queden muy bien resueltos y en este caso no fue la excepción, porque uno le pone más empeño por el mismo hecho de que sea de uno. Uno piensa en sus niños, en cómo van a funcionar, te los imaginas corriendo y el asado en la esquina… cqestudio.com 

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VERSÁTIL &PRÁCTICA

Agustín Quiroga también es arquitecto y el director general del estudio, y en este proyecto le cedió la jefatura a su amigo y socio, Pedro. “Fue un proceso bien agradable, porque nos conocemos de toda la vida, nuestras señoras son amigas y tenemos las mismas necesidades en términos de programa, en términos de la cantidad de piezas, de cómo queríamos vivir un poco el espacio”, cuenta Agustín, quien trabajó las ideas iníciales del proyecto junto a su socio, quien después las desarrolló. “Él también es el jefe de diseño de la oficina y el que está todo el rato encima de los proyectos; sin embargo, había decisiones más puntuales y temas estratégicos que los íbamos viendo en conjunto”, agrega. En su casa, a diferencia de la de Castro, optaron por una paleta gris para paredes, clóset y pisos. “El muro del living no lo pinté al principio, fue algo a lo que le di hartas vueltas. Sabía que quería hacer un mueble para ese muro y cuando lo decidí quise un elemento que contrastara un poco, que no tuviera tanta luz y le diera un poquito más de profundidad. El tema del piso fue un poco por lo mismo, probamos distintas opciones, de hecho probamos el mismo de Pedro, que es un tono más amarillo, y finalmente elegimos una paleta cromática un poco más monocroma y que juega con las tonalidades de grises de manera de darle una unidad y neutralidad que me permitiera agregar color”, cuenta Agustín.
La mayoría de los muebles se diseñaron especialmente para la casa, pero fue un proceso de a poco, donde la vivencia de los espacios y las dinámicas jugaron un papel importante a la hora de elegir. “De repente uno se puede imaginar una cosa, pero finalmente cuando vives la casa te das cuenta de lo que realmente falta. Por ejemplo, la decisión del sofá en L fue por abrir un poco más el espacio, que no tuviera un elemento en la mitad que me lo contuviera. Soy bien fanático de la cocina y a mis niños les encanta que les cocine, por eso también la decisión de dejar el espacio abierto, porque la dinámica de la casa se da todo el día en este living, comedor y cocina”, agrega. La mesa de comedor se la fabricó un amigo, dueño del taller Quebrada, con maderas que encontraron en el sur. “Pillamos unas tablas en un campo de un color muy bonito, un gris oscuro y dije con estas tablas me voy a hacer esta mesa. El mueble del muro es algo que pensamos mucho y finalmente lo hicimos con String, un sistema bien antiguo que me permitió darle un poco de liviandad, sin espesores muy grandes y que se puede variar en el tiempo. El día de mañana si quiero poner un cuadro grande en ese muro, saco una tabla y listo. Quería que me diera cierta versatilidad en el tiempo, que no me obligara estar siempre igual”.
En la terraza de su casa se repite el mismo programa que en el interior: la parrilla al fondo, luego la mesa de comedor y termina una banca en obra en L que separa este lugar del jardín. Todo este diseño buscó generar distintas situaciones en la casa, pero siempre manteniendo los espacios bien conectados: los ventanales que separan la terraza del living son tres hojas que se abren casi por completo logrando que los espacios no tengan límites.

¿Cuál crees que fue el acierto arquitectónico de esta casa?
Tener un espacio continuo living, comedor, cocina integrado con la terraza, eso fue un acierto y también la escala de la casa respecto al tamaño de esta. Toda la gente cuando viene cree que la casa es más grande, de 240 m², y son 170 m², los espacios están milimétricamente pensados y aprovechados. En ese sentido una de las gracias es que siendo una construcción de unos relativos pocos metros cuadrados, los espacios están muy bien logrados y se ve amplitud. La estrategia fue liberar la mayor cantidad de muros y prácticamente no tener espacios de circulación, justamente para ganar espacio.

El baño de visita.
Una de las anécdotas que quedaron de este proceso fue que el proyecto original no contemplaba el baño de visita, sino que una escalera muy ‘taquilla’, ante lo cual ambas señoras les hicieron ver que era esencial en una casa este espacio. “En verdad en tu casa tiene que haber bodega, baño visita, y uno se flexibiliza. Yo vivía en un departamento en Providencia donde no tenía estacionamiento ni bodega, entonces todo esto era plus, plus, plus. Para mí esto era una situación afortunadísima y ese proceso fue bien masticado con mi señora, con la Cata y Agustín”.

 

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