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Casa, terreno, muebles, Rita Mingo, Juan Ignacio Baixas, Rietveld, diseño, arquitectos

Materia y estructura

A pesar de que habían tenido el terreno por décadas, hace poco más de un año la pareja de arquitectos Rita Mingo y Juan Ignacio Baixas se decidió a construir en él. El resultado es todo e incluso más de lo que alguien que ha seguido sus carreras podría esperar.


“Él fue mi profesor. Todas mis obras las reviso con él. Yo aprendí de su escuela y no hay contradicción en lo que hacemos entre los dos. Empecé a hacer este proyecto y él comenzó a intervenir. Él tiene una genialidad muy atractiva. Yo nunca dejo de aprender de él. Su crítica es siempre constructiva. Esto no existiría sin uno de los dos”.
Por un lado, lo anterior es una de las cosas más lindas que he escuchado a una persona decir sobre su pareja; por el otro, resume la gestación de este proyecto, la nueva casa de Rita Mingo y Juan Ignacio Baixas.
Como cuenta Rita, se conocieron en la UC, siendo ella estudiante y él su profesor en el proyecto de título. Tiempo después formaron una familia, tuvieron cuatro hijos, de los cuales tres son ingenieros y ninguno arquitecto. En esta casa viven con el menor, que aún está en la universidad, pero cada fin de semana, desde que terminó la construcción, hace apenas seis meses, se llena con los otros hijos y los nietos.
“Teníamos este terreno desde hacía 25 años. Nos encantó desde el principio porque estaba en un cerro, porque tenía esta pendiente. Decidimos hacer nuestra casa en la punta del cerro, acentuar esa situación para tener toda esta espacialidad y esta vista donde la perspectiva se funde”, cuenta Rita haciendo un gesto hacia los ventanales. Cuando decidieron ocupar por fin este terreno ella dijo “me voy, pero con todos mis árboles y mis muebles”. Con extremo cuidado los primeros, que tenían más de 20 años, fueron retirados por su jardinero y puestos en un camión para caballos. Muy bien envueltos para su protección, los segundos entraron a un camión de mudanza.
Los árboles afuera y los muebles al interior tienen un rol fundamental en el funcionamiento y la vida de esta casa: “Esta casa está construida de paneles térmicos rectos. Los elementos curvos no intervienen con la parte térmica y son muros de fierro, incluso son de otro color. Se regula con ventanas, persianas y vegetación caduca, por eso no puse árboles nativos. Necesitábamos altura y follaje perenne. Todo interviene en el clima de la casa”. Así como los materiales son simples, la arquitectura es directa, deja ver sus principales dimensiones apenas se cruza la entrada; altura, largo total y ancho. Sin embargo, también insinúa recorridos, como la escalera que lleva al taller que comparten Rita y Juan en el segundo piso y a la terraza. El blanco es la herramienta para dar continuidad al espacio interior; también hace que las ventanas, los cielos y las escaleras se recorten mucho mejor.
“Esta casa va adaptándose al terreno en peldaños. Tú entras a un nivel superior y vas bajando hasta llegar a la piscina. Pusimos estos tensores como barandas porque tenemos nietos chicos. Es una piscina para nadar, que Juan usa en invierno y verano, aunque tienen poca profundidad”. Al borde, como nos decía Rita, los árboles que se trajo de su casa anterior ocultan la vista de la calle y parece que no tuvieran vecinos.

La colección
Rita no recuerda con precisión, pero cree que comenzó con la silla Red & Blue de Rietveld. A ella siempre le gustó el diseño y sabía que en su casa no quería adornos. “Hay mucha relación entre la arquitectura del arquitecto y su silla. Son mobiliarios que crean para sus casas. Como no podía tener las obras de arquitectura empecé a comprar las sillas. Juan se fue entusiasmando también”. Cada adquisición significa para ella mucho más que un mueble o decoración. Es un concepto. Después de la Rietveld quiso la de Alvar Aalto, luego la de Panton y la de Gaudí (único autor no perteneciente al movimiento moderno en su colección). “Cada uno tiene un concepto muy importante respecto a materialidad y estructura. La genialidad de la estética se suma a ese concepto. Le Corbusier y Mies van der Rohe eliminaron todo lo superfluo y se quedaron con el material y la estructura. Ese es un gran mérito porque permanecen en el tiempo y tienen perfecta cabida en una obra como es esta casa”.

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