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Madera de constructor

Al dueño de esta casa le encanta estar entre herramientas y maestros. Así aprendió a construir, especialmente muebles, y así adquirió un cierto amor por la madera. Su casa, con mucho mobiliario hecho por él mismo, demuestra cuánto y qué tan bien ha aprendido.


A Tomás Rajcevich le gustan las herramientas desde ‘cabro chico’. Siempre le gustó meterse donde se estaba construyendo aunque eso no influyó en sus decisiones vocacionales. Junto a la fotografía, especialmente de paisajes, construir cosas son sus grandes hobbies.
La familia de Tomás es dueña de las tiendas Gangas y la que se ubica en Diego de Almagro está a su cargo. “Estamos hace muchos años metidos en eso. Trabajamos juntos pero no revueltos. Vendemos de todo un poco, pero estamos enfocados en camping y outdoors, además de cocina, decoración y algunos juguetes”, explica. Cuando tuvo que hacer arreglos en su local aprovechó para pasar cuatro meses trabajando con los maestros, aprendiendo.
“Sé harto de madera porque me gusta hacer muebles. Siempre trato de utilizar materiales reciclados por respeto a los árboles. ¿Para qué cortar uno si puedes sacar mejores maderas en demoliciones? La madera de demolición puede tener 100 años de exposición a temperaturas distintas y humedades, por eso es la mejor madera porque se ha secado durante mucho tiempo”, opina Tomás. Por eso la utilizó como material principal en la remodelación de su casa.
Hace unos doce años los padres de Tomás decidieron remodelar la casa y se fueron a vivir cerca de Melipilla, donde tienen una parcela, mientras duraban los trabajos. Casi un año después, cuando la obra estaba completa, se habían acostumbrado tanto a vivir allá que se quedaron. Entonces la casa quedó habitada por el hermano de Tomás y su mujer.
Otro Tomás, Tomás Majluf, arquitecto y amigo de los hermanos Rajcevich, conoció la casa cuando la ocupaba la familia completa y se acuerda de que era una típica de Vitacura, con techos bajos y recintos compactos, que la primera remodelación consistió fundamentalmente en ampliar la cocina. La siguiente, la que encargaron a Tomás Majluf fue mucho más profunda: “Ahora modificamos todas las superficies de la casa y lo más interesante que hicimos fue hacer volar todo el cielo del área común, junto con algunas estructuras que impedían conectar toda esa área. Ahora está todo conectado bajo un gran techo en forma de A. Es bien simple el proyecto pero tiene esa particularidad. Revestimos y estructuramos el cielo por dentro. En la cumbrera alcanza 4,50 m. Sacando todo esos tijerales y cerchas dimos amplitud y pusimos vigas de roble reciclado por dentro para reemplazar la estructura. El resto fue trabajo de revestimientos, texturas, baños y tragaluces, que son cosas más sencillas”.
“Quería que fuera un lugar grato para mí, adaptado a mis gustos y mis hobbies. Quería tener mi taller también”, cuenta Tomás Rajcevich, que ahora es el único habitante de la casa, y asegura que, aunque grande, con todos los ‘palos’ que recoge aún le falta espacio. El taller se hizo a partir de una pieza chica que había y tomando una parte del patio que se cerró y techó. De ahí, con trabajo de sus propias manos, salieron un escritorio, los muebles de los baños y parte de los muebles de cocina. “Tengo de todo, de hecho como uso maderas de demolición, necesito herramientas muy específicas. No puedes pedir una plancha dimensionada, necesitas un par de sierras semiindustriales”.

 

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