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Los textiles que pueden salvarnos

Pareciera que a lo largo de los siglos la mayoría de los avances en tecnología textil tendieron a producir mayores volúmenes en menor tiempo. Las necesidades y demandas de hoy no son las de la revolución industrial, y ahora hay una buena posibilidad de que algunas de las soluciones salgan de aquí, de las investigaciones que realizan estas mujeres.


Las industrias textil, de indumentaria y moda llevaban mucho tiempo preocupadas de satisfacer la demanda mundial, que se mantuvo en aumento en términos de cantidades. La respuesta consistió en buscar la eficiencia productiva y eso originó una crisis medioambiental y problemas sociales que son denominados por muchos como una esclavitud moderna. Más o menos ese sería el resumen de la situación que encontró Camila Ríos –diseñadora y académica UC– al comenzar su investigación en textiles.
“Lo que hacemos con Open Textiles (parte de Fab Lab Santiago) es analizar esos procesos productivos y ver cómo podemos trabajarlos desde métodos tecnológicos análogos e intentar revertir esta crisis. Por un lado somos parte de un laboratorio de fabricación digital, por lo tanto usamos esas herramientas. Empezamos a experimentar con impresoras 3D, con corte láser, CNC, para integrar procesos que hoy no se utilizan en la industria de la moda. Por otro lado, también experimentamos con biotextiles amigables con el medioambiente. Específicamente experimentamos con kombucha, una fermentación de bacterias que crecen y generan un textil biodegradable. Estamos tratando de hacerlo impermeable, de agregarle color, etc. Una tercera vía, por la que nos adjudicamos un Fondart el año pasado, es una máquina de reciclaje textil que nos permitirá poner nuestra ropa en ella y generar un nuevo material con estos residuos textiles. Anualmente en Chile se desechan 130 mil toneladas, y como no hay políticas apropiadas nadie se hace cargo de esas telas en desuso. Esta máquina es un medida pequeña y económica que se puede recrear en distintos lugares, de fácil fabricación”, explica Camila.

¿Por qué estamos recién hablando de estas soluciones? Porque la demanda no existía. Creo que en unos 5 años más esto será mucho más familiar y la gente entenderá que a través de los textiles se puede llegar a distintas soluciones. Si entendemos como textil una superficie flexible hay muchos materiales que están en el límite entre plásticos y textiles, y que pueden entrar en reemplazo de las bolsas plásticas, que pueden servir para hacer packaging que se meta en agua y se biodegrade en minutos. Estamos probando formas de bioplástico que sean económicas y simples. Eventualmente podemos llegar a la solución al plástico y el packaging.
Luz Briceño piensa que han sido aspectos como la función comunicativa los que se han priorizado a través del tiempo. Para ella ha habido una evolución en materiales textiles pero hacía falta la mirada de la sustentabilidad, la búsqueda de diferenciación a través de ese aspecto.
Junto a Rocío Cassis –miembro de una familia tradicional en la industria textil– y Soledad Silva –ingeniera y experta en retail– comenzó con su empresa, The Copper Company, hace unos tres años. Desde esos comienzos han trabajado de la mano con Codelco Lab, el centro de investigación de la minera
“Sabemos que el cobre es antibactereal, que elimina el Eschiriachia coli y el estafilococo aureus, además ayuda a prevenir alergias, ácaros. Usando cobre hemos llegado a desarrollar una fibra de color blanco que es la diferenciación con lo que hay en el mercado. Empezamos a preguntarnos ¿por qué no hacer telas que respondan a otras problemáticas? ¿Qué pasa con la gente que tiene osteoporosis? Nos unimos con un nanotecnólogo de la Usach y combinamos el cobre con vitamina B. Hemos considerado la problemática del zika, del dengue y también desarrollamos telas antimosquitos con cobre. Todo está respaldado con investigación y certificaciones”, explica Luz.
En el ambiente hospitalario ya está demostrada la utilidad del cobre, pero están tratando además de integrar una solución antiescaras para gente que se encuentra postrada. “The Copper Company desarrolla la tecnología para que empresas productoras la incorporen. Pero a su vez estamos desarrollando una submarca para que la gente adquiera algunos productos más rápidamente; algunas primeras capas, telas de sábanas y toallas”.

Prendas interactivas
La artista visual María José Ríos estaba buscando un soporte para crear objetos más cotidianos. Viajando se encontró con un mundo de artistas, diseñadores e ingenieros que trabajaban juntos mezclando lo textil con nuevas tecnologías interactivas. “Me interesó porque dinamizaba y concientizaba el uso de un objeto tan cotidiano como la ropa en un contexto determinado”, recuerda María José.
Poner sensores, outputs de luz y sonido en un vestuario es ir más allá de su funcionalidad reconocida. “Lo que he hecho en la práctica son trajes bastante ornamentales con influencia artesanal, en los que vinculo tecnología. Son experimentos bastante básicos y estéticos. Me gustaría perfeccionarme con más técnicas digitales y aumentar la interactividad y ergonomía de estas prendas”.
Respondiendo con luces y sonido a distintos estímulos, las piezas de María José son también bastante performáticas. “Teóricamente más que en la práctica vengo haciendo esto hace unos seis años. En este momento, a través de la plataforma vestibles.cl estamos investigando y realizando piezas bastante lúdicas y estéticas, pero me han situado en un círculo de hacedores en esta área, internacionalmente. En el futuro me gustaría contribuir a alguna industria donde estas pieles interactivas contribuyan al desempeño, seguridad y confort”. Para eso María José se prepara haciendo un máster teórico en ciencia, tecnología y sociedad; más adelante planea lograr un doctorado en diseño futuro. opentextiles.org / thecoppercompany.clvestibles.cl/2017