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Los colores que habito

Un abanico de colores y texturas recorre los diversos ambientes del departamento de principios de siglo en donde vive la diseñadora argentina Rosa Benedit.


El diseño de Rosa Benedit, como la casa que habita, define un estilo hecho de combinaciones impensadas. No solo grafismos (que remiten a flores, a hojas de helechos o a frutos que sugieren trazos art nouveau) sino también cierta impronta pictórica y geometrías en colores contrastados.
“Me inspiro en los libros, en el arte y en cosas que veo por la calle, sobre todo, en el barrio de San Telmo”. Allí vivió casi toda su vida, a excepción de los 10 años que pasó en París. “Cuando volví a Buenos Aires con el que era mi marido entonces (francés) elegimos instalarnos acá. Es uno de los pocos barrios porteños que conserva su identidad y me gusta que mantenga esa impronta barrial: que haya almacén, verdulería, carnicería, ferretería”, dice.
Para Rosa los años de París fueron definitivos: “Allá estudié Moldería e Historia del Traje y trabajé como ‘maquettiste textile’ para Yves Saint Laurent. También trabajé en el desarrollo de vestuarios para la Ópera de París, teatro, circo y ballet. Todo eso me marcó muchísimo y, cuando volví a la Argentina, busqué el modo de integrar mi experiencia con una mirada más personal, que tenía que ver con los textiles y con el color”. Fue en el año 2000, cuando inauguró Benedit Bis junto a su hermana Juana, que imprimió su sello característico en la historia del textil argentino. Sus prendas, combinaban estampas y jacquards diseñados por ellas mismas con telas vintage de otras épocas. El resultado fueron piezas únicas y originales: obras de arte para vestir.
En 2013, las hermanas decidieron separar sus rumbos y Rosa se volcó al dibujo y al arte. “No dejé de diseñar telas, pero pospuse la moda para trabajar en el área de la decoración”. En esa búsqueda de integrar textiles a los espacios habitables surgió su definición de Colour Management. “Llamo así a lo que hago, porque creo que es más amplio que una simple decoración o que trabajar con una policromía. Lo mío son decisiones de color”. ¿Cómo surgió todo esto? Buscando material en el arte como fuente de inspiración primaria. “Veo cuadros e interiores de otras épocas en donde todo está intervenido e integrado y me pregunto en qué momento se dejó de pensar en el color como parte importante de una decoración”, explica.

Sobre este cambio de rubro, de la indumentaria a la decoración de interiores, Rosa dice que “este recorrido es más vasto que el de la moda” y que todavía tiene mucho por hacer. Y es que en esta búsqueda, más cercana a la pintura, además de diseñar textiles para la casa, pinta murales por encargo. Siendo esta nueva faceta de muralista, la que le permite experimentar con colores en distintos ambientes, además de re-vincularse con sus orígenes. “Hay una impronta visual que recorre a toda mi familia; todos compartimos el gusto por ciertas cosas que adquirimos de chicos”, dice para explicar ese inconsciente y exquisito gusto que heredó de su padre, el gran arquitecto y artista Luis Benedit, y que comparte con Julián Prebisch, su hermano e ícono de la nueva generación de artistas argentinos.
Rosa nos recibe en un living pintado del mismo color que su nombre y nos muestra los textiles que contrastan o se engaman. Cada uno de ellos genera una sensación única. “Creo que muchas veces se subestima al diseño y, para mí, vivir con diseño significa mejorar la calidad de vida. Tal vez es imperceptible, pero de una manera sutil estar rodeado de belleza te eleva el espíritu. Entonces no es lo mismo vivir con diseño que sin él y eso aplica a todos los ámbitos: la escuela, la vía pública, el hogar”.
El rosa del living de Rosa se pintó 4 veces hasta que quedó exactamente como ella quería. “De día se veía bien pero a la noche parecía flúor y lo volví a pintar hasta que quedó como lo imaginaba. Cada vez que entro, este color me produce un placer inmenso. Bienestar. Eso es lo que busco generar en los espacios”.
La estructura del departamento se mantuvo intacta, salvo por los entrepisos. También las aberturas, los pisos y los materiales son originales. Por su parte, las cortinas, las mantas, los acolchados, las cabeceras de camas y los colchones, están revestidos con telas estampadas por Rosa o con alguno de sus jacquards. “Mi casa es un lugar de experimentación. Acá hago pruebas de cosas que me gustan y después las pongo en práctica en mis trabajos”, concluye.

Ideas que inspiran. Lo que hace único un lugar, en la mayoría de los casos, son sus dueños. La casa de Rosa, es un ejemplo.