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En las asesorías de ahorro de energía realizadas, especialmente para las nuevas generaciones de arquitectos, se puede apreciar el nuevo enfoque de sustentabilidad que les dan a las envolventes de las edificaciones. En general prefieren lo activo sobre lo pasivo, los dispositivos tecnológicamente innovadores, participan más en las sugerencias, pero cuestionan las posibilidades pasivas; no son ‘uniformables’, todos piensan diferente y quieren serlo, a veces erráticos; son facilistas, buscan rapidez, no quieren complicar el diseño con innovaciones. Dado que la competencia por ser diferentes es mayor, buscan mediante la sustentabilidad ser destacados, fanáticos de las tendencias exhibidas en algún blog; en general no son lectores de información, son usuarios, sin interesarles mucho la profundidad de los contenidos. En general, por más que se explique que lo menos artificial es lo más inteligente (ej., un alero, algo que favorece ‘el sentido común’, no les apasiona). Por eso tantos proyectos que buscan la sustentabilidad y/o la eficiencia energética solo lo expresan en las fachadas, lo que la gente ve, pero complican el aspecto ecológico.

Las nuevas tendencias en fachadas (observadas en diversos congresos de sustentabilidad) apuntan al desarrollo de nuevas pieles ventiladas controlables (opacas o acristaladas), fachadas cinéticas (las que cambian según la intensidad solar mediante sensores de luz); fachadas paramétricas (controlan el sol mediante dispositivos generalmente fijos, y las cuales pueden ser concebidas gracias a un programa de computación y a un costoso sistema constructivo); fachadas activas (además de otorgar cierto control solar permiten generar energía eléctrica, vía placas fotovoltaicas y en menor desarrollo con el viento, energía eólica); fachadas biomimétricas (en donde se toma la naturaleza como fuente de inspiración, para resolver problemas que ya ha resuelto, ej., con algas); fachadas que limpian el aire al neutralizar el CO₂ de los autos y fachadas que generan oxígeno, entre otras varias posibilidades en desarrollo. Todas muy complejas y cuentan con un alto costo de ejecución y de mantención. Curiosamente ya nadie habla de reducir el tamaño de las ventanas o de idear un alero: al parecer lo obvio no atrae. Prácticamente todas las anteriores están ideadas por ingenieros, biólogos, químicos o físicos, pero no por arquitectos.

En general una buena fachada hace lo que el usuario quiere (p. ej., ahorrar energía), una fachada mala hace lo que el arquitecto quiere (una imposición para destacarse, pero que no soluciona nada), pero una fachada genial logra lo que el usuario no sabía que se podía solucionar (sentido común). Para esto último hay que contar con un muy buen sentido de observación de los hábitos humanos y del clima.

Libros

Javier del Río, fachadas, arquitectura, tendencias, ahorro de energía, construcción, nuevas fachadas

 

En este libro se revisa la historia de la energía solar, desde los principios implementados por los griegos a nuestros
días; escrito en los 80, es un imperdible para los interesados en el sol y sus posibilidades energéticas. www.amazon.com

 

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Mazria fue de los primeros en poner en palabras conceptos como calentamiento y enfriamiento pasivo, iluminación natural y diseño pasivo. Su libro sigue siendo una guía relevante a pesar de llevar décadas desde su primera edición. Actualmente dirige Architecture2030. www.architecture2030.org