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La voz de la materia

A través de sus obras, la escultora chilena Pascale Lehmann intenta rescatar momentos clave de la naturaleza, instantes en que esta muta desplegando la más deliciosa divinidad. Sus piezas reflejan texturas, formas, colores y aromas del ímpetu de nuestro indescifrable entorno. Y es este trabajo, justamente el de los últimos cuatro años, el que expondrá en la Galería Artespacio a partir del 16 de mayo.


Su abuelo paterno, León Lehmann, también era artista. En su familia, desde muy chica se conversó de cultura y de arte. Viajó mucho, siempre estuvo allí, donde los árboles crecen, donde los hielos se deshielan, donde todo, una vez más, vuelve a florecer. La escultora Pascale Lehmann motorizó su inconsciente a partir de cada viaje que hizo por Chile, llenando su alma de la belleza sobrecogedora de los ventisqueros del sur de nuestro país hasta el desolado –e inusitado– Desierto de Atacama. A su vez, matea y prolija, se inclina hasta el día de hoy por la alquimia y la investigación constante, que termina por darle sentido a su obra. “Cuando yo trato de entender mi propia obra, paso de mi inconsciente hasta hacer mi trabajo consciente. Cuando partí en la cerámica, y fui gestando mi propio lenguaje, eso no fue un proceso consciente, sino que todo lo contrario. Y como yo soy una persona analítica y me interesa entender de dónde proviene este lenguaje tan ligado a la naturaleza, la explicación la busqué en mi historia, en esas imágenes que están acumuladas en el inconsciente y que se dejan ver a través del tiempo y se van mezclando unas con otras”, detalla Lehmann.
Y así las cosas, esta artista ha expuesto sus esculturas de mediano y gran formato en diversos lugares emblemáticos –de hecho, en Chile algunas de sus obras son parte de la muestra permanente del Museo Bellas Artes–, llevando a cuestas una carrera de 14 años de excelencia en su ámbito. Lejana a las modas, sino más bien cercana a lo que su propio corazón le sopla, utiliza el gres como técnica para manejar la materia que dispone. Son 16 obras de la muestra titulada “Territorio sin Tiempo”, las que expondrá entre el 16 de mayo y el 16 de junio en la Galería Artespacio, un resumen de sus últimos cuatro años de labor, pero siempre englobando lo que la hace despertar cada mañana: la esencia de la naturaleza.

¿Qué es lo que te llama más la atención de la naturaleza? Lo que más me impresiona es que siempre está en evolución. Si bien todo el mundo habla de que la naturaleza es perfecta, considero que la naturaleza es sumamente imperfecta, acepta la imperfección; de algún modo las cosas van transformándose, cambiándose a través del tiempo, y hay belleza en esos cambios. Entonces mi primera mirada es en esa evolución, en ese reinventarse constante de la naturaleza. Y esa reinvención es gracias a los vientos, al agua, los hielos, a los deshielos, a los ciclos, desde luego. De algún modo, un trozo de madera cuando tú lo dejas en el agua cambia y se corroe, y adquiere una forma distinta. Y esa transformación muchas veces tiene mucha belleza.

Te defines como investigadora y estudiosa de los procesos que realizas, ¿qué existe detrás de esta contemplación de la naturaleza? Yo hago un paralelo de la naturaleza con la vida del ser humano, porque es importante que el hombre esté en constante desarrollo y no se vea limitado, tal como lo hace la naturaleza. Esa aceptación de la imperfección es lo que me interesa mucho y la retomo en mis obras. Si tú ves, mis obras quieren mostrar la imperfección, están retomando una instantánea de un momento específico de ese ciclo de evolución. Es como si le sacaras una foto a un momento, y es un momento que no va a durar en el tiempo, como la naturaleza misma. Por ejemplo, tienes un atardecer precioso y este pasa y se va, es efímero. La floración de los cerezos pasa… todos esos cambios en que el ojo se detiene, van pasando; a mí me interesa aprovechar esos momentos. Que queden guardados en tu espíritu.

¿Qué mensaje deja tu obra? Mi obra, más que dejar un mensaje, llevar un discurso o entregar un mensaje conceptual, es una obra para volver a la esencia. Creo que está en el inconsciente colectivo, porque hay una necesidad muy grande hoy en día de conectarnos con el mundo natural; puede que ahora esté de moda, pero yo no lo hago por modas, lo hago hace 14 años, es un trabajo superpersonal, original y honesto. Mi mirada siempre ha sido hacia dentro, no hacia afuera. De hecho me alejo un poco del mundo de las imágenes porque me saturan, distraigo mi mirada con ideas de otros.

¿Cómo es tu proceso de trabajo? Uso gres. El gres es una pasta cerámica formada por arcilla y cuarzo o arena (que son vitrificantes) y chamote. El chamote hace que se sostenga la obra y que le dé estructura. El gres resiste 1.300 grados y tiene características que le dan mayor dureza al material y la superficie de la pieza se funde con la obra misma, con el soporte mismo, se integra totalmente al cuerpo. Entonces con esta temperatura uno consigue una imagen más bien pétrea (…) Hay mucha búsqueda, me encanta la investigación, y definitivamente quiero tener un lenguaje personal. Uso, por ejemplo, porcelana (también resiste 1.300 grados) craquelada. Los quiebres y los matices de cada obra son dirigidos, aunque nada en la cerámica es definitivo, en el horno pasan cosas que uno no controla. Yo tengo un horno a gas, la mayoría de las ceramistas tienen un horno eléctrico, que quema en forma pareja, entonces el resultado de esa quema es bastante más predecible. Con el horno a gas, una quema nunca es igual a la otra. pascalelehmann.com