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A la vega central

A diez días del 18 y a un par más de la primavera empezamos a florecer junto a lo fresco, colorinche, efervescente, rico. Es decir, la descripción misma del gran mercado de Santiago, el de La Chimba, el que revuelve todo, rebasa de picardía chilena y explota de belleza natural. Es lujo puro y orgullo nacional. Y es también un laberinto y un multitodo perfecto para comprar con la correcta guía. Síganos, que aquí la recorremos, probamos y recomendamos.


Cuentan que Agustín Gómez García, un acomodado vecino de La Chimba, comerciaba frutas, verduras y hortalizas y que en 1895 cedió una manzana de terreno para organizar el negocio que se daba en la ribera norte del Mapocho, con quintas de recreo y cultivos varios. Aquí se trasladó el que estaba en la Plaza de Armas y comenzó una expansión que el Cabildo reordenó designando cinco grandes patios diferenciados por productos más varias callejuelas. En 1926 pasó a ser municipal, en el 80 los propietarios pudieron comprar sus locales y se remodeló dividiendo dos grandes áreas. Lo ‘nuevo’, entrada por Antonia López de Bello, con los lácteos, abarrotes, carnes/fiambres, pan, algunas ‘cocinerías’ y el antiguo, por Dávila Baeza, el inigualable Galpón Chacareros, lo fresco, lo latino, los caseros, lo histórico y lo aparecido.
Aquí está todo vivo, todo pasando. Las diferencias y los orígenes dan lo mismo, todos trabajan, tiran bromas y piropos amorosos, dan consejos. El significado claro del lema principal de este gran mercado: Después de Dios, está La Vega. Y sí, esto es una especie de paraíso.

1.Calle Los Veguinos. El Galpón Chacareros está cada vez más arregladito. Pusieron más luz, repavimentaron y reorganizaron con nombres de calles/pasillos (muchas gracias). Desde la entrada grande por Dávila, y derecho hasta la primera reja que la topa, es la calle de Los Veguinos, locales de 60 años, también conocido como el pasillo de la fruta. Al comienzo –mano izquierda– está Quesos Arturito, un ícono de más de tres décadas con el lácteo nacional e importado a muy buen precio. Harto mantecoso (excelente el Ambrosio), de oveja, brie, parmesano, cabra, fresco, azul. De todos hay. También jamón serrano, salsas de tomate italianas, alcaparras y un etcétera perfecto para el cóctel rico.
Inmediatamente sigue un puesto de tomates (en temporada muy buenos), paltas (ya van bajando de precio y saliendo más ricas), aparece Jimmy Fruit, el mago del jugo de granada (de Ovalle, temporada de enero a octubre aprox.), pomelo, mandarina, naranja. Un abrazo vitamínico para tomar ahí o también llevar en botella de a litro. Todo frente a sus ojos y con actitud.
Luego vienen puestos de frutas bonitos, algo más caros, pero de buena calidad y variedad; aquí tipo murta, lúcuma, las primeras chirimoyas, clementinas, maracuyá, guayaba, entre otras. En la mitad y a mano derecha, La Normita, dulcería peruana de tortas completas y por trozos. Sí o sí la de chocolate húmedo y la crema volteada. También tiene suspiros limeños individuales. Frente a ella un local con hartas hierbas empaquetadas que si no está ahí lo verde que busca, difícil que haya, y al lado, lo de Juan Águila (L. 793), muy bueno para conversar y reconocido como el señor de los hongos (dependiendo de la temporada, pero puede encontrar desde portobellos, callampas de álamo, champiñón ostra y digüeñes). Ahora brilla con unos tomates cherry excelentes (amarillos y rojos distintos) más nueces enteras.

2.El Pasillo Venezolano. Volviendo a la entrada, y al medio, hay una nueva sección veguina. Por un lado, pequeños puestitos de comida; por el otro, verduras con especialidad (donde están las perfectas para comida árabe: bamias, berenjenas y zapallitos, pepinos). En los comestibles se encuentra Café Altura, el café de especialidad que irrumpió haciendo tazas muy buenas de expresos de distintos orígenes y luego el abanico de arepas, tequeños, empanadas y jugos con bandera venezolana. Hace nueve meses Nélida Rangel se puso con El Sazón de la Valenciana, todo a la minuta y exquisito, la arepa de mechada o de pabellón criollo (plátano, mechada y poroto negro), sensacional. No dejen de probarla y menos de no echarle su salsita de ají, una mezcla bien buena para ponerle empujón al bocado. Si siguen unos pasos más verán Venezolanos en La Vega: por aquí preparaciones típicas al momento y por el otro lado, el festival de la harina para las arepas. Muchas marcas, muchos tipos, colores, texturas. Aquí venden la que usa Nélida, por ejemplo (La Nieve), la Del Sol (certificada sin gluten) y Juana Cachapa, la de choclo dulce instantánea con que se hace esa especie de tortilla rellena de queso maravillosa que es la cachapa. Además venden natilla (tipo de queso crema), algunos dulces, bebidas. Y no dejen de comprar los pimentones dulces, chicos y perfectos para el relleno.

3.La puerta chica de Dávila. Casi al lado de la entrada al estacionamiento está el pasillo de mano derecha del Galpón Chacareros. Verduras a gritos, una al lado de la otra, preciosas y cuidadas. Los primeros puestos son el desfile de espárragos y choclos (en temporada). Ahora se puso al medio de ellos un local de productos asiáticos importados. Sriracha, salsa de soya, fideos de arroz. Casi al final del primer cruce están dos joyas, los locales 77 y 78. El primero, de Fidel Payera, con las alcachofas más bellas que se imagine, todavía con la española gigante de La Serena hasta después del 18 que pasan a Colina y los precios bajan considerablemente. Luego en verano, el Dios de melones y sandías. El segundo es La Chacrita, una preciosura con cajones de hojas verdes especiales a granel más hongos asiáticos frescos. Excelente precio y destacable calidad. Aquí mizuna, tat soi, hojas de mostaza, betarraga, rúcula. Luego shiitakes, ostra, portobellos gigantes, oreja de oso y hasta enoki, esos blancos flacos y largos tan buenos para las sopas.
Por la mano izquierda, ideal comprar repollo, coliflor, brócoli.
Llegando al final se toparán con un gran local de verduras, siempre lleno, excelentes precios y calidad. Aquí espinaca, porotos verdes pelados, granados y albahaca (en estación).
Ojo, en la entrada a mano izquierda está la famosa cafetería La Marita, la bomba del tentempié o la comida completa con sus sanguchones de sopaipilla con mechada, lengua, pernil y demases.

4.Calle del Inca. Hace 10 años La Vega fue la puerta de entrada para los productos peruanos, y sin duda el espacio donde primero nos mezclamos como sociedad. Partieron el rocoto, ají amarillo, lima, huacatay, jengibre. Siguieron la yuca, el camote, olluco, maíz morado, frutas varias. Y ahora es como estar en un mercado y supermercado de allá. Genial el poco. Desde mayonesa a leche, pasando por golosinas y papas fritas; salsas frescas e industrializadas. Legumbres, granos, aliños, especias.
Los negocios peruanos están repartidos por varias partes a estas alturas, mezclados con lo chileno en su oferta además. Pero también existe la Calle del Inca, el gran local casi como distribuidora. Dos pasillos a la izquierda desde la calle Los Veguinos. Aquí locales llamados Cusco y Chipe al comienzo/fin (depende por donde entre). En medio, Gloria (L. 705), con salsitas frescas (huancaína, pollada, cilantro, picante, etc.) y el universo del producto.

5.Calle Quilicura. Es como un respiro de la locura de La Vega. Saliendo del Chacarero por el lado del estacionamiento, un pasillo más a la izquierda. Se reconoce por la pescadería en la esquina. Lo bueno es que ahí está don Humberto, más de 50 años con este local especializado en ajíes. Tiras de cachocabra seco y de ajos; luego viene el ají cristal (el chileno, que casi ni se ve), el verde para relleno, rocoto, ají amarillo, jalapeño, pica la boca, pichito mono, puta madre.
Por esa altura, un poco más adelante, por la parte de las panaderías, está Donde el Nano, la sanguchería favorita de la crítica y la verdad, alucinante. Bravo por esa marraqueta con lengua y esa mechada gigante (Fariña 421-423).

Afuera. Hay un universo de más y más locales. Y las aceitunas son un tema para cualquiera que vaya a mercados. Unas realmente destacables son las Aceitunas La Esquina (La Paz 307, cruce con Lastra), siempre de Tiltil (pero de verdad), con verde sevillana (que cuesta encontrar de calidad), negras de todos los calibres y la ‘verde’ chilena, más durita y sabrosa. Además tiene el carnaval del maní confitado y japonés con sabores, harto frasco, aceite de oliva, pastas de ajíes. ¿Lo bueno? El precio y la calidad. ¿Lo malo? Eternamente lleno, aquí llegan compradores de todas partes, es como una peregrinación. ¿Consejo? Vaya hípertemprano.
Otro favorito de los entendidos y la crítica es La Continental. La reina de las chancherías capitalinas desde nada menos que 1939. Es el gran secreto de El Baratillo, el pasaje entre La Vega Chica y el mercado Tirso de Molina. Costillar, chuletas, arrollado para cocer en casa. También prietas y longanizas caseras más una fiambrería impactante: jamón de pierna, malaya, jamón de pata, mortadela y el producto estrella, coppa, fresca, saladita, cruda. Artesanos 731, L. 22.

¡A saber! 

Vaya con efectivo. Hay cajero pero puede estar lleno. Ya hay muchos locales que se puede pagar con tarjeta pero son compras mayores.

Si bien es mucho más barata que el supermercado y la diferencia de calidad es abismante, ahora por el 18 suben los precios.

Es hipersegura. Hay cámaras, guardias, todos se conocen y cuidan.

Para compras al por mayor, entiéndase cajas, llegue máximo a las 8 a.m. En los estacionamientos se ponen los camiones y la venta es directa.

Metro Patronato deja a pasos. Si bien hay estacionamientos, no son suficientes, y las calles que la rodean tampoco.

Hay carros con personas que acompañan para transportar las compras.

Los mejores días de La Vega son martes, jueves y sábado. Siempre antes de las 14 hrs. Cierran a las 18 hrs. en todo caso.