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Más Deco


Desde hace unos años hemos visto –si bien de modo experimental y en prototipos–, cómo diseñadores y artistas en distintas partes del mundo producían cuadros, sillas, lámparas y muebles a partir del cultivo de hongos, así como también materiales a partir de descartes animales y vegetales. Es una respuesta que obedece a la necesidad urgente de los tiempos de ser sostenibles, es asomarse a mirar fuera de “la caja” en busca de nuevas soluciones.

El movimiento ha ido creciendo, no se trata solo casos aislados aquí y allá. El 17 de diciembre en Brooklyn se realizó Biofabricate, la cumbre sobre el tema que “reúne a diseñadores, científicos, ‘startups’, marcas e inversionistas para reimaginar el futuro”, como señala desde su sitio web Suzanne Lee, cofundadora del evento.

Para el próximo año el museo La Triennale de Milán prepara la muestra “Broken Nature: Design Takes on Human Survival”, o cómo volvernos a insertar en el medio ambiente del que somos parte, otra instancia para revisar qué se está haciendo, o mejor dicho cultivando en torno a materiales a partir de organismos, bio, en construcción, diseño y moda.

Lo que nos parece interesante más allá de lo llamativo y novedoso que puedan ser los resultados, es el cambio de paradigma que tácitamente plantea esta posible nueva revolución. La forma de hacer diseño, que por cierto nació asociada a la revolución industrial y su mecánica de trabajo (William Morris, etc.) se redefine, muta como los microorganismos que ahora se proyectan como su materia prima central. Es decir, cultivar los materiales o trabajar con materiales ‘bio’ que crecen y se reproducen. Trabajar como la naturaleza, imitándola y no más explotándola como en el viejo modelo que tantos dolores de cabeza ha traído como el cambio climático.

Hay tantos buenos ejemplos. La empresa Biomanson, de Ginger Krieg Dosier, está trabajando con ladrillos de biocemento, bacterias que junto a la arena del desierto ahorrarían los 800 millones de toneladas de CO₂ al año, que se estima produce el método tradicional de construcción. (Se puede ver su charla en TED).

Suzanne Lee, directora creativa de Modern Meadows y una de las pioneras y fundadoras de Biofabricate, ha desarrollado un símil al cuero a partir de células de levadura que producen colágeno. ZOA, el nombre de la marca, el año pasado debutaba en el MoMA en la muestra Item: It’s Fashion Modern?

Maurizio Montalti, diseñador, con su estudio Officina Corpuscoli, desde Ámsterdam ha pensado diversos materiales como Muskin, una especie de gamuza fabricada con hongos, o Mogu, cuyo artífice es el mycelium que da vida a objetos para la casa, revestimientos y textiles.

 

 

Cultivar materiales

Al teléfono desde Ámsterdam, Maurizio, quien desde los inicios ha sido parte de Biofabricate, nos cuenta sobre este encuentro y su trabajo con microorganismos para Mogu, una colección de nuevos productos. “En la primera edición, se hablaba tanto de cómo el desarrollo partía del diseñador y prometía ciertos tipos de acercamientos más experimentales en la intersección entre diseño y ciencia, y microbiología. Después de 5 años hemos llegado a un punto en el que se discutirán las iniciativas que en este período han salido adelante, compañías que han desarrollado grandes inversiones, gran desarrollo tecnológico, se hablará de la necesidad de concretizar este tipo de procesos para llegar al mercado”.

Cuéntanos, ¿en qué consistió tu participación en Biofabricate? Discutimos sobre cuáles son las oportunidades, las problemáticas, las limitaciones, no solo respecto al financiamiento sino también sobre las expectativas, porque obviamente cuando se habla del desarrollo en campo de biofabricación, los medios como los mismos actores, han creado ciertas expectativas sensacionalistas, sobre todo en EE.UU. que tienen la tendencia a prometer algo que no existe y continúan haciéndolo, mientras nosotros somos más concretos. El discurso es: no obstante todo esto que se habla, ¿dónde están los resultados? ¿Dónde está el producto final para el consumidor, más allá de las pequeñas series que lanzan algunas compañías? Entonces, gentilmente pragmático busqué subrayar cuál es el camino de desarrollo que lleva de una profundización tecnológica y puesta en escala hasta alcanzar una fase de producto comercial en escala industrial disponible para la gran audiencia.

¿En qué etapa estamos ahora?, ¿es muy difícil producir masivamente estos productos? Depende de qué materiales y qué productos. Hay dos categorías de productos: compuestos y materiales puros. Los primeros son fibras, vegetales y mycelium, sobre él actúa el agente adhesivo que une las fibras y no solo introduce nuevas propiedades en el material, es un mix con descarte agrícola o vegetal. Y, por otra parte, tenemos no solamente el mycelium, material tipo tela, tipo cuero, compuestos que estamos llevando ahora al mercado después de 4, 5 años de desarrollo interno. Es necesario ir más allá de la idea que hacer crecer un material, significa tener en la mano un producto, porque un producto significa la conjunción de tantos otros elementos, tecnología y el mercado nos pide otras propiedades y esta es la razón por la que se necesitan tiempos bastante extendidos para el desarrollo de un producto.

Por otra parte, los materiales puros están aún en fase de desarrollo, es así tanto para nosotros como para todos los otros actores. Un ejemplo que Suzanne (Lee) cuenta a menudo es la lycra. Ha sido uno de los polímeros sintéticos más revolucionarios en el campo textil. Desde la idea concebida de la lycra hasta llegar al producto en el mercado pasaron más de 10 años y era un material sintético. Nosotros estamos trabajando con procesos biológicos mucho más complejos que inevitablemente requieren tiempos de desarrollo. El gran problema es la confusión que se crea a nivel comunicacional sobre la promesa de algo que aún no es, que ciertamente será, pero que aún necesita desarrollo técnico y financiero.

¿Piensas que serán los materiales del futuro, habrá una mixtura de bio- materiales y tradicionales? No tengo la más mínima duda, no es ningún misterio que los materiales que resultan del empleo y colaboración entre ser humano, o sea cultura y seres vivos de otro tipo, no humanos, microorganismos, crean la base para cualquier desarrollo futuro que nos pueda reconducir en algún modo en el ecosistema del que formamos parte.

Se ha delineado una línea muy marcada de separación, la única escapatoria que tenemos para reconducirnos y salvarnos también como especie es esta: el hecho de reconocer en el otro, en este caso el microorganismo, no humano, el potencial para un cambio. Seguramente los hongos y el mycelium serán los actores principales por ahora, porque a nivel de concreción, son el reino que ofrece las mayores oportunidades, que no significa que las algas, bacterias y células mamarias no puedan hacer lo mismo.

Imagino que el acercamiento al diseño trabajando con organismos vivos es distinto al modo tradicional, cuéntanos, por favor. Efectivamente es distinto. La práctica proyectual cuando uno trabaja con sistemas vivos es dramáticamente influenciada, en el sentido que uno debe adquirir las habilidades y la capacidad de usar los instrumentos, sea la teoría y la práctica que pertenecen a otras disciplinas, no originariamente del diseño. Hay sacrificios, elecciones difíciles. Yo sigo enseñando en la academia, hay tantos chicos que se interesan en estas actividad, no obstante, sobre todo las nuevas generaciones no son capaces de jugárselas en el sentido de que alcanzar resultados en el corto plazo es imposible, hay que estar preparados para la derrota, hay que mirar positivamente el hecho que hay que aprender, es un camino que no terminará nunca. Para mí está todo en curso, ‘work in progress’, en el sentido de que incluso los tiempos, que son fundamentales y tienen que ver con los procesos de crecimiento orgánico, biológico, son diferentes a construir un objeto con los materiales tradicionales.

¿Qué ocurre con los tiempos? La espera es uno de aquellos driver que nos permite, reflexionar sobre la importancia de considerar lo que significa producir. No significa que este tipo de procesos no puedan ser optimizados y ser muy definidos y eficientes. En realidad, a nivel más artístico filosófico, lo importante es razonar sobre cómo la lentitud relativa de un proceso, se habla de 2 semanas de crecimiento al máximo, nos permite reflexionar sobre cuánto sea fundamental reconsiderar los tiempos del los ciclos productivos que caracterizan esta economía capitalista sin algún sentido, de la cual somos parte.

Hacer y hacer, rápido, producir sin parar… Exacto, que luego da vida a este círculo vicioso del “fast fashion”: explotemos los recursos, produzcamos, consumamos y escapemos. Mientras no seamos capaces de cambiar nuestro enfoque cultural, con estos materiales que pueden favorecer un entendimiento en esta dirección, pienso que continuaremos a tener grandes problemas. mogu.bio